“Si hace diez años me hubiesen preguntado cómo sería el mundo de hoy, no hubiera acertado en nada”, dice Josep Borrell.
Asistimos en directo, a la velocidad de un tuit, a la desintegración del sistema construido tras la Segunda Guerra Mundial, desintegración que barniza el mundo de distopías. Hoy ocurren cosas que hace diez años nos hubieran parecido irreales. Y mientras Borrell analiza racionalmente la deriva ante las preguntas de Ramon Rovira, Ramon Aymerich y Jordi de Planell, las gotas de futuras distopías se van filtrando en sus respuestas.
¿Hubiéramos imaginado a un exjefe de la diplomacia europea decir que “EE.UU. ya no es una democracia plena”?
¿Alguien hubiera imaginado hace diez años a un exjefe de la diplomacia europea afirmando que “Estados Unidos ya no es una democracia plena”, tal como ayer aseguró Borrell?
¿A alguien le hubiera parecido real que EE.UU. bombardearía Irán masivamente y que, en medio del bombardeo, levantaría sanciones al enemigo para que pudiera vender más petróleo?
“No es sólo el petróleo”, advierte Borrell del bloqueo de Ormuz. “El petróleo está en todas partes, en los móviles, en los fertilizantes, en nuestra vida”.
¿A alguien le hubiera parecido real hace cuatro años, cuando Putin disfrazó la invasión y guerra contra Ucrania como una “operación militar especial”, que un presidente de EE.UU. haría lo mismo, que disfrazaría un bombardeo masivo (el de Irán) también con el nombre de “incursión militar”? “Cambian el nombre de las cosas, pero las cosas son como son”, dice Borrell.
Más gotas de distopía, que la RAE define como representaciones ficticias de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana: “Al inicio de la guerra me preguntaron si Irán nos daría alguna sorpresa militar. Les dije que no. ¡Y han lanzado un misil contra una base británica a 4.000 kilómetros de distancia!”.
“Trump no es tonto, no va a invadir Groenlandia”, dice Borrell, pero duda un segundo y añade: “A ver, quizá mañana la invada y quedo como un...” (tonto).
Y aparece la grieta de todas las distopías, el artículo 5 del Tratado de la OTAN: todos los países deben ayudar a un socio agredido. Pero Borrell advierte que el artículo añade: “... de la manera que consideren oportuna”.
Tal como va la cosa, ¿podemos seguir analizando el mundo con el bisturí de la racionalidad? Josep Borrell lo hace durante una hora y media. Y, mientras analiza, Trump también habla y nos descoloca de nuevo: “No quiero a un estúpido presidir EE.UU.”, dice el presidente.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.