Las pensiones de viudedad se crearon en su día para disminuir el agravio que sufrían las mujeres en el mercado de trabajo, pero su progresiva incorporación al mundo laboral provoca que de forma regular se discuta el sentido que tienen estas pensiones en el mundo actual, al menos con el actual diseño. Es una discusión a la que hoy se ha añadido Fedea, con un estudio firmado por Octavio Granado, antiguo secretario de Estado de Seguridad en dos gobiernos socialistas.
La tesis que plantea se dirige a corregir una contradicción: que sea plenamente compatible cobrar la pensión con el salario, y que, en cambio, cuando se pasa a la jubilación, aparezcan los límites cuando la suma de pensiones supera la máxima. En definitiva, el actual sistema supone que la pensión de viudedad es generosa mientras se trabaja, pero penaliza al jubilarse.
Esto se produce porque durante la vida laboral no hay prácticamente incompatibilidades con cualquier salario o cualquier otro rendimiento que reciba el beneficiario. Una práctica heredada de tiempos de pensiones magras y restricciones al trabajo de las mujeres. Pero que se trunca cuando el beneficiario o la beneficiaria pasa a la jubilación. Entonces aparecen los límites.
El cambio que propone el informe es doble, uno positivo y otro negativo para los perceptores de esta pensión. El positivo, establecer una incompatibilidad parcial de la pensión con las rentas del trabajo; y el que dolería, destinar los ahorros que se consigan a aumentar la prestación de los viudos o viudas a los que se aplica el tope máximo de la pensión al jubilarse.
Es una fórmula que se intentó aplicar en España en la reforma del 2007. Impulsada por la CEOE, se diseñó un régimen de incompatibilidad de esta pensión similar al que rige en Alemania, con limitaciones en la pensión en función del salario u otros rendimientos que el beneficiario reciba. La oposición de los sindicatos frenó en seco la reforma, como recuerda el autor del informe. Lo conoce muy bien porque en la época era el responsable de la Seguridad Social. Un cambio que considera necesario, y para justificarlo expone el caso de que se abonen pensiones de viudedad a personas que multiplican por más de diez la base mínima de cotización.
El problema del actual sistema llega cuando el beneficiario se jubila. Entonces sí que actúan los topes. Es lo que descubre una persona que lleva años cobrando de forma íntegra esta pensión y que, cuando se jubila, se le resta la parte en que la suma de ambas pensiones supera el tope máximo establecido. Y los límites no solo aparecen en las pensiones más elevadas. La limitación también puede afectar a los complementos a mínimos que reciben las pensiones que no llegan a la prestación mínima legal.
Descrito el panorama, el informe plantea como tesis central establecer un régimen de incompatibilidad entre la pensión y los salarios durante la vida activa de la persona, y que lo que aquí se ahorre permita establecer un importe mínimo de incremento en situaciones de viudedad, que no se anule totalmente este ingreso. También plantea que se aumente la prestación por orfandad, compensada por la disminución de las de viudedad; así como establecer un régimen de seguro para las parejas que quieran mantener las mejoras de renta del actual sisteam en la misma proporción en que vayan desapareciendo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.