Está como unas castañuelas tras estrenarse como actriz. Samanta Villar (Barcelona, 1975) se ha subido por primera vez a las tablas en el teatro Talía de Valencia junto a Beatriz Rico, Gonzalo Trujillo y David Trabuchelli en Miénteme para ponernos frente al espejo: de caer en la tentación y ser infiel, ¿debemos hacer un ejercicio de sinceridad y contárselo a nuestra pareja? Con esa premisa, en el escenario suenan verdades como puños y los espectadores, entre risas y asentimientos, tienen la conversación asegurada al llegar a casa. La obra Miénteme comienza ya su gira. Quiso la casualidad que Samanta se sometiese a las preguntas de Marta Riesco en el podcast Gleeden Confidencial casi al mismo tiempo y en el que también abordaron la ‘cuestión de los cuernos’. Tras años como reportera de calle en varios formatos de Cuatro y pasar a las ondas en Radio 4, Villar está al frente del exitoso podcast Sobre (vivir) a la crianza.
Inesperadamente, una de las reporteras más valientes y transgresoras del país ha debutado como actriz y en una obra que ha funcionado muy bien.
Es una comedia muy divertida: el argumento parte de una infidelidad y nos lleva a todas las reflexiones que se producen alrededor. Yo soy Elen, le he puesto los cuernos a mi marido y quiero decírselo porque me siento muy culpable. Mi amiga, Beatriz Rico, me hace toda la argumentación para no contarlo, que no hace falta saber toda la verdad porque si no, tu relación se va a tambalear. Y yo tengo clarísimo que quiero continuar con mi pareja y nuestro proyecto de vida y ella, que si no se lo digas, que va a perder la confianza, tendrá siempre miedos, etc. Entre estas reflexiones y risas, se van diciendo verdades como puños.
Acabas de participar en Gleeden Confidencial, un podcast en el que te sometes a las preguntas de Marta Riesco y, entre muchas otras cosas, hablasteis de la infidelidad honesta, es decir, preguntarse por qué ha ocurrido y analizarlo. ¿Crees que la monogamia es un constructo social?
Creo en la diversidad, en que hay personas que se sienten a gusto con la monogamia y muchísima otra que no, salta a la vista. No es una cosa de cuatro locos. La diversidad es una respuesta de la biología para la supervivencia de la especie y que el cerebro humano siente satisfacción ante la novedad. Está estudiado por la neurociencia. Pero no quiero categorizar, lo que creo es que falta una conversación sobre esto en la sociedad, una conversación madura, con calma, sin juicios morales para entender por qué ocurre y luego tomar tu decisión con libertad.
De los temas que planteáis en Sobre (vivir) a la crianza, dime alguno que te han hecho pensar más.
Desde cómo plantearles el tema de la muerte a si tenemos que ir a buscar a nuestros hijos a la discoteca cuando sean adolescentes, ¿sí o no? O dejarles que tengan relaciones sexuales en casa, ¿sí o no? Son asuntos peliagudos y cada uno tiene una opinión al respecto, no hay una fórmula mágica ni una respuesta única, pero sirve para volcar esas dudas, ‘qué haría yo’. Mis hijos tienen diez años y aunque yo ahora creo que haría una cosa, dentro de 5 o 6 años, cuando me toque, veremos si mantengo esa posición o no.
Eres madre de dos, chico y chica. Si yo te digo que intuyo que de ir a buscarlos, posiblemente irías a buscar a tu hija a la discoteca, pero no estoy tan seguro de que lo hicieras con tu hijo, ¿qué contestarías?
Tiene sentido lo que dices, pero yo en principio me resisto a tener más miedo por ella que por él. Porque el miedo también coarta, así que no me gusta educar en el miedo. Veamos, a mí nunca me ha pasado nada, hay que valorar los entornos, seguramente no es lo mismo estar en la ciudad y volver en metro que estar en un pueblo con carreteras secundarias y que todo el mundo beba. Hay que ver las realidades. La verdad que espero no tener que hacer esa distinción.
¿Hay alguna fórmula para saber dónde está el límite a la hora de imponer normas?
¿Fórmula? No, no creo. Hay que entender que si ya las relaciones entre adultos están vivas y son variables y flexibles, ¿cuánto más cuando son niños? Entonces, lo que hoy te marcas y te lleva a un lugar en la crianza que quizá es el que quieres y tienes que modificarlo, lo que hoy practicas y es efectivo, pasado mañana deja de serlo y tienes que inventarte otra cosa… Las relaciones humanas son lo más difícil del mundo: cualquier jefe sabe que llevar un equipo es complicadísimo, imagínate criar a hijos. Yo creo que es saludable que ellos vean que si tú te equivocas, puedes pedir perdón, porque eso también les enseña. ‘Perdóname, hoy te he gritado y yo soy la que debe tener paciencia, la mamá ha perdido la paciencia y lo siento mucho, te pido disculpas’. Y explicarles por qué he perdido la paciencia, por ejemplo, ‘porque te he dicho siete veces que te lavaras los dientes, no había manera y tenemos un tiempo límite porque a las 9 hay que estar en el colegio’. Esas explicaciones, argumentar qué pasa y por qué lo hacemos, les da mucha riqueza, aprenden a argumentar lo suyo también, a defender su punto aunque vaya en contra de su criterio pero también que si te equivocas no pasa nada, que puedes pedir disculpas. Ellos nunca serán el 100 % del tiempo como nos gustaría, pero en algunos ámbitos serán muy superiores a lo que habíamos pensado.
¿Debemos medirnos en cuanto a fomentar la autoestima? Me refiero a que no se vengan demasiado arriba antes de tiempo.
No debemos confundir fomentar la autoestima con reírle todas las gracias. Fomentar la autoestima tiene que ver afrontar dificultades y apoyarles para que las superen. Si se atascan, que perseveren; no te puedes frenar por la dificultad, no pasa nada, pasamos el berrinche juntos, yo me espero, te desahogas, chillas, vale, ya, ¿estás más tranquila? Pues ahora volvemos y volvemos y cuando te concentras y has visto que lo has podido sacar adelante, choca, eres una máquina. Eso fomenta la autoestima. Porque si la dejo estar, no la estoy ayudando. Y además puede generar en tu hijo sensación de indiferencia o desamparo.
¿Cómo afrontar el asunto de que en el cole todo el mundo tiene una prenda de cierta marca, usa el móvil o al revés, que nadie hace o se viste como a tu hijo o hija le gusta?
Mi hija con 4 años se quería pintar los labios de rojo y yo se lo permití. Mi hijo en la guardería se quiso poner faldas y yo, sin ningún problema, le ponía falda y lo llevaba a la guardería con falda. Yo creo que si nos resulta chocante es porque estamos asumiendo la mirada sexualizada del entorno, le estamos dando demasiado peso a la mirada del otro. No es que la niña se ponga los labios de rojo sino lo que los demás van a pensar cuando la niña lleva los labios de rojo. Y ahí yo siempre le Yo también hago mucha pedagogía con eso. Ayer mismo tuve una conversación con mi hija sobre algo relativo a maquillarse. Le dije que no lo necesitaba en absoluto porque tiene una piel perfecta, obviamente, pero que no se lo iba a prohibir. Y al mismo tiempo le expliqué que debía entender que tú todos los estímulos que le llegan son de chicas muy guapas, vídeos de TikTok, etc, un bombardeo, y que por eso quiere imitar ese comportamiento. Que sea consciente de esa influencia. Que si quiere bailar reguetón, de acuerdo, pero que escuche la letra y sea consciente de que es machismo. Que sepa lo que está haciendo y luego decida. En el momento en el que tomas plena conciencia de que tu comportamiento está influido por algo, ese momento te hace libre, porque ahí ya puedes decidir si lo practicas o no. Mientras no lo sepas, no eres libre.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.