“¡La historia recordará mi nombre! ¡Sidney Applebaum!”. El chiste de la película de Woody Allen Love and death (La última noche de Boris Grushenko en España) tiene gracia porque es cruel. Applebaum se cree capaz de derrocar a Napoleón y vende la piel del emperador antes de cazarlo. Huelga decir que, pese a ser ficción, Allen no hace caer el Gran Corso, ni que Applebaum ocupe un capítulo en la Historia. Paradójicamente, el ficticio Applebaum sí es un nombre histórico de la comedia gracias a Allen.
En la realidad también hay personajes que pasaron a la historia por lo que no hicieron. Desde el cuerpo de Mangas Verdes por su “a buenas horas” hasta Mateo Morral por su fracasado intento —aunque costó 20 vidas— por llegar a la república acabando con la vida de Alfonso XIII.
En realidades históricas menores, ser historia por un fracaso también ocurre. Y el último nombre que se ha añadido a la lista de aquellos que recordaremos por sus errores es el de Elstree Studios, una productora de cine nacida en Londres en 1925 y que tuvo en sus manos una gallina de los huevos de oro. Elstree pudo haber sido dueña de los derechos sobre James Bond, el agente 007 de las novelas de Ian Fleming, pero renunció a adquirirlos por considerarlas “demasiado ridículas”. Y sí, quizá un agente secreto con una radio oculta en el tacón del zapato pueda parecer ridículo, pero también lo es que el personaje de Bond haya generado ingresos de entre 6.500 y 7.000 millones de euros en taquilla.
Elstree Studios no vio “material para el cine” en 007, que consideraba “una historia anticuada al estilo de Fu Manchú”
El mal menor para Elstree Studios es que en su caso no hay un Sidney Applebaum: los informes que desaconsejaron la compra de la obra de Fleming son anónimos. La historia de cómo esta documentación ha llegado a ver la luz también está cuajada de casualidades. Hace 50 años, un historiador aficionado se hizo con ellos tras una tarea de limpieza del archivo de Elstree Studios, que tiró los informes al cubo de la basura. El historiador aficionado tampoco les hizo caso. Una nueva limpieza doméstica los volvió a rescatar. Viendo su valor, los propietarios —también anónimos— los vendieron por una cantidad interesante, pero lejana del rédito que han dejado las películas de Bond, a Carter Rare Books, una librería de Glasgow. En total, ocho novelas de Fleming fueron analizadas y descartadas por Elstree desde mediados de los años 50 hasta 1961.
La textualidad de los análisis, vista desde este 2026, hará que el lector se lleve las manos a la cabeza. Un informe sostiene que las tramas de James Bond son “demasiado cercanas a lo ridículo como para construir una trama cinematográfica que valiera la pena”. Los trabajos de Fleming “no son material para el cine y no tendrían éxito”, añade. 007 contra el Dr. No, se lee en otro de los informes es “básicamente una historia anticuada al estilo de Fu Manchú, a pesar de sus adornos modernos —misiles balísticos, chicas desnudas, etc.—”. Y remata: “Tiene el mérito de un encantador escenario caribeño, pero no encontré convincentes las aventuras del héroe y temo que la historia se tambalee demasiado al borde de lo ridículo como para convertirse en una trama cinematográfica valiosa.”
Los impagables —por lo que costaron a la productora en ingresos no obtenidos— análisis no desanimaron a Fleming, que decidió contactar con otros estudios, Eon Productions, competencia de Elstree, que se lanzaron en 1961 a la producción de 007 contra el Dr. No, estrenada en 1962 con Sean Connery como protagonista y Ursula Andress como primera y canónica chica Bond. Costó un millón de dólares de la época. Recaudó casi 60 millones de dólares en todo el mundo. No hay certeza histórica, pero es probable que alguien en Elstree studios se diera de cabezazos contra la pared en 1962.
El único consuelo para ese empleado de Elstree es que, en aquel 1962, podía encontrar en el mismo Londres a alguien que le entendiera y con el que ahogar las penas. Cuando 007 contra el Dr No se estrenó el 2 de octubre de 1962, un directivo musical llevaba nueve meses padeciendo de sudores fríos por otro histórico error de diagnóstico.
Mike Smith, fallecido en 2011, no cuenta con el beneficio del anonimato. Era productor en Decca Records en aquel 1962, y empezó el año recibiendo en Londres a unos chicos de Liverpool, que iban a participar en una audición para que Smith decidiera si quería contratarlos. Se llamaban John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Pete Best, y eran conocidos como The Beatles. A Smith le satisfizo la audición, pero valoró que hacerse cargo de los gastos de traslado del grupo de Liverpool a Londres no dejaría margen de beneficio. Una frase apócrifa —no hay más registro que testimonios indirectos de que la pronunciara— finiquitó la relación de The Beatles con Decca. “Los grupos de guitarras están pasados de moda”, se cuenta que dijo Mike Smith.
El mismo 5 de octubre de 1962 en el que James Bond llegó a la gran pantalla, The Beatles lanzaron el 'single' 'Love me do'
En agosto de 1962, Parlophone, una filial de EMI, se hizo con los servicios de The Beatles. El 5 de octubre de 1962 —el mismo día en el que se estrenaba 007 contra el Dr. No— se lanzó el primer single del cuarteto de Liverpool, Love me do. El 11 de enero de 1963, Please, please me se convertía en número 2 en ventas, y número 1 de las listas de NME y Melody Maker. Aunque no hay una cifra oficial de ventas totales, un dato parcial ofrece la magnitud del éxito de la banda inglesa: según Recording Industry Association of America, solo en EE.UU. The Beatles han vendido 183 millones de discos desde 1962.
Sidney Applebaum no halló consuelo, pero Elstree Studios y Mike Smith sí. Los primeros participaron, en 1977, en el rodaje de Star Wars, demostrando el criterio que les faltó con 007. O quizá apostaron por Star Wars porque les faltó criterio con 007. Smith fue redimido por un beatle, precisamente. George Harrison le recomendó que fichara a un grupo de Londres. Se llamaban The Rolling Stones.
Y pese a todo, estos males no pertenecen al pasado más lejano. Como muestra, un botón: las editoriales Penguin Books, HarperCollins, Transworld Publishers y Constable & Robinson tienen algo en común. A todos les pareció que el libro sobre un niño mago que vivía entre humanos no era material publicable. El niño mago se llamaba Harry Potter.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.