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Historia contemporánea Entrevista

Gijs Van Hensbergen, biógrafo: “En Gaudí tienes a un hombre con un alma medieval y un cerebro muy vanguardista”

Cien años después de su fallecimiento, seguimos hablando de Antoni Gaudí i Cornet. Gijs van Hensbergen lo hace en Antoni Gaudí. Una biografía (Taurus), donde desgrana detalles poco conocidos de la vida del genio

Gijs Van Hensbergen, biógrafo: “En Gaudí tienes a un hombre con un alma medieval y un cerebro muy vanguardista”
Gijs van HensbergenNacho Vera / Propias
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  • 01Holandés afincado en Gran Bretaña, profesor de arquitectura, historiador del arte e hispanista, Gijs van Hensbergen pone en contexto la época del visionario Gaudí: desde su infancia en Reus, donde nació en 1852, hasta sus años de fervor creativo en una Barcelona en transformación, donde murió arrollado por un tranvía en junio de 1926.
  • 02La entrevista tiene lugar en el café de La Pedrera, en el entresuelo del edificio también conocido como Casa Milà.
  • 03La antigua planta noble conserva su inmaculado techo de yeso, con formas orgánicas, en sintonía con las líneas onduladas de todo el edificio.
  • 04Y pese al hilo musical y el ir y venir de turistas, la conversación fluye sin problemas.

Holandés afincado en Gran Bretaña, profesor de arquitectura, historiador del arte e hispanista, Gijs van Hensbergen pone en contexto la época del visionario Gaudí: desde su infancia en Reus, donde nació en 1852, hasta sus años de fervor creativo en una Barcelona en transformación, donde murió arrollado por un tranvía en junio de 1926.

La entrevista tiene lugar en el café de La Pedrera, en el entresuelo del edificio también conocido como Casa Milà. La antigua planta noble conserva su inmaculado techo de yeso, con formas orgánicas, en sintonía con las líneas onduladas de todo el edificio. Y pese al hilo musical y el ir y venir de turistas, la conversación fluye sin problemas.

Curiosamente, la Pedrera es, junto con la cripta Güell, la obra favorita de Van Hensbergen, autor de una obra de referencia, Antoni Gaudí. Una biografía, que ha sido reeditada por Taurus con motivo del centenario de la muerte del arquitecto.

¿Cuál es el fogonazo que enciende su pasión por Gaudí?

Cuando tenía ocho años vinimos de vacaciones con mis padres a España, escapando de la lluvia de Inglaterra, donde vivíamos. Eran los sesenta, e íbamos en coche y tardamos cinco días en llegar a Barcelona, donde el vehículo se sobrecalentó en pleno passeig de Gràcia, frente a la Casa Batlló… Mi padre estaba un poco desesperado –cuatro niños en un coche estropeado–, pero nosotros estábamos en la gloria. ¡Habíamos visto una casa de un cuento de hadas! Desde entonces siempre me interesó Gaudí.

Casa Amatller y casa Batlló en el paseo de Gracia de Barcelona
Casa Amatller y casa Batlló en el paseo de Gracia de BarcelonaGetty

Hasta el punto de dedicarse a nivel académico…

Cuando estudiaba en el Courtauld Institute of Art, en la Universidad de Londres, fui uno de los últimos alumnos del espía Anthony Blunt. Recuerdo que me dijo: “Si quieres que te tomen en serio, por el amor de Dios, no estudies arte español, porque no es intelectual; estudia arte italiano o alemán. O quizá francés”. Me alegro de haberle hecho caso omiso, porque me enamoré de Picasso y, un poco más tarde, de Gaudí.

Anthony Blunt, el conservador de la colección de arte de la familia real, fue miembro de los Cinco de Cambridge, un grupo de espías que trabajaron para la Unión Soviética durante la Guerra Fría. ¿Cómo era como profesor?

Increíble. El año antes de que lo descubrieran se bebía una botella y media de whisky al día, pero ni te dabas cuenta. Todavía recuerdo una conferencia suya sobre el Barroco. No llevaba notas. Empezó y durante una hora no habló del Barroco, pero, a veinte minutos del final, empezó a atar cabos. Y al final pensé: “¡Dios mío, ahora sé lo que es el Barroco!”.

Volvamos a Gaudí. Dicen que somos el producto de nuestra infancia. ¿Cómo influyó la de Gaudí en su obra?

Creo que lo fue casi todo para él. Recuerde que padecía artritis infantil, una enfermedad reumática que se cura con la edad, pero que es increíblemente dolorosa. Cuando entraba en remisión podía asistir normalmente a la escuela, pero a veces estaba tan inmovilizado que tenían que transportarle en burro.

Pasó mucho tiempo solo, y, aunque no creo que fuera autista, diría que se encontraba en el espectro de alguien que es un genio con los números. Tenía muchísima capacidad de concentración, y creo que ya tenía un don cuando, con cuatro o cinco años, observaba la naturaleza y veía que, por ejemplo, el girasol tiene la secuencia de Fibonacci.

Antoni Gaudí (al fondo) con su padre (centro), su sobrina Rosa y el doctor Santaló
Antoni Gaudí (al fondo) con su padre (centro), su sobrina Rosa y el doctor SantalóDominio Público

La influencia de la naturaleza es fundamental en su obra…

Creo que se podría decir que aprendió tanto de la naturaleza como de la escuela de arquitectura. Sin embargo, su reverencia por la naturaleza y su capacidad para ver la belleza surgen de manera muy precoz y espontánea. Tampoco creo que de niño pensara ya que la naturaleza era creación de Dios –porque ningún niño de cuatro o cinco años pensaría eso–, aunque, por supuesto, tuvo una educación católica muy tradicional, como la de la España de entonces.

Describe los edificios e interiores de Gaudí como “escenas de una obra de teatro”, pero Gaudí fue un asceta, además de un católico ferviente que, como usted escribe, casi se mató de hambre ayunando una Cuaresma. ¿Cómo explica estas contradicciones?

Aquí está la clásica dicotomía catalana del seny i la rauxa, la sensatez y locura. Pero creo que, en el caso de Gaudí, además de eso tienes a un hombre con un alma medieval y un cerebro muy vanguardista. Y los dos conviven en el mismo cuerpo, en la misma cabeza. No olvidemos que crece durante el período de la renaixença. Gaudí es muy medieval en muchos aspectos: cuando era un chaval, ¡se propuso restaurar el monasterio de Poblet! Así que ya hay una especie de genio casi loco que se embarca en proyectos imposibles a una edad temprana.

Retrato de estudio de Antoni Gaudí hecho por el fotógrafo Leopoldo Rovira 1878 aprox. 
Retrato de estudio de Antoni Gaudí hecho por el fotógrafo Leopoldo Rovira 1878 aprox. Terceros

¿Genio o loco?, se preguntaban. ¿Qué dice usted?

No creo que estuviera loco, creo que era increíblemente obsesivo. Y, en cierto modo, tenía que serlo, porque mucha gente pensaba que estaba loco. Para mí, lo más increíble es que construyera la cripta Güell a partir de una maqueta. ¡Todos en el mundo de la arquitectura –Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch, Sagnier…– se preguntaban qué estaba tramando!

Cuando salieron a la luz los bocetos de la Casa Milà, las críticas fueron muy crueles, todos se burlaban. Hacían falta mucho valor y determinación para seguir adelante. Pero él lo hizo, aunque, por supuesto, tenía una relación extraordinaria con Eusebi Güell: la familia Güell y el apoyo que recibió fueron fundamentales. En realidad, podemos hablar de una obra de dos hombres.

¿Qué habría pasado sin Güell?

Es muy difícil contestar a esta pregunta: los dos se conocieron poco después de que Gaudí se licenciara como arquitecto. Había completado muy pocos proyectos: su tarjeta de visita y su escritorio; un puesto de flores de hierro forjado; un expositor para la Exposición de París de 1878 encargado por la guantería Comella, de Barcelona, y una serie de dibujos para un juego de farolas de hierro forjado. Pero cuando Güell vio el escaparate en París, dijo: “Quiero saber quién ha hecho esto”. El resto es historia, así que si ese encuentro fortuito no hubiera tenido lugar, todo habría sido muy muy diferente.

Gaudí y Eusebi Güell de visita en la Colonia Güell (1910)
Gaudí y Eusebi Güell de visita en la Colonia Güell (1910)Dominio público

Pese a las críticas, en vida Gaudí ya fue reconocido; lo llamaban “una leyenda”. ¿Era eso importante para él?

Creo que debía de tener un gran ego, pero no era vanidoso; por ejemplo, no quería que le hicieran fotos. Era alguien que, en mi opinión, nunca intentó ganarse al público. Pero, por otra parte, tuvo mucha suerte, porque contaba con Güell, así que no creo que tuviera que buscar atención. Simplemente, estaba centrado al 100 % en su trabajo.

¿Podríamos decir que era un adicto al trabajo?

Sí, sin duda. Totalmente. Pero, volviendo a la vanidad: si crees que Dios está actuando a través de ti para construir la Sagrada Familia, eso es, en cierto sentido…

La basílica de la Sagrada Familia en febrero de 2026
La basílica de la Sagrada Familia en febrero de 2026Enric Fontcuberta / EFE

¿El máximo de la vanidad?

Al contrario. En cierto modo, resulta humilde que él se considerara solo un instrumento a través del cual hablaba Dios. Es un tipo de humildad franciscana. Desde luego, al final de su vida no fue vanidoso en su forma de vestir. Cada vez prestaba menos atención a su aspecto, y muchos recordaban los trajes manchados, con los bolsillos deformados y los zapatos sujetados con elásticos.

El día que fue atropellado, según el informe de la compañía de tranvías, el conductor, que fue incapaz de aminorar la velocidad, lo describió como “un vagabundo borracho”. En esos últimos años Gaudí simplemente estaba centrado en la Sagrada Familia; era lo único que le interesaba. ¡Me imagino que habría sido muy aburrido cenar con él! De todos modos, tenía un equipo de arquitectos increíbles (Josep Maria Jujol, Joan Rubió i Bellver…) que le fueron fieles hasta el final.

En su biografía desmonta la idea de que Gaudí fuera una persona hosca y solitaria. De hecho, estaba rodeado de amigos, compañeros de trabajo y, por supuesto, de Eusebi Güell. ¿Le sorprendió descubrir que era bastante sociable?

Sí, me sorprendió. Aunque él mismo dijo: “Tengo un carácter fuerte y a veces me puede”. Podía ser irritable y muy firme en sus opiniones, en parte, porque ya desde muy joven tuvo esa capacidad de decir: “Esto es lo que amo y vivo para ello”. Cuando decía que la arquitectura era su amante, creo que era cierto.

¿Y qué hay de sus mujeres? ¿Hubo alguna importante en su vida?

Estuvo Pepeta Moreu, una profesora, divorciada de su primer marido, que había estado en África, donde vivió una historia al estilo Casablanca (al parecer, tocó el piano en un club para ganarse la vida). Luego volvió a Barcelona, donde trabajó con su hermana en la escuela de la Cooperativa de l’Obrera Mataronense, para la que Gaudí hizo un proyecto que nunca se ejecutó. Cuando la conoció, se enamoró, pero era tan lento y torpe que, para cuando se atrevió a invitarla a un café, ella ya se había vuelto a casar.

Retrato de Antoni Gaudí (1878)
Retrato de Antoni Gaudí (1878)Dominio público

Hay varios proyectos fallidos de Gaudí. ¿Cuál de ellos le gustaría ver construido?

Bueno, creo que el más extraordinario, por supuesto, es su rascacielos en Nueva York. La idea de tener un salón de baile de unos cuarenta pisos… Creo que era una manera de parodiar lo americano, ese: “Todo tiene que ser más grande y mejor”. Las Misiones Católicas Franciscanas de Tánger habrían sido interesantes: son una especie de mini Sagrada Familia.

¿Qué opina sobre que la Sagrada Familia siga construyéndose?

Cuando empecé a escribir el libro, pensaba, como mucha gente decía, que debería dejarse tal cual, como una especie de fantasía romántica, una “folie”. Pero, a medida que avanzaban las obras, he descubierto que es impresionante. Cuando entras, sientes que tu espíritu se eleva. ¡Es asombroso! Creo que es su comprensión del volumen: es extraordinario lo humilde que te sientes, como una pequeña hormiga. El objetivo de las catedrales góticas era crear una ciudad celestial, el paraíso en la tierra, y Gaudí, que amaba el gótico, lo entendió: cuando te paras bajo la fachada de la Natividad y ves esa cortina de piedra, te impresionas. No importa si eres católico, budista, agnóstico o ateo.

Fachada de la Sagrada Familia
Fachada de la Sagrada FamiliaÀlex Garcia / Propias

Picasso –que es otro de sus temas como biógrafo– pidió “mandar al infierno” a Gaudí y a la Sagrada Familia. ¿Se sabe algo más sobre la relación entre esos dos genios?

No creo que se conocieran, aunque me parece fascinante lo mucho que tenían en común: piense que, para Gaudí, ser original era volver a los orígenes, mientras que cuando Picasso salió de las cuevas de Altamira, se supone que dijo: “¿Qué queda por hacer? Lo han hecho todo…”. Creo que eso es algo que comparten. Ambos eran también personas extraordinariamente bien informadas.

Cuando Gaudí estudiaba arquitectura, ya se podían ver los edificios importantes en fotografías, y creo que él tenía esa actitud de “robar”, del mismo modo que Picasso decía que el mejor artista es el mejor cleptómano, que solo hay que saber qué robar. Eso es algo que también tenían en común, aunque, en cuanto a personalidad, eran completamente diferentes. Picasso también vivía para su trabajo, pero a él no le importaba que le fotografiaran; sabía cómo utilizar su imagen y marcar tendencia, mientras que Gaudí era todo lo contrario.

¿Por qué sigue siendo tan admirado? Después de escribir una biografía de casi trescientas páginas sobre Gaudí, ¿ha descubierto su secreto?

Creo que su secreto es lo que tiene en común con Picasso: básicamente, ambos tenían el don definitivo, y no temían probar y experimentar con técnicas e ideas completamente nuevas. Y siempre acertaban. Quiero decir, si miras ese espejo de ahí [señala un espejo en la pared, una reproducción del que Gaudí diseñó para la Casa Calvet, en 1902], ¿no le parece precioso? ¡Es que lo hacía todo bien!

Eva Millet
Eva Millet
Historia contemporánea

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
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ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.