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Mali tiembla de nuevo ante el terror yihadista

El país no consigue contener la plaga de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y el Estado Islámico, además de grupos separatistas en el norte maliense

Mali tiembla de nuevo ante el terror yihadista
Gente transitando por una calle después de que los insurgentes lanzaran ataques contra bases militares en todo el país, en Bamako, Mali, el 25 de abril de 2026 Aboubakar Traore / Reuters
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  • 01El cerco yihadista se cierra cada día más sobre Mali.
  • 02La ofensiva conjunta de varios grupos armados el sábado en la capital, Bamako, y otras ciudades del país, considerada el mayor ataque coordinado en años, abre un nuevo capítulo en el descenso violento que el país africano vive desde hace más de quince años.
  • 03Gobernado por una junta militar, desde los golpes de estado liderados por Assimi Goïta en 2020 y 2021, el país no consigue contener la plaga de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y el Estado Islámico, además de grupos separatistas en el norte maliense, que ha convertido el Sahel en el epicentro de las muertes por terrorismo mundial.
  • 04La serpiente de dos cabezas autora del ataque de ayer, planeado durante meses, es reflejo de la gravedad de la situación: la ofensiva en Bamako y Kati, a las afueras de la capital, fue liderada por la rama regional de Al Qaeda, Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), mientras que el Frente de Liberación de Azawad (FLA), originariamente sin afiliación yihadista pero que reclama un estado Tuareg en las zonas desérticas del norte, lanzó simultáneamente ataques en ciudades norteñas como Gao o Kidal, pero también más centradas como Mopti.

El cerco yihadista se cierra cada día más sobre Mali. La ofensiva conjunta de varios grupos armados el sábado en la capital, Bamako, y otras ciudades del país, considerada el mayor ataque coordinado en años, abre un nuevo capítulo en el descenso violento que el país africano vive desde hace más de quince años.

Gobernado por una junta militar, desde los golpes de estado liderados por Assimi Goïta en 2020 y 2021, el país no consigue contener la plaga de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y el Estado Islámico, además de grupos separatistas en el norte maliense, que ha convertido el Sahel en el epicentro de las muertes por terrorismo mundial.

La alta capacidad militar del grupo yihadista y su alianza con el movimiento separatista constata el fracaso de Goïta

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La serpiente de dos cabezas autora del ataque de ayer, planeado durante meses, es reflejo de la gravedad de la situación: la ofensiva en Bamako y Kati, a las afueras de la capital, fue liderada por la rama regional de Al Qaeda, Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), mientras que el Frente de Liberación de Azawad (FLA), originariamente sin afiliación yihadista pero que reclama un estado Tuareg en las zonas desérticas del norte, lanzó simultáneamente ataques en ciudades norteñas como Gao o Kidal, pero también más centradas como Mopti. El ataque en la capital incluyó la residencia del ministro de Defensa, Sadio Camara, de 47 años, que resultó muerto.

La alta capacidad militar del grupo yihadista y su alianza con el movimiento separatista tuareg constata el fracaso de la táctica de Goïta, quien tras hacerse con el poder, prometió acabar con el cáncer radical islamista, rompió con Francia, expulsó a las tropas galas por su ineficacia en contener la inestabilidad y recurrió a mercenarios rusos Wagner (ahora Africa Corps) para garantizar su seguridad. No resultó: la espiral de muertes ha aumentado y varias organizaciones humanitarias denuncian masacres perpetradas también por los soldados a sueldo rusos. A inicios del año pasado, el JNIM incluso bloqueó las vías de entrada a la capital y dejó sin combustible a la mayor ciudad del país.

Goïta, en un inicio muy popular entre los malienses por su discurso anticolonialista e antiimperialista, optó por atornillarse en el poder y el julio pasado se proclamó presidente con un mandato presidencial de cinco años, renovable indefinidamente y sin necesidad de elecciones.

Aunque el gobierno maliense asegura haber contenido la ofensiva (ayer se decretó toque de queda nocturno en Bamako y se dispusieron decenas de controles militares en las calles), ha perdido el control de varias zonas del norte del país, donde los grupos armados campan a sus anchas.

Imagen de archivo de militares en Kidal 
Imagen de archivo de militares en Kidal Kendo Tribouillard / AFP

Durante los ataques en Bamako, un grupo de 16 programadores españoles y periodistas, que tomaban parte en un festival y talleres musicales, además de los siete integrantes de la banda indie madrileña Niños Bravos, estuvieron bloqueados en el hotel Massaley de la capital, aunque su vida no corrió peligro y esta noche esperan regresar a España. Javier Zarco, productor de bandas africanas, forma parte del grupo: “Algunos miembros de la comitiva escucharon explosiones de madrugada, yo estaba durmiendo y no escuché nada, pero algunos notaron incluso vibraciones porque el aeropuerto está a unos 15km del hotel. Hubo cierto nerviosimo y preocupación. En mi caso tengo amigos malienses y me trasladan normalidad porque estan acostumbrados”.

Desde la comunidad internacional se sigue con preocupación el declive maliense, que a finales del siglo pasado e inicios de este era un ejemplo de estabilidad y democracia y un destino preferencial de turismo en África. El jefe de las Naciones Unidas, Antonio Guterres llamó a una “acción internacional coordinada para solucionar la amenaza de extremismo violento y terrorismo en el Sahel y a responder urgentemente a las necesidades humanitarias”.

La inacción de los últimos años ha acentuado una degradación que ya afecta a varios países

La inacción de los últimos años ha acentuado una degradación que ya afecta a varios países, especialmente a Burkina Faso y Níger, y prendió tras la muerte de Gadafi en Libia en 2011. El asesinato del líder libio y el caos posterior propició el regreso al desierto de mercenarios bien armados y entrenados que nutrieron movimientos separatistas del desierto y propició el crecimiento de grupos yihadistas, que a su vez secuestraron las reivindicaciones tuareg.

La debilidad gubernamental maliense, que sufrió una ola de golpes de estado, dejó el país a merced de los islamistas, que aprovecharon la desidia del estado para ganar adeptos a su causa entre una población desesperada y se expandieron casi sin oposición por una región extensa, de fronteras porosas y epicentro de negocios beneficiosos como el contrabando de armas o de drogas y vía central de la, también lucrativa, migración hacia Europa.

La caída por el barranco yihadista de Mali, que ha empezado a arrastrar a Burkina Faso y Níger, no se detiene: amenaza ya el norte de países vecinos como Togo, Benín o incluso Costa de Marfil

Xavier Aldekoa
Xavier Aldekoa
Corresponsal en África Subsahariana

Licenciado en Periodismo y eterno estudiante de Ciencias Políticas. Amante de las maletas improvisadas y de abrir bien los ojos al viajar, tengo predilección por África y sus gentes

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.