Algún juez español con mala uva, si inspeccionara las finanzas de Tony Blair, lo situaría tal vez como cabeza de una trama ilegal de compañías privadas, consultorías y fideicomisos que, utilizando su influencia como ex primer ministro británico ganador de tres elecciones, le ha permitido enriquecerse del orden de unos cuarenta millones de euros tras dejar el cargo, y disponer una amplia cartera inmobiliaria de pisos en Londres y propiedades en el campo. De joyas, nadie ha dicho nada.
En cualquier caso esto es el Reino Unido, no España, y aunque la prensa de investigación ha revelado el cobro por su Instituto de Estudios Globales de unos 150 millones de euros donados por un magnate del sector de la alta tecnología, nadie le acusa de nada ilícito, por mucho que defienda los intereses de las empresas que fomentan la inteligencia artificial. Potencialmente de dudosa moralidad, pero no ilegal.
Cree que el Brexit ha sido nocivo pero que Londres negociaría ahora con la UE desde una posición muy débil
Desde esa atalaya, Blair se ha permitido entrar en la pugna por el liderazgo laborista criticando a Keir Starmer y todos los aspirantes a su trono, denunciando el abandono progresivo de la tercera vía y la falta de ideas, pontificando sobre la necesidad de mantenerse en el centro, y pidiendo una aproximación a Trump “para que Gran Bretaña no se vaya a la segunda división de las naciones”.
En un documento de 5.700 palabras elaborado por su instituto (el que recibe las donaciones de multimillonarios de Silicon Valley próximos a Trump), Blair concluye que Londres debería haberse apuntado con entusiasmo a la guerra de Irán como él hizo con la de Irak (su perdición), recortar el estado de bienestar, las pensiones y el salario mínimo, abrazar la inteligencia artificial como “la nueva Revolución Industrial”, revertir la reforma laboral, abandonar los objetivos de energía verde, volver a extraer petróleo y gas del mar del Norte, reducir los impuestos a las empresas y adoptar políticas más business friendly para estimular la economía.
“Blair no sabe de lo que habla, vive en una burbuja, se le ha pasado el arroz, desde que dejó el poder ha hablado con más presidentes de Estados Unidos que con votantes laboristas”, ha respondido un diputado de la Cámara de los Comunes al desafío del ex primer ministro. Andy Burnham, considerado el favorito para suceder a Starmer si primero gana el 18 de junio el escaño vacante por Makerfield, lamenta que en su perorata “no diga ni una sola palabra sobre la justicia social”.
Pero a Blair, preocupado por defender su legado de eliminar el marxismo de los principios fundacionales del Labour y pretender situarlo en el centro derecha del escenario, lo que le espanta precisamente es la perspectiva de más impuestos y más endeudamiento público con fines redistributivos. “Ese tipo de políticas llevarían a la ruina electoral y pondrían en peligro el futuro del partido”, señala en su análisis.
Aunque en su día criticó el Brexit y todavía cree que ha sido muy nocivo, piensa que “no es el momento de renegociar con la Unión Europea desde una posición de debilidad extrema”, y que en cambio “es vital que Estados Unidos nos considere un aliado fiel e incondicional” que se apunta a sus guerras sin cuestionarles, aunque la opinión pública esté en contra. “Reparar las elecciones con Trump (con quien él se lleva muy bien y le aconseja sobre Gaza y el Oriente Medio) es una prioridad absoluta”, señala.
Burnham ha atribuido los problemas del país a “cuarenta años de neoliberalismo” que incluirían los tres mandatos de Blair, las privatizaciones y su decisión de que el sector privado participe en la gestión de la sanidad pública y otros sectores estratégicos. Su plan de gobernanza, conocido como el manchesterismo por haber sido alcalde esa ciudad, aboga por la nacionalización de la energía, el agua y el transporte, la descentralización política, dureza en inmigración para frenar la llegada de solicitantes de asilo en pateras y el desmantelamiento del thatcherismo. Blair se lleva las manos a la cabeza. “Ningún país serio gasta más en ayudas por incapacidad que en defensa”, alega.
Blair se ha hecho de oro aconsejando a bancos, multinacionales y gobiernos extranjeros. Nada ilegal, pero su buena fortuna es que no cae bajo la jurisdicción de ningún juez español que le quiera buscar las cosquillas.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.