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Opinión
Fernando Trías de Bes
Escritor y economista. Profesor asociado de Esade

La pereza como síntoma

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Actualizado hace 149 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Asociamos la pereza a la falta de voluntad o comodidad.
  • 02En la vida profesional conviene distinguir entre la pereza puntual y la pereza estructural.
  • 03La pereza puntual aparece ante tareas concretas.
  • 04Un informe, una hoja de cálculo, una reunión innecesaria...

Asociamos la pereza a la falta de voluntad o comodidad. No siempre es así. En la vida profesional conviene distinguir entre la pereza puntual y la pereza estructural.

La pereza puntual aparece ante tareas concretas. Un informe, una hoja de cálculo, una reunión innecesaria... Incluso quienes se dedican a actividades muy vocacionales la sufren. Siempre digo a mis hijos, ahora que empiezan a incorporarse al mundo laboral, que, por mucho que a uno le guste lo que hace, una parte enorme del trabajo será tediosa. Quizá el 70% o el 80%.

Murakami regentaba un club de jazz antes de convertirse en novelista; a veces solo hay que cambiar un poco el rumbo Salvar la inercia

Mi profesión es tremendamente creativa (conferencias, libros, composición musical) y hay muchísima tarea poco grata. Escribir tiene mucho de corregir, ordenar, tachar y volver a empezar. Componer música exige repetir, ajustar, escuchar mil veces lo mismo. Preparar una conferencia incluye documentación, estructura, cambios... Y da mucha pereza. Pero es puntual. El grueso de mi profesión me llena, y muchísimo.

La pereza estructural es otra cosa. Aparece cuando abarca a todo el trabajo. Cuando el rechazo se repite cada lunes. Cuando uno aplaza no por cansancio, sino por desconexión. Cuando la energía mengua incluso en las tareas más gratificantes.

Cuando eso sucede, significa que estamos lejos de nuestras ambiciones. Quizá seguimos en una vía que elegimos por inercia, miedo o expectativas externas. Escuchar esa pereza no significa abandonar de golpe. Significa preguntarse hacia dónde debemos movernos o evolucionar, siempre con prudencia.

No siempre podemos ser exactamente aquello que imaginamos. Hay profesiones que exigen una formación reglada, habilitación o años de práctica. Por mucho que lo desee, a los 50 años difícilmente alguien que no ha estudiado Medicina podrá ser cirujano. Pero muchas profesiones permiten desplazamientos. No siempre hasta el centro exacto de un territorio, pero sí a sus fronteras.

José Luis Sampedro fue catedrático de Estructura Económica. Y acabó siendo un escritor de enorme reconocimiento. Haruki Murakami regentaba un club de jazz antes de convertirse en novelista. Sus vidas no siguieron una línea recta. Fueron acumulando capas. Formación, oficio, curiosidad, desplazamiento.

Mi caso es mucho más modesto. Siempre me atrajeron el arte y la creación. Estudié Economía y Empresa por los avatares de la vida. Con el tiempo fui acercando ese mundo económico hacia la innovación, que tiene mucho de imaginación aplicada. Después me adentré, poco a poco, en la literatura y más recientemente en la música. No lo cuento como ejemplo de nada extraordinario. Solo como prueba de que nuestra formación es una base, no una condena.

Se vive una vez. Conviene recordarlo. Si la pereza aparece de vez en cuando, es normal. Si se instala como paisaje permanente, hay que moverse. No siempre hacia una ruptura. A veces basta con desplazar el centro de gravedad.

Fernando Trías de Bes
Fernando Trías de Bes
Escritor y economista. Profesor asociado de Esade

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.