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Ramon Aymerich
Redactor jefe de Internacional

Trump se juega el mandato en Pekín

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Actualizado hace 24 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Solo unos minutos después de comenzar la primera reunión de la cumbre entre China y Estados Unidos, Xi Jinping le soltó una  advertencia a Donald Trump sobre Taiwán.
  • 02Si Washington gestiona mal la cuestión de la isla, le dijo, los dos países pueden entrar en “una situación extremadamente peligrosa”.
  • 03Poca broma para los oídos de alguien como Trump, al que China trata con el máximo respeto que merece dándole acceso al Templo del Cielo, entre otros gestos simbólicos.
  • 04Las palabras de Xi revelan la confianza que el presidente chino tiene en su fortaleza.

Solo unos minutos después de comenzar la primera reunión de la cumbre entre China y Estados Unidos, Xi Jinping le soltó una  advertencia a Donald Trump sobre Taiwán. Si Washington gestiona mal la cuestión de la isla, le dijo, los dos países pueden entrar en “una situación extremadamente peligrosa”. Poca broma para los oídos de alguien como Trump, al que China trata con el máximo respeto que merece dándole acceso al Templo del Cielo, entre otros gestos simbólicos.

Trump y Txi Jinping inician su visita al Templo del Cielo
Trump y Txi Jinping inician su visita al Templo del CieloREUTERS/Evan Vucci

Las palabras de Xi revelan la confianza que el presidente chino tiene en su fortaleza. En que, esta vez, las cartas juegan a su favor. Cierto: China tiene problemas demográficos, y las exportaciones de su industria manufacturera no avanzan al ritmo que desearía. Supo hacer acopio de reservas de petróleo para cuando las cosas se pusieran mal en Irán. Pero un día esas reservas se acabarán, y su incomodidad con el cierre del estrecho de Ormuz es grande.

Dicho esto, los ideólogos del Partido Comunista no se han cansado de repetir que China es la fuerza ascendente, la que garantiza la estabilidad mundial frente al aventurerismo de Estados Unidos. Para ellos, la gran potencia occidental está en declive, y Donald Trump, con su aventurerismo y sus decisiones imprevisibles, no hace más que acelerarlo.

Nada más empezar la reunión, Xi le ha advertido a Trump del peligro de no gestionar bien Taiwán

Volviendo de nuevo a la partida de póquer que están jugando,  Trump ha llegado a la cumbre con pocas cartas. Estados Unidos sigue siendo la primera superpotencia, va un año por delante en la carrera de la inteligencia artificial. Pero, después del golpe de mano en Caracas, que tanto le envalentonó, el republicano se ha enfangado en la guerra de Irán, a la que llegó por delirios de grandeza y malinformado por Israel. Hoy la Casa Blanca sospecha que esa guerra no se puede ganar fácilmente, y que eso no hará más que aumentar el rechazo de sus votantes.

Tampoco la economía le da grandes alegrías a Trump. Es cierto que la bolsa está en cotas estratosféricas, dopada por las inversiones de los gigantes de la IA. Sin esas inversiones, el crecimiento es algo más mediocre, y así es como lo viven los sectores más desfavorecidos, los que padecen la inflación en los productos básicos en un país tan desigual. Entre los sectores en peor situación, uno de los que con más entusiasmo ha apoyado a Trump, los agricultores. Por eso Trump confía en que China le dé un respiro comprándole más soja. Y que se comprometa con inversiones industriales en un país en el que la política de aranceles no ha revertido su desindustrialización (como él prometió).

China y Estados Unidos tienen motivos para entenderse. Sus economías son todavía demasiado dependientes. Pero Xi no bajará la guardia. Tiene todavía fresco el recuerdo de los aranceles de hasta el 145% que Trump impuso para frenar sus importaciones. China salió de aquella situación con la amenaza de dejar sin tierras raras y otros minerales estratégicos a la industria estadounidense (y mundial). En octubre alcanzaron en Busan (Corea del Sur) una tregua de un año. La lógica de los negocios indica que deberían renovarla, pero todo dependerá de la confianza mutua que sepan desprender las delegaciones.

China tiene razones para ayudar en el conflicto de Irán, pero no tiene prisa

Trump le pedirá a Xi que le ayude a resolver el entuerto de Irán. Pekín está interesado en que Ormuz se abra. Necesita el petróleo iraní. Pero si la economía le lleva a esa conclusión, político y militarmente lo ve de otra manera. Para Pekín, debe ser Estados Unidos quien haga el mayor esfuerzo para salir del avispero en el que se metió sin consultar a nadie. De haber un acuerdo para que China colabore, será costoso para Washington. Pekín ejerce una gran influencia sobre Teherán. Es su primer cliente y le suministra componentes tecnológicos. Pero China piensa en ser parte activa en la reconstrucción del país, y por lo tanto, apuesta por la supervivencia del régimen. Y, por supuesto, no tiene en mente eliminar el programa nuclear iraní. Es decir, China podría colaborar, pero el resultado tendría un sabor agridulce para Washington.

¿Será Irán la moneda de cambio de Taiwán, la isla que los dirigentes chinos sueñan con unificar con el continente antes de cinco años? Nunca se sabe. Los aliados asiáticos de Estados Unidos (de Corea del Sur a Japón) temen cuál será la reacción de Trump a las presiones de China sobre la isla. En su manera de jugar al largo plazo, Pekín no pide mucho, solo un cambio en el lenguaje de Washington hacia la isla. Quieren que dejen de decir que Estados Unidos “no apoya” la independencia de Taiwán, para pasar a decir que Estados Unidos “está en contra” de la independencia de Taiwán. Parece un matiz, pero es importante. ¿Hasta dónde podría llegar Trump? Nadie lo sabe.

Los aliados asiáticos de EE.UU. temen las reacciones imprevisibles de Trump

Trump ha ido a Pekín con una nutrida expedición de hombres de negocios. Entre ellos, Tim Cook, de Apple, porque es en China donde se construyó la cadena de suministros del iPhone; Elon Musk, que siempre ha codiciado su entrada en ese mercado y Jensen Huang, de Nvidia, de quien los chinos codician sus chips, aunque viaja como invitado personal de Trump. Eso es quizás lo único seguro de esta cumbre: los negocios. Los hombres de la industria tecnológica estadounidense siempre han reclamado un trato preferente de la administración de Washington para ganarle a China la carrera de la IA. Pero es un patriotismo interesado. Cuando se trata de hacer business, son los primeros en olvidar sus compromisos.

En resumen, el presidente estadounidense puede irse de Pekín con una serie de compromisos de inversiones y de colaboración. Pero la furia y el brillo que ha acompañado los primeros meses de este segundo mandato de Trump parecen estar apagándose. La cumbre será un baño de realismo para el presidente y, al final, él también se dará cuenta de que hay alguien más ahí fuera que piensa que puede hacerlo mejor que él.

Ramon Aymerich
Ramon Aymerich
Redactor jefe de Internacional

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Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.