La guerra de Irán amenaza con reactivarse, y con más fuerza que antes.
Este miércoles, la República Islámica ha prometido llevar el conflicto “más allá” de Oriente Medio si es atacada de nuevo por EE.UU. e Israel. Una advertencia que llega un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, asegurara que podría retomar la ofensiva militar contra Teherán esta misma semana si no se llega a un acuerdo duradero de paz.
“Si se repite la agresión contra Irán, la prometida guerra regional se extenderá mucho más allá de la región, y nuestros devastadores golpes os aplastarán”, afirmó la Guardia Revolucionaria iraní a través de un comunicado difundido por medios estatales, en el que también se dice que Teherán todavía no ha desplegado “todo el poder de la revolución islámica”.
Estas declaraciones hacen temer por la continuidad del alto el fuego pactado hace seis semanas por Washington y Teherán, y evidencian que el conflicto está lejos de cerrarse. De hecho, las conversaciones para poner fin a la guerra se han estancado, ya que ninguna de las partes parece dispuesta a ceder en sus exigencias.
Irán presentó esta semana una nueva propuesta de paz a EE.UU. para dar un nuevo impulso a las negociaciones, pero en ella se repiten demandas previamente rechazadas por la Administración Trump, como la exigencia de mantener el control del estrecho de Ormuz, la compensación por los daños sufridos durante la guerra, el levantamiento de las sanciones, la liberación de los activos congelados y la retirada de las tropas estadounidenses desplegadas en la región.
Todo esto parece inasumible para la Casa Blanca, que por su parte reclama a Irán que entregue todo su uranio altamente enriquecido, la limitación de su programa nuclear, la renuncia a compensaciones económicas y la reapertura total e inmediata de Ormuz.
Ante esta situación de estancamiento, Trump, un hombre poco amigo de las negociaciones largas, siente la tentación de reactivar la vía militar para doblegar a Irán, pero no está nada claro que eso vaya a servir de algo. Desde que comenzó la guerra el pasado 28 de febrero, la República Islámica ha demostrado una gran resistencia. Ni los constantes bombardeos ni la decapitación de gran parte de la cúpula política y militar parecen haberle hecho mella. Todo lo contrario: el régimen de los ayatolás se ha endurecido, y ha logrado internacionalizar el conflicto mediante sus ataques contra los países del Golfo y el bloqueo de Ormuz.
Según la inteligencia estadounidense, Irán todavía conserva gran parte de su arsenal de misiles, así como el acceso a la mayoría de sus instalaciones militares clave. Una información que contradice las palabras de Trump y el Pentágono, que aseguran que el ejército iraní fue arrasado durante la operación Furia Épica.
De esta manera, el régimen de los ayatolás contaría con recursos suficientes para escalar el conflicto si así lo desea. Pero ¿qué acciones podría llevar a cabo?
Los analistas creen que, en caso de sufrir una nueva agresión, es muy posible que Irán opte por atacar el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, y por donde transita un 12% del comercio marítimo mundial. El bloqueo de esta vía, sumado al de Ormuz, supondría todo un golpe a las finanzas globales. Para llevarlo a cabo, Teherán podría recurrir a los hutíes del Yemen, milicia proiraní que en los últimos años ya ha demostrado su capacidad para impedir el paso de embarcaciones por la zona.
Asimismo, Irán seguramente podría intensificar sus ataques contra los países del Golfo, los cuales ya fueron objeto de represalias nada más estallar la guerra. La duda es si, en caso de ser agredidos de nuevo, estos estados decidirían sumarse abiertamente a las hostilidades, contribuyendo así a la escalada de un conflicto que ya ha dejado cicatrices profundas en Oriente Medio.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.