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El asalto al cielo de Donald Trump o “In God we trust”

Si Trump ha sobrevivido a tres atentados contra su vida ha sido por intervención divina, ya que Dios está de su lado, y es que, huelga decirlo, está en lado correcto de la historia

El asalto al cielo de Donald Trump o “In God we trust”
El asalto al cielo de Donald Trump o “In God we trust” Martin Tognola
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  • 01Los ilusos británicos creen, incluso si cabe después del Brexit, que gozan de una “relación especial” con los estadounidenses, mientras que éstos creen a pies juntillas gozar de la gracia nada menos que de Dios.
  • 02Lo dice bien claro el lema en los billetes de la divisa americana, “Confiamos en Dios”, que se introdujo cuando el dólar perdió el respaldo del oro.
  • 03Es decir, se trata de una fe materialista, eso sí, tan legitima como cualquier otra.
  • 04A lo largo de la historia ha habido emperadores que se creían divinidades.

Los ilusos británicos creen, incluso si cabe después del Brexit, que gozan de una “relación especial” con los estadounidenses, mientras que éstos creen a pies juntillas gozar de la gracia nada menos que de Dios. Lo dice bien claro el lema en los billetes de la divisa americana, “Confiamos en Dios”, que se introdujo cuando el dólar perdió el respaldo del oro. Es decir, se trata de una fe materialista, eso sí, tan legitima como cualquier otra.

A lo largo de la historia ha habido emperadores que se creían divinidades. Destacan los casos de desquiciados emperadores romanos. Durante siglos se atribuía en Europa a los monarcas el poder de sanar ciertas enfermedades, como el escorbuto, con tan solo posar sus regias manos sobre la cabeza del enfermo. Hace poco hizo lo propio Donald Trump en una estampita creado por la IA, que se hizo viral.

Un poco de historia

Hasta 1945, creían los japones en la divinidad de su emperador. Mas tras la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, fue una decepción mayúscula, tal como relata el Nobel Kensaburo Oé, escuchar el mensaje radiofónico del emperador Hirohito, en el que no tan sólo anunció la rendición incondicional del Imperio nipón, sino que incluía su renuncia a la divinidad que le venía atribuyendo su devoto pueblo.

Muerto en 1924, la momia de Lenin se exhibió en la plaza Roja, para que todos los trabajadores de la URRS pudieran despedirse de él. Y allí sigue. Como asimismo la momia de Mao en la plaza de Tiananmen, la de Ho Chi Min en Hanoi, o las del fundador de la dinastía norcoreana Kim Il Sung y la de su hijo Kim Jong Il.

Queda claro que, si Donald Trump ha sobrevivido a tres atentados contra su vida, el último hace una semana, ha sido por intervención divina, ya que Dios está de su lado, y es que, huelga decirlo, está en lado correcto de la historia. Y si declara la guerra contra Irán, es porque es lo que le ordena hacer Dios. Pero es que, si lo mismo piensan los ayatolás y Netanyahu y Putin, Hizbolá y Hamas…, ¿en qué quedamos?

Después de la Reforma puesta en marcha por Calvino en el siglo XVI, europeos católicos y protestantes, todos ellos buenos cristianos, se enfrentaron durante siglos en interminables guerras, hasta que, a partir de la Ilustración, pasaron el testigo a los nuevos y rabiosos nacionalismos, todos ellos convencidos de tener a Dios de su lado, sin olvidar el nacimiento de una nueva fe, el comunismo.

Sería conveniente nunca olvidar que tres de los cuatro padres de la que ahora es la Unión Europea eran católicos, o que ésta diera sus primeros pasos mediante los tratados de Roma, la cuidad eterna, donde Napoleón se autocoronó emperador y, ahora, León XIV, de Chicago, se atreve a oponerse a las agresiones bélicas del presidente Trump. O que por ahí anda también el vicepresidente Vance, recién converso al catolicismo, dándole lecciones de teología al mismísimo Papa.

En fin, si el siglo XX fue el del enfrentamiento a muerte entre ideologías -fascismo contra comunismo-, este siglo XXI, ya tan atiburrado de crisis, guerras, catástrofes y neurosis, va camino de convertirse en el de Dios. Será poque el mundo anda perdido.

Pero, a fin de cuentas, el tsunami de desinformación, mentiras y fake news desatado por Trump, acabará funcionando como un reloj de pulsera en la muñeca de un centurión en una de romanos que un despistado figurante se ha olivado dejar en el camerino. Ese simple descuido no descubierto en la sala de edición es suficiente para convertir a ojos del espectador una millonaria recreación histórica cinematográfica en mero atrezo, en chiste, en un simulacro de pacotilla.

John William Wilkinson
John William Wilkinson
Internacional

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.