01La retirada parcial de grandes hoteleras españolas como Meliá e Iberostar de Cuba no solo refleja el nivel de asedio al que los Estados Unidos está sometiendo a la isla.
02También pone de manifiesto el progresivo deterioro de las relaciones económicas entre España y Cuba y la crisis de un sector que durante más de tres décadas actuó como el principal puente empresarial entre ambos países.
03A diferencia de lo ocurrido en otros mercados latinoamericanos, donde las multinacionales españolas desplegaron inversiones en banca, telecomunicaciones, energía o infraestructuras, la apuesta española por Cuba se concentró fundamentalmente en el negocio turístico y la producción de tabaco.
04Tras la desaparición de la Unión Soviética y el colapso económico que siguió al llamado Período Especial, el turismo se convirtió en una prioridad estratégica para las autoridades cubanas.
La retirada parcial de grandes hoteleras españolas como Meliá e Iberostar de Cuba no solo refleja el nivel de asedio al que los Estados Unidos está sometiendo a la isla. También pone de manifiesto el progresivo deterioro de las relaciones económicas entre España y Cuba y la crisis de un sector que durante más de tres décadas actuó como el principal puente empresarial entre ambos países.
A diferencia de lo ocurrido en otros mercados latinoamericanos, donde las multinacionales españolas desplegaron inversiones en banca, telecomunicaciones, energía o infraestructuras, la apuesta española por Cuba se concentró fundamentalmente en el negocio turístico y la producción de tabaco.
Tras la desaparición de la Unión Soviética y el colapso económico que siguió al llamado Período Especial, el turismo se convirtió en una prioridad estratégica para las autoridades cubanas. Después de la exportación de servicios médicos a países como Venezuela, el turismo es la segunda actividad de la economía de La Habana, con una aportación a su PIB de casi 3.000 millones de dólares anuales en los años previos a la pandemia. La isla necesitaba divisas y buscó socios internacionales capaces de aportar experiencia de gestión, canales de comercialización y acceso a los grandes mercados emisores. Cadenas españolas como Meliá vieron la oportunidad y empezaron a ocupar ese espacio en los 90.
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Desde entonces, España se ha mantenido como el actor extranjero más importante en la industria turística cubana. Según la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana, las cadenas españolas gestionaban hasta esta semana unas 30.000 habitaciones y más de 70 contratos de administración hotelera, principalmente en establecimientos de cuatro y cinco estrellas. Meliá, Iberostar, Blau, Barceló, Roc, Valentín o Axel han formado parte de un paisaje turístico en el que la presencia española ha sido dominante durante años.
La apuesta empresarial ha sido prácticamente nula en las dos últimas décadas
Ahora, todo este negocio se está desmoronando. “Las empresas que han mantenido relaciones con Cuba necesitan un mercado rentable, ahora esto no existe”, resume Anna Ayuso, Investigadora sénior para América Latina de Cidob. En los últimos meses los gastos de estas hoteleras se han disparado. La demanda turística se ha desplomado, con establecimientos prácticamente vacíos, mientras los costes de la energía volaban. “La producción de energía es casi inexistente y muchas empresas han tenido comprarla en el mercado negro; las restricciones en la isla son tan grandes que si las empresas se van es porque piensan que esta situación no tiene marcha atrás”, continúa Ayuso.
Ahora bien, la debacle turística en Cuba comenzó antes del último golpe de timón de Donald Trump. En el 2018 la isla recibió un récord de 4,7 millones de visitantes internacionales y obtuvo casi 2.800 millones de dólares de ingresos turísticos. A partir de ahí, la tendencia ha sido descendente. Primero llegaron las restricciones impuestas por la primera Administración Trump, que limitó los viajes desde Estados Unidos y prohibió los cruceros. Después irrumpió la pandemia. Y la recuperación nunca terminó de llegar.
En 2025 la isla recibió apenas 1,8 millones de turistas. Los ingresos siguen muy por debajo de los niveles previos a la covid y la ocupación hotelera media apenas alcanzó el 23% en 2024, según datos oficiales. Para las hoteleras, Cuba ya no era un buen negocio incluso antes de esta crisis.
Desde las agencias de viaje aseguran que el destino prácticamente ha desaparecido de las preferencias de los viajeros. “Cuba ha ido en declive como destino turístico desde la pandemia y hace meses que es prácticamente inexistente. Sólo viajan los expatriados cubanos que han de volver a la isla por motivos personales”, explican desde la Confederación Española de Agencias de Viajes.
El declive de la demanda comenzó mucho antes; ya nadie quiere visitar La Habana
La inversión global española en La Habana se había deteriorado incluso antes. Los datos de la Secretaría de Estado de Comercio muestran cómo la inversión bruta en la isla ha sido prácticamente nula en las últimas dos décadas. La única gran operación de este milenio ocurrió en el año 2000, cuando Altadis compró el 50% de la empresa estatal Habanos.
Así pues, y aparte de la actividad turística, la relación económica entre España y Cuba se ha limitado al comercio. En el 2024 España fue el segundo socio, después de China y seguido de Venezuela. Pero también éste ámbito se ha ido resquebrajando. Las exportaciones españolas a Cuba alcanzaron los 682 millones de euros en 2025, un 15% menos que el año anterior y lejos del récord de 971 millones registrado en 2018. A ello se añaden los importantes impagos a proveedores desde el 2016, lo que ha impactado negativamente en el interés empresarial en La Habana.
“Existen exportaciones de España a Cuba, igual que de otros países, el problema es que Cuba no paga. El Gobierno español ha tenido que asumir parte de esta deuda, con condonaciones muy elevadas”, recuerda Ayuso. Solo en el 2016, en el marco del Club de París, España reestructuró 2.242 millones de euros de deuda a medio y largo plazo, de los que condonó 1.492 millones.
Pese a que China y España aparecen como los principales socios comerciales, ninguno de los dos países tiene “nada que decir” sobre la situación y el futuro de Cuba, señala Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Tampoco Rusia. “No han querido intervenir. Cuba no les merece la pena, Rusia está enfrascada en la guerra con Ucrania y China ha de gestionar una complicada relación con Estados Unidos”, añade.
España era hasta esta semana el principal socio en la industria de los viajes, con 70 contratos de gestión hotelera
Para el investigador, se abren tres escenarios posibles: el colapso del régimen cubano, una salida negociada o algún tipo de intervención militar. Pero en el ADN del régimen cubano está la resistencia. “Parte de él tiene la esperanza de aguantar hasta noviembre, cuando se celebran las elecciones estadounidenses del midterm , con opciones de que Donald Trump se debilite”, apunta Malamud.
Las pocas empresas extranjeras con presencia en la isla aguardan el desenlace.
Maite Gutiérrez
Periodista
Periodista. Ha desarrollado gran parte de su carrera en La Vanguardia, donde ha cubierto las áreas de Educación y Universidades, Política y, ahora, Economía. Licenciada en Ciencias de la Información y Postgrado en Estudios Culturales
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.