Tras dejar el cargo de primera ministra de Nueva Zelanda en 2023, Jacinda Ardern asumió un puesto en la Universidad de Harvard. Ahora reside en Sídney. La decisión de Ardern de vivir en el extranjero ha tocado un punto sensible entre los neozelandeses, que ya estaban preocupados por los elevados niveles de emigración. La inquietud por la residencia de la ex primera ministra apunta a una tendencia más amplia en todo Occidente. Los políticos se centran en cuántos inmigrantes llegan a su país. Mucho menos se comenta que un número récord de personas está marchándose. El auge de la “economía de los expatriados” tendrá consecuencias profundas.
Los gobiernos hacen un mal trabajo a la hora de registrar a los emigrantes. Durante mucho tiempo, el Reino Unido no contó con controles de salida. Al carecer de un sistema adecuado, Estados Unidos depende de una combinación de datos fiscales, encuestas y métodos indirectos. Sin embargo, la calidad de los datos ha mejorado lo suficiente como para que The Economist haya podido elaborar la primera estimación amplia de la emigración bruta desde Occidente.
Analizamos datos de 31 países, entre ellos Australia, Reino Unido, Canadá y Alemania (aunque no Estados Unidos, donde las estimaciones siguen siendo poco fiables). Seguimos los movimientos de los residentes que se marchan de forma permanente o semipermanente, excluyendo así a turistas y viajeros de negocios. Nuestra mejor estimación es que unos 4 millones de personas abandonaron estos lugares en 2024, lo que supone aproximadamente un 20% más que antes de la pandemia.
Por primera vez en años, más trabajadores tecnológicos estadounidenses se trasladan a Europa que a la inversa
La emigración desde Grecia ha disminuido desde mediados de la década de 2010, ya que la economía griega ha pasado de rezagada en la UE a convertirse en una de las más destacadas. Sin embargo, en la mayoría de los países se han registrado aumentos. En el tercer trimestre de 2025, las salidas desde Canadá fueron un 34% superiores a las de seis años antes. En Nueva Zelanda, la emigración en 2025 fue un 29% mayor que en 2019. En Suecia, el incremento superó el 60%. La oficina de estadística de Italia ha señalado recientemente un “auge de la emigración”. Islandia ha registrado el nivel más alto de la serie histórica. La Brookings Institution, un centro de estudios, calcula que hasta 3 millones de personas dejaron Estados Unidos en 2025, frente a los 2 millones de 2021. Datos del sector privado apuntan a que, por primera vez en años, más trabajadores tecnológicos estadounidenses se trasladan a Europa que a la inversa.
El repunte de la emigración es, en parte, el resultado de la normalización tras el boom migratorio de 2022 y 2023, cuando los países occidentales admitieron a legiones de recién llegados. Muchos de ellos nunca tuvieron intención de quedarse para siempre. Los estudiantes se gradúan. Los trabajadores temporales regresan a sus países de origen. Según los datos de Brookings, las deportaciones masivas de Trump podrían provocar la salida de hasta un millón de personas en 2026, además de los aproximadamente dos millones que se esperaría que se marcharan en condiciones normales. Todas estas personas figuran como emigrantes.
Sin embargo, la mayor rotación entre los extranjeros no es toda la historia. En Irlanda, las salidas de nacionales han aumentado un 29% respecto a 2019. En Nueva Zelanda, han subido un 74%. Nuestro análisis de los datos de la OCDE muestra un fuerte incremento de estadounidenses expatriados, cuyo número ha aumentado un 11% entre 2019 y 2024. La información disponible sobre quién decide irse al extranjero es limitada, pero los datos oficiales de Nueva Zelanda indican que las personas con al menos una titulación universitaria de grado tienen al menos el doble de probabilidades de emigrar en la veintena que quienes no la tienen.
Algunos expatriados occidentales disfrutan de la buena vida en lugares como Dubái. La guerra en el Golfo podría cambiar esa situación. Sin embargo, incluso antes de que comenzaran los combates, la mayoría ya se había mudado a otros lugares de Occidente. Nuestro análisis sugiere que, desde 2019, el número de personas nacidas en países occidentales que viven en otro país occidental ha aumentado en unos 2 millones. Estados Unidos ha acogido más del 40% de ese total; muchos europeos ambiciosos se han desplazado allí para hacer fortuna en el mundo de la inteligencia artificial. Países Bajos ha recibido una proporción destacada en relación con su población. Los datos del Reino Unido son demasiado deficientes para analizarlos adecuadamente. Aun así, Hampstead está ahora lleno de estrellas de Hollywood de primer nivel. ¡Ryan Gosling comprando pan! ¡Rami Malek en un patinete Lime!
Tres factores explican el auge de la economía de expatriados. En primer lugar, la pandemia normalizó el arbitraje geográfico. Una vez que las empresas aceptaron que un empleado podía trabajar desde la mesa de la cocina a tres horas de distancia, ¿por qué no desde más lejos? Las multinacionales estadounidenses de sectores como la consultoría de gestión y técnica emplean ahora a un 36% más de personas en el extranjero que en 2019.
Los impuestos son el segundo factor. En los últimos años, muchos gobiernos occidentales han puesto en marcha políticas “Robin Hood” dirigidas a gravar los ingresos de las personas más ricas. En el Reino Unido, el 1% con mayores ingresos paga un tipo efectivo de impuesto sobre la renta de alrededor del 40%, frente a menos del 35% en la década de 2000. En Estados Unidos, la tasa impositiva efectiva total sobre el 1% más rico, que incluye impuestos federales, estatales y locales, además del impuesto de sociedades, se sitúa cerca de máximos históricos. Especialmente para quienes no prevén seguir entre los grandes contribuyentes durante mucho tiempo, tiene sentido mudarse temporalmente a lugares con una menor carga fiscal.
En tercer lugar, la política también influye. Muchos estadounidenses que pasean tranquilamente por Hampstead no simpatizan con Trump. Muchos británicos que se han mudado a Dubái detestan “la Gran Bretaña socialista de Keir Starmer”. Los canadienses conservadores, que ya llevan once años bajo el gobierno liberal de centroizquierda, buscan alternativas fuera del país. Todo esto apunta a la sensación creciente, compartida entre occidentales de todo signo político, de que el sistema político está roto. Las encuestas muestran una fe decreciente en la democracia. Un estudio publicado el año pasado por Assaf Razin, de la Universidad de Tel Aviv, aporta pruebas sólidas de que “el retroceso democrático tiende a aumentar la emigración”.
Los países de origen pueden salir perjudicados. Cuando un Estado invierte en la educación de los jóvenes y luego los pierde, renuncia a futuros ingresos fiscales. El impacto fiscal es especialmente grave en economías más pequeñas con poblaciones envejecidas. En algunas zonas de Europa del Este, la emigración sostenida ha tensionado las cuentas públicas. La emigración también tiene repercusiones políticas. Un estudio centrado en Europa central y oriental, realizado por Daniel Auer del Collegio Carlo Alberto de Turín y Max Schaub de la Universidad de Hamburgo, sugiere que los emigrantes son más liberales que quienes se quedan en sus países. Su marcha “fue de la mano de un deterioro de la democracia en sus países de origen”.
Por cada país que pierde a una persona inteligente y de mente abierta, otro país la gana. En la última década, el número de estadounidenses que viven en Alemania ha aumentado más de un 60%. Los alemanes han sustituido a muchos de los neozelandeses que se marcharon, siendo ahora un 50% más que a mediados de la década de 2000. Si esas personas consiguen salarios más altos que antes o disfrutan más de su vida, puede que el mundo salga ganando en conjunto. Además, un país que pierde a un expatriado no tiene por qué perderle para siempre.
En Nueva Zelanda, alrededor del 40% de los emigrantes nacidos en el país regresan. Los que vuelven aportan ahorros, ideas, redes de contactos y conocimientos. Incluso quienes no regresan forman parte de una diáspora global interconectada. Quizá eso es lo que tiene en mente Ardern.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.