01El miedo a la aceleración de la Inteligencia Artificial se está expandiendo después de un verano de rumores sobre experimentos fuera de control.
02Programas que habrían escapado del laboratorio para introducirse en otros circuitos informáticos, sorteando todas las barreras de seguridad.
03Rumores de agosto que en septiembre se han convertido en un solemne llamamiento de los tres principales operadores privados de Estados Unidos en favor de una pausa y una regulación internacional de la IA.
04El presidente  Donald Trump les ha respondido con ira, calificándoles de “traidores”, apelativo que se está poniendo de moda esta azarosa temporada.
El miedo a la aceleración de la Inteligencia Artificial se está expandiendo después de un verano de rumores sobre experimentos fuera de control. Programas que habrían escapado del laboratorio para introducirse en otros circuitos informáticos, sorteando todas las barreras de seguridad. Rumores de agosto que en septiembre se han convertido en un solemne llamamiento de los tres principales operadores privados de Estados Unidos en favor de una pausa y una regulación internacional de la IA. El presidente Donald Trump les ha respondido con ira, calificándoles de “traidores”, apelativo que se está poniendo de moda esta azarosa temporada.
Los tres principales operadores norteamericanos admiten la posibilidad de que los programas de IA más avanzados adquieran una gran capacidad de autopropulsión y puedan escapar al control humano, convirtiéndose en una Entidad sin dueño. En los últimos meses, diversos ingenieros que han desertado de Google, Anthropic y OpenAI, algunos de ellos con el premio Turing (el Nobel de la Informática), sostienen que la humanidad podría estar en riesgo dentro de unos años. Una IA con altos niveles de desarrollo y emancipada de todo control externo podría generar extraordinarias concentraciones de poder e incluso intentar la destrucción del ser humano si lo considerase una realidad hostil. ¿Cómo? Paralizando infraestructuras vitales, diseñando virus letales o apoderándose de las armas atómicas.
Frankenstein a lo grande.
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La respuesta de Trump, como decíamos antes, ha sido airada: “Hay una conspiración enfermiza contra la Inteligencia Artificial y los centros de datos, y la única que está contenta con ello es China”. Trump no quiere llegar a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre con la IA frenada, después del fiasco de Irán. Los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb se hallan en estos momentos en manos de Irán y sus amigos yemeníes, la guerra de Ucrania está al rojo vivo, y la inflación sigue escalando. No puede llegar a las elecciones con una visible pérdida de control.
¿Qué dice China? China también rechaza la pausa que plantean Amodei, Altman y Musk. Pekín sostiene que estamos ante una maniobra de ‘guerra fría’, cuyo objetivo es asustar a la opinión pública mundial para frenar el desarrollo tecnológico de China. “Las corporaciones norteamericanas pretenden obtener un monopolio regulatorio para estrangular la innovación china”, añaden. Los gobernantes chinos, sin embargo, han adoptado sus precauciones. La IA china es alimentada con datos previamente supervisados por el departamento ideológico del Partido Comunista; se han empezado a dictar normas que prohíben la sustitución masiva de trabajadores por robots y sistemas de IA, y han creado el embrión de un organismo internacional sobre la Inteligencia Artificial, con sede en Shanghái, al que por el momento solo se han adherido 29 países.
Resumiendo, Trump, iracundo, afirma que el presidente de los Estados Unidos es el principal instrumento de control y que no hacen falta más normas. Los grandes tecnólogos norteamericanos parecen asustados, y los dirigentes chinos sospechan que el actual alarmismo es el caballo de Altman para controlar China con normas norteamericanas. Y la Iglesia católica reivindica como un texto ‘profético’ la encíclica ‘Magnifica Humanitas’ firmada por el papa León XIV el pasado mes de mayo. El Vaticano avisó.
Cambio climático. Tambores de guerra cada vez más fuertes. Miedo a la tecnología que está modificando casi todas las facetas de la vida humana. Empieza el curso Frankenstein con España en Ceuta.
Y precisamente en España hay en estos momentos un debate bastante soterrado que mucho tiene que ver con el despliegue de la IA. Es la discusión reglamentaria sobre los Data Centers, los centros de datos que empiezan a crecer como setas en la geografía ibérica. Hoy vamos a hablar de ello con la colaboración del geógrafo Santiago Fernández Muñoz.
Un centro de datos es, simplificando mucho, una modernísima nave industrial diseñada para albergar los sistemas informáticos que almacenan, procesan y distribuyen información digital a gran escala. Básicamente, contienen servidores (los ordenadores que ejecutan aplicaciones, que alojan páginas web, procesan transacciones y entrenan modelos de IA), sistemas de almacenamiento, redes que conectan todos esos equipos entre sí y con internet y, algo cada vez más importante, enormes sistemas de refrigeración. Los servidores generan mucho calor y necesitan sistemas industriales de enfriamiento mediante aire o, crecientemente, líquidos. Y todo ello requiere energía, mucha energía.
¿Cuánta? El informe actualizado en junio de 2026 por el Lawrence Berkeley National Laboratory estima que los centros de datos consumieron en Estados Unidos unos 192 TWh de electricidad en 2024, el 4,7% del consumo eléctrico del país. Esa cifra alcanzaría los 649 TWh en 2030: el 11,8% de toda la electricidad consumida en Estados Unidos. Es decir, más del triple en apenas seis años. Para hacerse una idea de la escala, 649 TWh equivalen aproximadamente al consumo eléctrico anual de más de 60 millones de hogares estadounidenses. Si los centros de datos de Estados Unidos fueran un país, estarían entre los mayores consumidores de electricidad del mundo.
Imagen de un campus de centros de datos de Microsoft en EspañaMicrosoft
En España, de acuerdo con los datos facilitados por el Gobierno, estas instalaciones tienen ya concedidos más de 12 GW de capacidad de acceso y conexión a la red eléctrica, a los que se añade un volumen todavía mayor de solicitudes pendientes. Para hacerse una idea de la magnitud, esos 12 GW equivalen a cerca del 10% de toda la potencia de generación eléctrica instalada actualmente en España.
La expectativa de crecimiento de la demanda de computación es tan importante que se ha desatado una auténtica carrera por obtener permisos de acceso a la red eléctrica y construir centros de datos en todos los países de Occidente. Y están surgiendo problemas.
En Texas, el gobernador republicano Greg Abbott ha paralizado la tramitación de nuevas conexiones hasta auditar todos los centros de datos pendientes. La gestora del sistema eléctrico, ERCOT, acumula solicitudes por más de 474 GW, cinco veces el máximo histórico de Texas, y alrededor del 90% procede de centros de datos. El estado sureño ha pasado de incentivar estas instalaciones y reducir sus impuestos y plazos a exigir que paguen las infraestructuras eléctricas que necesitan, informen sobre su consumo y el origen de la electricidad y el agua que utilizan, y no trasladen sus costes a los ciudadanos. Una frase de Abott resume bien el giro: “Texans must come first”.
En Nueva York, la gobernadora demócrata Kathy Hochul ha ido todavía más lejos al decretar la primera moratoria estatal de un año para nuevos centros de datos hiperescalables, mientras se establecen nuevas reglas sobre energía, agua e impactos ambientales.
En Pensilvania, el demócrata Josh Shapiro no ha establecido una moratoria general, pero sí unas condiciones que pueden bloquear los proyectos que no sean aceptados localmente. Los promotores deberán aportar su propia electricidad y pagar todos los costes asociados, cumplir mayores exigencias ambientales, contratar trabajadores locales, acordar beneficios para las comunidades y, sobre todo, obtener previamente la aprobación municipal: “Si la comunidad local no aprueba un proyecto, el Estado tampoco lo aprobará”. “No permitiremos que los promotores intimiden a los ciudadanos de Pensilvania”.
¿Qué está pasando para que inversiones tan cargadas de ceros como las relacionadas con la Inteligencia Artificial estén siendo frenadas por gobernadores y alcaldes republicanos y demócratas? En Estados Unidos no existe un mercado único integrado de electricidad como en España y Portugal, sino que el sistema está organizado en operadores regionales independientes, los RTO/ISO. Como consecuencia, la llegada de demandas tan fuertes como las de los centros de datos, sin que el sistema sea capaz de incrementar la producción a la misma velocidad, ha provocado grandes subidas del precio para todo tipo de consumos.
Bloomberg publicaba recientemente los resultados de una investigación sobre la evolución de los precios mayoristas de la electricidad entre 2020 y 2025. Su conclusión es que la proximidad a los centros de datos es un factor determinante —aunque no el único— del encarecimiento de la electricidad mayorista en Estados Unidos.
En España, tal y como hemos explicado en varias entregas del boletín Penínsulas, la cuestión es la siguiente: la demanda de conexión a la red eléctrica de los centros de datos compite con otras posibles actividades, quizás más interesantes para el país. El menor precio de la electricidad está atrayendo un gran volumen de proyectos industriales. Los centros de datos compiten con esos nuevos usos industriales. ¿Quién debe quedarse con la parte del león de la energía renovable en España si este modelo finalmente se consolida?
Data Center Schneider ElectricLV
Los centros de datos no generan mucho empleo una vez construidos. Naves inmensas con un equipo de mantenimiento y guardias de seguridad. Un reciente estudio de FEDEA incide en este punto: un centro de datos no es automáticamente una buena inversión para el territorio. Consume suelo, electricidad y agua, y buena parte del valor añadido —el cloud (la nube), la IA y el propio cómputo— puede quedar en manos de grandes empresas extranjeras. El citado informe de FEREA aconseja seleccionar los proyectos, no tanto por su tamaño o volumen de inversión, sino por el valor que dejan en España, condicionando su priorización a compromisos verificables.
El modelo energético español está tintineando. Este pasado mes de agosto, el Gobierno decidió prorrogar la vida de la central nuclear de Almaraz (Extremadura) mientras todo el país estaba pendiente de Ceuta. Giro de guion poco explicado. Mejor dicho: explicado por el gran apagón de abril del 2025. Pocos días después, y el calendario no es una casualidad, el Ejecutivo publicó un borrador de normativa para los nuevos centros de datos con una idea de fondo bastante clara: ante una capacidad de la red eléctrica limitada y una competencia creciente por acceder a ella, se deben seleccionar y priorizar los proyectos más eficientes, vinculados a nueva generación renovable y que contribuyan a la soberanía digital, evitando que su crecimiento encarezca el sistema o desplace otros usos eléctricos.
Plantea unas condiciones muy exigentes. Los nuevos centros de datos de 1 MW o más deberán situarse en la máxima categoría europea de eficiencia energética e hídrica. Mientras las energías renovables no superen el 90% del mix eléctrico —estamos en un 56%—, los Data Center deberán cubrir al menos el 80% de su consumo con nueva generación renovable: por cada nuevo MW consumido deberá haberse instalado un nuevo MW renovable, puesto en funcionamiento como máximo 18 meses antes.
A ello se añaden requisitos de soberanía digital: el operador deberá estar establecido en la Unión Europea; los datos relativos a la operación del centro deberán mantenerse en territorio comunitario; y deberán adoptarse medidas frente al acceso de autoridades de terceros países no amparadas por el Derecho europeo.
El cumplimiento de estas condiciones estará ligado al propio derecho de acceso y conexión a la red: su incumplimiento implicará penalizaciones crecientes en peajes y cargos y, en último término, podrá suponer la pérdida del acceso a la red.
La asociación de centros de datos, entidad que preside Begoña Villacís, antigua dirigente de Ciudadanos, ha puesto el grito en el cielo. El Partido Popular ya ha expresado su oposición al reglamento. Génova está coordinando a las comunidades autónomas del PP y en cabeza marcha la Comunidad de Madrid: “El proyecto de decreto de centros de datos del Gobierno es una aberración”.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha salido muy debilitado de la crisis de Ceuta, aún no concluida. Todo indica que suavizará el Real Decreto y que las restricciones serán mucho menores. España aún no tiene del todo resuelto su modelo eléctrico. España necesita nódulos de la IA, pero también nuevas actividades industriales.
Frankenstein fue un personaje creado por Mary Shelley en 1816 en las afueras de Ginebra durante un verano frío y oscuro. Ante la inclemencia del tiempo, Lord Byron propuso a sus amigos, un grupo de jóvenes literatos ingleses, que escribieran un relato de terror. Shelley, de 18 años, narró la historia de Víctor Frankenstein, un joven científico suizo que logra dar vida a una criatura armada con partes de cadáveres, para luego horrorizarse de su creación y abandonarla, desencadenando una terrible tragedia de venganza y soledad. ¿Por qué era oscuro y frío aquel verano?
Unos meses antes, el volcán Tambora había estallado en Indonesia, cerca de la isla de Bali. La explosión mató a 12.000 personas y liberó gran cantidad de partículas de polvo a la atmósfera, lo cual modificó el clima en todo el planeta, provocando epidemias, hambrunas y convulsiones sociales. Cielos plomizos y atardeceres extraños que inspiraron al pintor Turner.
Paseo por el amor y la muerte. De nuevo en sus pantallas.
(En esta entrega ha colaborado el geógrafo Santiago Fernández Muñoz, experto en geopolítica y políticas públicas, socio de SILO).
Enric Juliana
Adjunto al director
Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.