Si la política británica fuera una película de terror (y la verdad es que con frecuencia lo parece, incluso aspirante al Óscar), su título sería El zombie y el fantasma . Porque a los célebres zombis de La noche de los muertos vivientes hay que añadir el de Keir Starmer como residente de Downing Street (a la espera de ser guillotinado), y a los fantasmas famosos como el de la ópera, el de Ana Bolena que pulula por la Torre de Londres, el del holandés errante o el de Abraham Lincoln en la Casa Blanca, hay que sumar ahora el de Peter Mandelson.
La publicación de más de mil quinientos watsaps, transcripciones de conversaciones telefónicas y documentos oficiales relacionados con el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington han debilitado aún más si cabe al actual primer ministro, cuyo nombre no aparece misteriosamente por ninguna parte como si no se hubiera implicado para nada en una decisión tan trascendental, como si hubiera tenido buen cuidado de no dejar huella, o como si fuera uno de esos seres etéreos del cine de miedo.
Lo que sí aparecen por todas partes son las críticas de Mandelson al Gobierno que le estaba dando una nueva vida después de haber sido cesado de dos anteriores administraciones laboristas, como si con él no fuera eso de que “de bien nacido es ser agradecido”. Comenta que Starmer “carece de brío”, y “pareciera que siempre acaba en el plan B”, o que “Downing Street se haya sin rumbo y asediado”.
Mandelson, de la cuerda de Blair y del ala derecha probusiness del partido, lamenta la falta de medidas para estimular la economía, pide una actitud “más trumpista” y califica de “histérico” al exministro de Sanidad Wes Streeting (uno de los aspirantes a relevar a Starmer) por escandalizarse sobre lo que está haciendo Israel en Gaza y la situación humanitaria en la franja. “Le vendría bien una dosis de realismo político –comenta–, es como si le hubiera llegado antes de tiempo la crisis de la mediana edad”.
Mandelson criticó al 'premier' laborista en lugar de estar agradecido por su nuevo rol tras dos ceses en administraciones previas
Los conservadores han mostrado su suspicacia por la ausencia de referencias a lo que opinaba Starmer o a lo que otros miembros del Gabinete pensaban de sus decisiones, sugiriendo que la publicación de los documentos está más censurada de lo que se ha dado a entender. Ya se había advertido que, por razones de seguridad nacional y para no complicar aún más la delicada relación con Estados Unidos, no saldría a la luz ningún comentario de miembros del Gobierno o funcionarios sobre lo que les parece Trump.
Los responsables de prensa de la Casa Blanca han respondido a las sospechas tories con sorna, diciendo que el primer ministro no se pasa el día delante del ordenador, la tableta o el móvil comentando sus decisiones. En cualquier caso, es curioso, dado el grado de conflictividad del nombramiento de Mandelson y la recomendación por parte de los servicios de seguridad de que no fuera realizado, que Starmer en ningún momento hiciera preguntas oficiales sobre el caso que dejaran una huella documental susceptible de ser eventualmente utilizada en su contra.
De hecho, los papeles publicados ayer indican que las advertencias sobre las relaciones de Mandelson con China, Rusia y el pedófilo Jeffrey Epstein cayeron en saco roto, y el Foreign Office no tomó ninguna medida antes de dar luz verde a su nombramiento como embajador ante la corte de Donald Trump, a quien admiraba. Pero el presidente, que no es tímido en sus comentarios, dejó en cambio claro que no quería saber nada de él.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.