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Historia contemporánea La Viena roja

¿Es posible una política pública de la vivienda? El caso de Viena, historia de una utopía urbana

Viena parece una ciudad tan imperial como inalcanzable. Por eso, sorprende saber que cuenta con el parque de vivienda pública más grande de toda Europa

¿Es posible una política pública de la vivienda? El caso de Viena, historia de una utopía urbana
El Metzleinstalerhof, primer edificio social de la Viena rojaDominio público
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Actualizado hace 38 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01El barómetro del CIS de abril señala la vivienda como la principal preocupación de los españoles, y lo hace por decimosexto mes consecutivo.
  • 02Los precios de compra y alquiler no parecen tener freno, lo que el fin de la prórroga de contratos de alquiler vendrá a agravar.
  • 03El aumento del parque de vivienda pública podría contribuir a paliar los problemas habitacionales, pero su implementación es baja y discutida.
  • 04La historia tiene, sin embargo, ejemplos a estudiar, como el de la capital austríaca.

El barómetro del CIS de abril señala la vivienda como la principal preocupación de los españoles, y lo hace por decimosexto mes consecutivo. Los precios de compra y alquiler no parecen tener freno, lo que el fin de la prórroga de contratos de alquiler vendrá a agravar. El aumento del parque de vivienda pública podría contribuir a paliar los problemas habitacionales, pero su implementación es baja y discutida. La historia tiene, sin embargo, ejemplos a estudiar, como el de la capital austríaca.

En 1918, tras el final de la Primera Guerra Mundial y la abdicación del emperador Carlos I, Austria se convirtió en una república. El país dejó de ser un imperio de cincuenta millones de habitantes para convertirse en un Estado de algo más de seis. Dos millones vivían en Viena, la capital, que, tras el conflicto, vio aumentar su población con la llegada de miles de desplazados.

Más bien, malvivían. Porque, como indica el ayuntamiento de Viena, en aquel entonces, “la clase trabajadora sufría de unas condiciones de vida inaceptables”. La mayoría lo hacía en chabolas o en lo que se conocía como Bassena: habitáculos sin apenas luz ni ventilación, compuestos por una única habitación y una minúscula cocina, cuyo principal equipamiento era una llave de agua (Bassena). Las casas carecían de cuarto de baño: servía para ello un aseo en el rellano, compartido con los otros vecinos.

Pese al reducido tamaño de aquellas infraviviendas, muchas familias arrendaban el derecho a su uso para ganar un dinero extra. A la sazón, había 170.000 inquilinos “de habitación” y también inquilinos “de cama”, esto es, personas que alquilaban un lecho por horas. El equivalente de hace más de un siglo a lo que hoy se conoce como las “camas calientes”.

La ciudad más habitable

En aquella Viena de la posguerra, pobre y hacinada, la insalubridad campaba a sus anchas, lo que favorecía brotes de enfermedades como la tuberculosis (conocida como la enfermedad vienesa). Entre 1918 y 1920, la ciudad se vio azotada por una epidemia de gripe, que empeoró aún más las condiciones de vida.

La situación era mísera y caótica, pero las cosas cambiaron. Y, además, lo hicieron con una celeridad que, incluso hoy, resulta sorprendente. El cambio se llevó a cabo gracias a la política.

Representación de Viena en 1923
Representación de Viena en 1923Dominio público

En este caso, mediante un abanico de iniciativas municipales que cambiaron el destino de la ciudad. Aunque el gobierno central austríaco era de derechas, católico y conservador, la antigua capital de la dinastía de los Habsburgo estaba gobernada por la izquierda: el Partido Obrero Socialdemócrata había arrasado en las elecciones. En paralelo, con el proceso republicano, Austria tenía una nueva Constitución federal que otorgaba la soberanía fiscal a la provincia de Viena.

Aquella independencia económica fue clave para iniciar el cambio, como también lo fue la figura del concejal Hugo Breitner: un exfinanciero, militante el Partido Socialdemócrata, que había sido empleado del Banco Central Europeo. Breitner, hombre pragmático y buen gestor, estuvo en el gobierno local entre los años 1918 y 1933. Fue decisivo para el desarrollo de la llamada Viena roja, el nombre con el que se conoce a esta etapa de políticas socialdemócratas que cambiaron el panorama de la ciudad, haciendo hincapié en la sanidad, la educación y, por supuesto, en la vivienda social.

Debido a aquella iniciativa, hoy Viena posee un asombroso parque de vivienda pública que ha influido en que, según The Economist Intelligence Unit, la división de análisis e investigación del grupo The Economist, encabece los rankings de habitabilidad de las ciudades del mundo. Según datos del consistorio, alrededor del cincuenta por ciento de sus ciudadanos reside en vivienda social, ya sea en uno de los 220.000 pisos municipales (hogar, se calcula, de casi medio millón de personas), o bien en una de las 200.000 cooperativas construidas con subsidios.

Son familias tanto de clase baja como media, además de jóvenes profesionales. El 80% de los vieneses son aptos para acceder a una vivienda pública. Y, una vez se ha otorgado un contrato, este nunca expira, incluso si el inquilino aumenta su patrimonio. Así, se fomenta la diversidad social y no se crean los estigmas asociados a la vivienda de protección oficial que existen en otras capitales europeas.

Del impuesto a la vivienda

Para financiar ese ambicioso plan urbanístico en sus inicios, se recurrió a un sistema tan lógico como efectivo: los impuestos. De este modo, el concejal Hugo Breitner introdujo nuevos tributos a las rentas más altas, representadas por el 20% de los residentes. Además del impuesto de patrimonio, la Hacienda vienesa gravaba algunos de los pasatiempos de los más ricos, como el champán, los burdeles, las carreras de caballos y la compra de automóviles. Los impuestos al lujo servían para pagar necesidades básicas de otros estratos de la población y, además, estimulaban la economía.

En 1923, con esa provisión de fondos, el consistorio, dirigido por el alcalde Karl Seitz, puso en marcha su primer programa de vivienda pública. El objetivo: levantar hasta 25.000 pisos en solo cinco años. La ambición no se limitaba al número de viviendas, sino a sus características. En este sentido, se buscaba “proveer de condiciones de vida saludables a los ciudadanos, en concordancia con la divisa ‘Luz, sol y ventilación’”.

La idea era que las Gemeindebauten (las viviendas sociales) estuvieran arropadas con servicios para mejorar la calidad de vida de la población, como calefacción central, supermercado, lavandería, guarderías, centros de salud, jardines, zonas deportivas e, incluso, piscinas. En su mayoría, las Gemeindebauten se planificaron como estructuras en bloque, con una gran puerta de entrada que conducía a un patio o plaza ajardinados, a partir de los cuales se accedía a los pisos. La estética de aquellos complejos fue también un factor clave: se consideraba que no solo los ricos podían gozar del derecho a la belleza. Por ello, ya desde aquellos inicios, se convocaron concursos públicos en los que participaron algunos de los mejores arquitectos de la época.

Viviendas sociales en Viena
Viviendas sociales en VienaThomas Ledl / CC BY-SA 4.0

El primer edificio municipal de la Viena roja, con 244 viviendas, se completó en 1925. Se llamó Metzleinstalerhof, y, en su fachada, en grandes letras rojas, aún luce esta inscripción: “Erbaut von der Gemeinde Wien in den Jahren 1925-1926 aus den Mitteln der Wohnbausteuer” (“Construido por el ayuntamiento de Viena en los años 1925-1926 con fondos del impuesto de la vivienda”). El Metzleinstalerhof sentó las bases para las siguientes obras: poseía un gran patio, el corazón de acceso a la casa, así como instalaciones de uso común (lavandería, guardería, biblioteca...), que ejemplificaban la transición de la vivienda individualista a la vivienda social.

El camino del proletariado

Durante aquellos primeros años del plan urbanístico se construyeron 65.000 casas, lo que significó un aumento del parque público de un diez por ciento. En 1933, alrededor de doscientos mil vieneses ya residían en viviendas municipales, pagando alquileres que se fijaron en función del 3,5% del sueldo de un trabajador medio. Una suma suficiente para cubrir los gastos de escalera y mantenimiento de los bloques.

La mayor cantidad de proyectos de esa época se encuentra a lo largo del Margaretengürtel, o “camino del proletariado”. Son edificios de estilo racionalista, el imperante en la época, pero la funcionalidad no impidió que se incluyeran elementos de la arquitectura clásica, como estatuas, molduras y otros detalles decorativos. De hecho, muchos de los bloques parecen castillos o monasterios antiguos.

Como señala la historiadora Eve Blau en The Architecture of Red Vienna, 1919-1934, su libro dedicado a la Viena roja: “Si estás planeando algo radical, no es mala idea aparentar ser lo más conservador posible”. En especial, si este experimento se realiza en el que fue el corazón del Imperio austrohúngaro.

La experimentación artística de aquellos años de entreguerras (en los que surgió la Bauhaus) incluyó la construcción, en 1932, del Werkbundsiedlung: un complejo de setenta viviendas unifamiliares, con jardín, creadas con la participación de arquitectos de renombre como Adolf Loos, Richard Neutra, Josef Hoffmann y Margarete Schütte-Lihotzky, la primera arquitecta austríaca, precursora del concepto de la cocina moderna, práctica y estética a la vez. El Werkbundsiedlung fue descrito como “la mayor exposición de edificios de Europa”. Las viviendas representaban la visión de un nuevo estilo de vida, más luminoso, funcional e igualitario, que se plasmó en un complejo que todavía hoy despierta admiración.

El Karl-Marx-Hof en Viena
El Karl-Marx-Hof en VienaC.Stadler/Bwag / CC BY-SA 4.0

Sin embargo, aquella utopía sufrió un severo parón cuando, en 1934, el fascismo se hizo con el poder en Austria. Un golpe de Estado provocó la llamada guerra civil austríaca, que se saldó con enfrentamientos armados a lo largo y ancho de todo el país. En Viena, muchos tuvieron como escenarios algunos de los flamantes edificios de vivienda pública. Complejos como el Schlingerhof y el Karl-Marx-Hof fueron los bastiones donde los partidarios del socialismo (prohibido por las nuevas autoridades) se atrincheraron frente a las fuerzas fascistas.

La iniciativa municipal quedó paralizada hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual se destruyeron 87.000 viviendas. Aquello podría haber significado el fin de ese proyecto social, pero, pese al horrible paréntesis, las políticas de la Viena roja continuaron. De hecho, la mayor parte del parque público se construyó después de la guerra: en 1951 se alcanzó la cifra de 100.000 pisos municipales. Un ritmo que no se detuvo: en la década de los sesenta, se hicieron 9.000… al año (en Barcelona, durante los ocho años del mandato de Ada Colau, una alcaldesa comprometida con esta cuestión, la ciudad ganó en total 4.600 viviendas de alquiler).

El ayuntamiento de Viena, cuyo alcalde es del Partido Socialdemócrata, es el mayor propietario de inmuebles de Europa. Como escribió Karin Ramser, antigua responsable de vivienda: “No hay otra ciudad europea que pueda presumir de una constancia similar en políticas de vivienda social”. Políticas, añadía, que no han sido abandonadas nunca: “Ni siquiera cuando el espíritu de la época estaba dictado por el neoliberalismo y la privatización”.

Contra la especulación

El resultado es que la capital austríaca es una especie de oasis frente a la especulación inmobiliaria que padecen tantas ciudades. Según el portal inmobiliario Idealista, en 2022, el precio medio de alquiler de un piso de 60 m2 en Viena era de 767 euros al mes, “con alquileres sociales significativamente más bajos”. Esta moderación es el resultado de décadas de políticas urbanísticas consistentes y, en especial, de una oferta que, como señalaba Ramser, sigue intacta. Aunque en Viena existe la iniciativa privada, este gran stock de pisos municipales actúa de regulador del mercado.

Hoy los Gemeindebauten siguen manteniendo el espíritu de mezcla social de sus inicios. Sin embargo, la controversia, en un aspecto como es el habitacional, no les es ajena: hay quejas sobre el mantenimiento y tensiones raciales, en núcleos determinados.

El Paul-Speiser-Hof
El Paul-Speiser-HofC.Stadler/Bwag / CC BY-SA 3.0

Tampoco ha faltado la polémica por la estética, como la que, en la década de los setenta, provocó el ambicioso proyecto del arquitecto Harry Glück, en el distrito de Alterlaa. En efecto, este gran parque residencial, con varios bloques de 96 metros de altura, en los que viven más de diez mil personas, suscitó muchas críticas. Sin embargo, ha resultado un éxito. En parte, porque los pisos no solo son confortables, luminosos y asequibles, sino también porque están salpicados de zonas verdes, un requisito que estipula la legislación vigente. Hay terrazas, arboledas y piscinas en las azoteas, además de equipamientos municipales y comerciales. Si la llamada “ciudad vertical” es más sostenible, Alterlaa es un buen ejemplo de ello.

Más de un siglo después de su inicio, el programa de la Viena roja sigue adelante, arropado por una serie de ideas progresistas que en otros lares levantan ampollas. Porque, además de mantener intacto el stock e invertir en su mantenimiento, hay otras iniciativas municipales que lo protegen. Entre ellas, un fondo destinado a comprar suelo para uso público, que, según explica The New York Times, acumula ya tres millones de metros cuadrados, así como la obligación de los promotores privados de reservar dos tercios de la promoción –si supera los 5.000 m2– a vivienda social.

Finalmente, los alquileres públicos están asimismo controlados por una ley que estipula que solo pueden aumentar con la inflación, siempre y cuando supere el 5%. Dos tercios de toda la oferta de alquiler de Viena están cubiertos por esta legislación, que incluye medidas de protección frente a desahucios. En resumidas cuentas, un escudo legal que acompaña a un parque de vivienda pública sin parangón, que ya es parte del ADN de la capital austríaca. 

Eva Millet
Eva Millet
Historia contemporánea

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.