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Internacional Guerra en Oriente Medio

Emiratos Árabes saca las garras

El país se aleja de sus vecinos del Golfo con su apuesta por la confrontación con Irán y la alianza con Israel

Emiratos Árabes saca las garras
Estand de una empresa de armamento en la feria de defensa IDEX, celebrada el año pasado en Abu DabiAnadolu / Getty
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  • 01Cuando empezó la guerra de Irán, los países del Golfo parecían un bloque homogéneo.
  • 02Nadie quería tener nada que ver con la ofensiva de Estados Unidos e Israel; la contención era la norma.
  • 03Pero, a medida que ha avanzado el conflicto, esa imagen de unidad se ha resquebrajado.
  • 04Las petromonarquías no han logrado mantener una posición común ante un régimen que no ha dudado en lanzar sus drones y misiles contra ellas,  y que está estrangulando su economía  con el bloqueo de Ormuz.

Cuando empezó la guerra de Irán, los países del Golfo parecían un bloque homogéneo. Nadie quería tener nada que ver con la ofensiva de Estados Unidos e Israel; la contención era la norma.

Pero, a medida que ha avanzado el conflicto, esa imagen de unidad se ha resquebrajado.

Las petromonarquías no han logrado mantener una posición común ante un régimen que no ha dudado en lanzar sus drones y misiles contra ellas, y que está estrangulando su economía con el bloqueo de Ormuz.

Hoy, cada Estado busca su fórmula para salir de la crisis. Por un lado, están los más conciliadores, como Omán y Qatar, que mantienen canales abiertos con Teherán. Por otro, los que se mueven entre el diálogo y la disuasión, como Arabia Saudí, que apoya la mediación de Pakistán al mismo tiempo que trabaja para fortalecer sus capacidades defensivas. Y luego está Emiratos Árabes Unidos, el país que parece más dispuesto a la confrontación.

Convertida en el principal blanco de las represalias iraníes –ha recibido cerca de 2.730 ataques, más que Israel–, la federación de siete territorios liderada por el emir de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed, ha adoptado el papel de halcón, y ha sacado las garras. 

Emiratos no solo cuestiona la vía diplomática –ha castigado a Islamabad por su labor de mediador, exigiéndole el reembolso de un depósito milmillonario–, sino que emplea sin complejos un tono belicoso para referirse a Irán, acusándolo de piratería y de terrorismo, y amenazando con emprender acciones militares si lo considera necesario. Así lo advirtió el Ministerio de Exteriores emiratí el pasado sábado, en un comunicado en el que se leía que el país “se reserva plenamente sus derechos” para responder a cualquier hostilidad.

De hecho, según han revelado recientemente medios estadounidenses, Emiratos ya ha llevado a cabo varios ataques contra Irán desde que comenzó la guerra –entre ellos, el bombardeo contra una refinería en la isla de Lavan–, e incluso intentó persuadir al resto de estados del Golfo para lanzar una ofensiva conjunta contra Teherán en los primeros días de conflicto. La negativa de sus vecinos a sumarse a esa iniciativa bélica supuestamente fue muy mal recibida por Abu Dabi, y abrió una brecha que en las últimas semanas se ha hecho visible: ahí está la decisión de Emiratos de abandonar el cártel petrolero de la OPEP tras casi seis décadas, o la renuncia de Bin Zayed a asistir a la cumbre extraordinaria del Consejo de Cooperación del Golfo convocada a finales de abril para abordar la crisis iraní.

La actitud de Emiratos puede haber sorprendido a muchos, sobre todo si se tiene en cuenta que en los últimos años Abu Dabi había apostado por cierto acercamiento a Irán, pero es coherente con las aspiraciones de un país que se resiste a que le dicten la agenda. 

“Emiratos se considera un líder regional, y se sentía limitado por el liderazgo saudí en el Golfo. Desde hace tiempo, persigue una política exterior más independiente”, explica vía correo electrónico la analista Dina Esfandiary, experta en Oriente Medio.

Si años atrás Emiratos buscaba extender su influencia sobre todo a través del poder blando y los intercambios económicos, con los resplandecientes rascacielos de Dubái como gran símbolo de esa estrategia, en la última década y media, coincidiendo con el fin de la primavera árabe, ha virado hacia una línea más dura, mostrándose dispuesto a recurrir a la fuerza para proteger sus intereses. Así se ha visto en guerras como las de Libia, Yemen, Siria o Sudán, en las que Emiratos ha intervenido enviando a su ejército o de manera encubierta, prestando apoyo a milicias locales. Una hiperactividad militar que le ha valido el apodo de la pequeña Esparta, y también algunos roces con su vecino saudí.

Para desplegar esta política exterior tan agresiva, más propia de una gran potencia que de un país del tamaño de Andalucía que cuenta con poco más de un millón de habitantes nacionales, Emiratos ha tejido una extensa y variada red de alianzas estratégicas. En el centro de esa red está EE.UU., con el que Emiratos tiene un pacto de defensa que garantiza la presencia de tropas estadounidenses en tres bases militares y compras masivas de armamento.

Precisamente, el acuerdo con Washington explica el ensañamiento de Irán contra Emiratos en la actual guerra, aunque hay otra alianza que todavía enfurece más al régimen de los ayatolás: la de Israel.

Abu Dabi empezó a estrechar lazos con Tel Aviv en el 2020, cuando Emiratos se convirtió en el primer país del Golfo –junto con Bahréin– en sumarse a los acuerdos de Abraham, la iniciativa de Donald Trump para normalizar las relaciones entre Israel y el mundo árabe. Con la guerra, esa cooperación se ha intensificado hasta niveles inauditos.

Desde el inicio de las hostilidades, Emiratos ha recibido todo tipo de asistencia militar por parte de Israel, incluyendo el acceso al sistema de defensa Cúpula de Hierro, empleado para repeler los ataques aéreos de Teherán. Es más, el Gobierno israelí aseguró hace unos días que, en plena ofensiva contra Irán, el primer ministro Beniamin Netanyahu llegó a visitar Emiratos para reunirse con Bin Zayed. Una revelación que causó gran incomodad en Abu Dabi, que se apresuró a desmentir la información.

El presidente de Emiratos, Mohamed bin Zayed, el pasado 7 de mayo
El presidente de Emiratos, Mohamed bin Zayed, el pasado 7 de mayoEFE

No en vano, la alianza con Israel es uno de los elementos que genera mayor fricción entre Emiratos y el resto de países del Golfo. “Eso es algo que está generando un rechazo creciente en distintas partes del mundo árabe”, dice Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, con sede en Madrid. “Emiratos está sufriendo un daño reputacional por volcarse con las posiciones del actual Gobierno israelí, acusado de cometer crímenes de guerra y genocidio”, añade este analista, quien considera que Abu Dabi está haciendo una “apuesta muy arriesgada”.

Dina Esfandiary coincide: “Las repercusiones [de la alianza entre Israel y Emiratos para la unidad del Golfo] ya se dejan sentir. Aparte de Bahréin, los otros países árabes ven a Israel como una amenaza igual, si no mayor, que la de Irán. Y cuanto más se prolongue la guerra, más se notará esta división”.

Emiratos no parece dispuesto a renunciar por ahora a su relación con Israel, un socio que le ofrece seguridad y capacidades de defensa avanzadas en un momento en el que EE.UU. ha dejado de ser un aliado fiable. La cuestión es si el paraguas israelí le bastará para evitar daños severos en caso de que se reinicie la guerra. Irán ya ha avisado: si es agredido de nuevo, la respuesta será terrible. Y, por muy bien armado que esté, Emiratos sigue siendo un blanco fácil, debido a su ubicación geográfica. “Su entorno es el que es –dice Amirah Fernández–, y ahí tendría muchísimo que perder”.

Daniel R. Caruncho
Daniel R. Caruncho
Internacional

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.