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Ramon Aymerich
Redactor jefe de Internacional

La diplomacia amateur de Trump

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Actualizado hace 8 h Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01La política exterior de EE.UU. prescinde de los diplomáticos y ha depositado toda su confianza en los amigos del presidente, que practican una política sin principios en la que se presiona al más débil y se postergan los temas difíciles.
  • 02Steve Witkoff, promotor inmobiliario, financiero, y una de las personas en las que más confía Donald Trump para resolver los grandes conflictos internacionales, confiesa que mira documentales en Netflix para informarse de las cuestiones que trata.
  • 03En las reuniones, sean con Putin o Netanyahu, no toma notas.
  • 04Se lo guarda todo en la cabeza y se lo cuenta después al jefe por teléfono.

La política exterior de EE.UU. prescinde de los diplomáticos y ha depositado toda su confianza en los amigos del presidente, que practican una política sin principios en la que se presiona al más débil y se postergan los temas difíciles.

Trump en su visita al complejo de Zhongnanhai, en Pekín
Trump en su visita al complejo de Zhongnanhai, en PekínCasa Blanca via X / EFE

Steve Witkoff, promotor inmobiliario, financiero, y una de las personas en las que más confía Donald Trump para resolver los grandes conflictos internacionales, confiesa que mira documentales en Netflix para informarse de las cuestiones que trata. En las reuniones, sean con Putin o Netanyahu, no toma notas. Se lo guarda todo en la cabeza y se lo cuenta después al jefe por teléfono. Pasadas unas horas, el presidente cuelga un post en Truth Social y explica al mundo lo que ha pasado. O lo que él cree que ha pasado. O, simplemente, lo que quiere.

Robert Kaplan, que además de periodista trabajó en la administración de EE.UU. en los años 90, explica que la mayor parte de las decisiones que se toman entre países no aparecen en los medios. Se quedan en los despachos de los diplomáticos y algún día, no todas, se hacen públicas. Pero eso era antes de Trump. Con él, las cosas fluyen de otra manera.

El reciclaje de hombres de negocios en la política exterior estadounidense ha sido una práctica frecuente. El financiero Joseph P. Kennedy fue embajador de Franklin D. Roosevelt en Londres; el banquero John L. Loeb, de Ronald Reagan en Copenhagen; Ross Perot, el rey de los cajeros automáticos, trabajó en los 90 en operaciones encubiertas para liberar a marines estadounidenses de Irán.

Pero la dimensión que ha alcanzado este fenómeno en el segundo mandato de Trump no tiene precedentes. Como tampoco la presencia de familiares y amigos del presidente en lugares clave de la política exterior. Las grandes crisis son para Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente. La política africana la lleva el padrastro de Tiffany Trump, Massad Boulos, hombre de negocios libanés; Tom Barrack, confidente del presidente, es embajador en Turquía y quien gestiona sus intereses en Oriente Medio; Susie Wiles, secretaria de la Casa Blanca, es la mujer a la que recurre Corea del Sur, y Masayoshi Son, fundador de SofBank, el intermediario de Japón.

Las negociaciones con Irán aburren a Trump, que ha dicho ya seis veces que el acuerdo está al caer

En la diplomacia de Trump lo importante es estar lo más cerca posible del jefe. Que se te ponga al teléfono. Cuando Estados Unidos garantizaba seguridad, mares abiertos y finanzas estables, los técnicos eran importantes. Hoy, en un mundo sin principios compartidos, los enviados especiales están ahí para representar al jefe e informarle. El Consejo Europeo de Relaciones Exteriores ha identificado los patrones de funcionamiento de esos intermediarios: “Presionar primero a la parte más débil... postergar los temas difíciles e implementar acuerdos a través de redes personales”.

Kushner afirmó en marzo en una conferencia de inversores en Miami que considera que “la paz no es tan diferente de los negocios”. Para él, “ambos son rompecabezas, y trato de abordar cada desafío como un rompecabezas que hay que resolver”. Son afirmaciones que agradan a Trump, que gestiona la agenda exterior de la misma manera que sus negocios. En ella, la falta de experiencia es una virtud. El presidente aborrece a los diplomáticos, máximos representantes de una elite especializada a la que detesta. Como tampoco gustan al movimiento conservador que lo ha llevado al poder ni a los grandes empresarios de las Big Tech, que prefieren ir por su cuenta en asuntos de geopolítica.

La purga de diplomáticos del Departamento de Estado no tiene precedentes. En diciembre de 2025, una treintena de embajadores fueron llamados a Washington EE.UU. tiene 195 embajadas en el mundo; de ellas, 115 están vacantes y su funcionamiento ha quedado en manos de los encargados de negocios. El panorama en algunas regiones es elocuente. Cinco de los siete países limítrofes con Irán no tienen embajador. Tampoco cuatro de los seis estados del Golfo. Los recortes han llegado también al Consejo Nacional de Seguridad, donde los expertos han pasado de centenares a decenas. Su trabajo, según han publicado medios estadounidenses, es estar pendientes de una pantalla en la que aparecen los mensajes de Trump en Truth Social .

La conversión de la red social de Trump en su altavoz planetario desconcierta a los países. Y la ausencia de especialistas en los momento clave fomenta errores. En la cumbre que Estados Unidos y China celebraron en Pekín en mayo, el protocolo chino sentó a Trump en una silla más pequeña y más baja que la del presidente chino. Para la diplomacia transaccional del entorno de Trump, el detalle pasó inadvertido. Para quien sabe leer ese tipo de escenas, el mensaje era claro.

La falta de experiencia es un valor, lo importante es poder llamar al jefe y que se te ponga

En Iran, la nueva diplomacia ha mostrado sus límites. En las reuniones que Witkoff y Kushner mantuvieron en Ginebra hasta horas antes del ataque a Teherán el 28 de febrero, el primero no entendió lo que le estaban contando sobre el uranio enriquecido. Horas después, y para perplejidad de los iraníes, EE.UU. bombardeaba el complejo en el que se encontraba Ali Jamenei y lo mataba.

“El estilo de negociación iraní se conoce generalmente en el mundo como el ‘ estilo bazar ’, que significa negociación continua e incansable”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi en sus memorias en 2025. “Este método requiere paciencia y tiempo. El que se cansa y aburre rápidamente perderá”. Y Trump se aburre. Se aburre mucho. Da marcha atrás en sus decisiones. Obsesionado con alcanzar un acuerdo rápido, ha dicho media docena de veces que Irán está a punto de firmarlo, lo que resta valor a la palabra del presidente. Mientras, el estrecho de Ormuz sigue cerrado.

Ramon Aymerich
Ramon Aymerich
Redactor jefe de Internacional

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Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.