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Internacional Baúl de bulos

Algunas lecciones canadienses para navegantes

Todo indica que no habrá un quinto Beatle en el monte Rushmore.

Algunas lecciones canadienses para navegantes
Ilustración de Martín Tognola para el Baúl de bulosLVE
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Actualizado hace 14 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Son cuatro los presidentes representados en las monumentales esculturas del monte Rushmore, en el estado de Dakota del Sur, que son: George Washinton, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt (no confundir con Franklin D.
  • 02Roosevelt) y Abraham Lincoln, por ser fundadores o haber expandido las fronteras de la nación.
  • 03Si no está Eisenhower, quien proclamó en 1959 Hawái el 50º estado, es porque llegó tarde: los trabajos en la obra terminaron allá por el 1941.
  • 04Allí quiere figurar también para la posteridad Donald Trump, y la mejor manera de conseguirlo es añadiendo otro estado, el 51º, a la unión, que podría ser, y ya lo ha dicho, Canadá.

Son cuatro los presidentes representados en las monumentales esculturas del monte Rushmore, en el estado de Dakota del Sur, que son: George Washinton, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt (no confundir con Franklin D. Roosevelt) y Abraham Lincoln, por ser fundadores o haber expandido las fronteras de la nación. Si no está Eisenhower, quien proclamó en 1959 Hawái el 50º estado, es porque llegó tarde: los trabajos en la obra terminaron allá por el 1941.

Allí quiere figurar también para la posteridad Donald Trump, y la mejor manera de conseguirlo es añadiendo otro estado, el 51º, a la unión, que podría ser, y ya lo ha dicho, Canadá. Sería un hito histórico impresionante: toda Norteamérica desde río Bravo hasta el Ártico formaría una inmensa, poderosa y única nación. Sólo hay un impedimento: la mayoría de los canadienses no quiere ni oír hablar de semejante disparate.

Y, por ahora, lo único que ha conseguido, además atizar el rechazo de sus vecinos del norte, es despertar el interés de medio mundo por un país poco inclinado a destacar en reyertas internacionales o llamar la atención más allá de su pacífica manera de estar en el mundo.

Canadá es una monarquía constitucional -el jefe de Estado es el rey Carlos III de Inglaterra- basada en unos valores irrenunciables, una seguridad social universal, una casi aceptable, aunque siempre mejorable tasa de desigualdad, el rechazo a la pena de muerte, una envidiable calidad de vida y una cultura política proclive al consenso. Es decir, en vez de ser engullido por Trump como el 51º estado, bastante más fácil sería que se convirtiera en el 28º estado miembro de la Unión Europea, si así lo decidiese la mayoría de sus ciudadanos, como parece ser el caso. Y lo más seguro es que serían recibido con los brazos abiertos por la mayoría de los europeos.

Ahora bien, Canadá, como cualquier otro país, también tiene su lado oscuro, empezando por su inconfesable historia en cuanto a su relación con los pueblos indígenas, que, tras ser escondida durante mucho tiempo, poco a poco va subiendo a la superficie, y es todo menos bonita.

Quien puso Canadá en el mapa fue Pierre Trudeau, premier durante los años setenta y primeros ochenta. Carismático y dotado con una sólida formación intelectual, además de logar sortear los embistes de la Administración de Ronald Reagan, tuvo el coraje de abordar el creciente movimiento quebequense a favor de separarse del resto del país. Sostuvo que los seis millones de canadienses franceses -así los llamaban- deberían poder sentirse en casa en cualquier rincón de la nación. Y se puso manos a la obra.

Aun así, ha habido dos refrendos sobre esta cuestión, el primero en 1980 y el segundo 15 años más tarde; en ambos la mayoría votó en contra; eso sí, en el segundo, por los pelos. Mas desde entonces se han desinflado considerablemente las ansias separatistas de los quebequenses. Como dijo el humorista local Yvon Deschamps tras la segunda derrota de 1995, lo que en el fondo buscaban sus compatriotas separatistas no era otra que un Quebec independiente dentro de un fuerte Canadá unido.

Bowling for Columbine (2002), el polémico documental de Michael Moore, mostró las enormes diferencias sociales y culturales que separan el multicultural y liberal Canadá de unos Estados Unidos inmersos en la violencia, la inigualdad y enfrentamientos raciales.

Aun así, el conservador Stephen Harper, premier entre 2006 y 2015, intentó americanizar su país, mientras Obama se esforzaba por “canadizar” el suyo. Al iniciar Trump su primer mandato con ganas de doblegar la voluntad de Ottawa se las tuvo que ver con el joven y apuesto liberal Justin Trudeau, hijo de Pierre, que dejó claro desde el primer momento que no daría su brazo a torcer.

El segundo mandato de Trump ha coincidido con el premier liberal Mark Carney, que lejos de amilanarse ante los designios de Washinton, no esconde su acercamiento a la UE, máxime ahora que la OTAN anda grogui. En su muy aplaudido discurso a principios de mes ante la Comunidad Política Europea lo dejo bien claro: “Es mi firme opinión personal que el orden internacional será reconstruido, pero se reconstruirá a partir de Europa”.

Se trata de valores, valores compartidos también por otros países de la Commonwealth como Australia o Nueva Zelanda, por no hablar del Reino Unido. Sería una ironía mayúscula que Canadá fuera aceptado como nuevo miembro del club privado que los británicos abandonaron con su demencial Brexit. En fin, todo indica que no habrá un quinto Beatle en el monte Rushmore.

John William Wilkinson
John William Wilkinson
Internacional

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.