La alfombra roja de la 79.ª edición del Festival de Cine de Cannes será recordada como la de Demi Moore y su extremada delgadez. Estas últimas dos semanas, la actriz estadounidense ha ejercido de reina de Hollywood en su doble papel como jurado del certamen, en las salas de proyecciones del Palacio de Festivales, y referente de estilo, a los pies de la escalinata y ante las cámaras.
Como una muñeca inmaculada de sonrisa resplandeciente y melena y vestuario de quita y pon, la intérprete ha desfilado con vestidos de todo tipo de firmas de lujo. Llevó dos de Jacquemus, uno plateado y otro de lunares tridimensionales, varios de Gucci, como el rojo escultural que lució la semana pasada o el de color malva combinado, con pendientes de Chopard y melena hasta la cintura; y también apostó por Schiaparelli con un palabra de honor azul combinado con un corte ondulado a la altura de la clavícula y el espectacular collar Galaxy de alta joyería de Swarovski.
Joan Collins, quien precisamente hoy cumple 93 años, despertó una gran ovación al posar espectacular con un vestido de Stéphane Rolland
Sin embargo, y a pesar de su gran despliegue de estilismos, el ojo mediático no se ha centrado, en su caso, en cuestiones de moda sino en su aspecto. De brazos cadavéricos y espalda huesuda, la imagen de Moore ha alarmado a la opinión pública que le cuesta tenerla como canon de belleza a pesar de que la industria de la moda y el cine la encaje en esa etiqueta de referente estético.
Porque el problema hoy no es solo que se normalice la delgadez extrema –una tendencia social cada vez más extendida por el culto a la cultura Ozempic–, sino que además no se puede hablar de ello y generar debate porque va en contra de la aceptación de cuerpos no normativos. Censurados por el supuesto body positive .
Y mientras las redes sociales diseccionan cada nueva fotografía de Demi Moore, la moda y la alta joyería buscan en Cannes su espacio y la visibilidad que tradicionalmente les ha dado la alfombra roja de la Croissete y sus personajes más emblemáticos.
Radiante y como una de las clásicas embajadoras del buen gusto, y de Chanel, la española Penélope Cruz cautivó en su paso por el festival de la Costa Azul con un vestido asimétrico negro con una extremada abertura en la pierna y joyas de la misma firma en oro blanco y diamantes naturales.
El negro es una apuesta segura en esta pasarela y muchas estrellas, como Jane Fonda, Cate Blanchett, Adriana Lima y Marion Cotillard, han recurrido a él para brillar en esta edición. Esta última quiso ir un paso más allá y escogió un Chanel completamente bordado y con cola desflecada.
El color y un aire setentero llegó de la mano de la cantante y actriz Charlotte Gainsbourg, hija de Jane Birkin, que para asistir el lunes a la premiére de Fjord escogió un vestido corto de diferentes texturas de la colección otoño-invierno 2026 del Saint Laurent de Anthony Vaccarello.
Muy comentada fue la aparición de Georgina Rodríguez, que tras aparecer en el evento de Kering Women in Motion con un cabello platino se personó en Cannes con su tradicional melena morena, esta vez midi, un vestido drapeado color maquillaje y una hipnótica gargantilla de esmeraldas de la colección Miracles de Chopard. Porque las joyas en este evento son tan protagonistas como quien las lleva.
Pero si por alguien debe ser recordada esta edición de Cannes debe ser por Joan Collins, quien precisamente hoy cumple 93 años. El Palacio de Festivales de Cannes recibió con una gran ovación, digna de una estrella consagrada, a la artista que defendió con elegancia y distinción una pieza de alta costura firmada por Stéphane Rolland.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.