En el cierre de campaña electoral de Roberto Sánchez el jueves en el viejo centro de Lima, se palpó un optimismo ausente hace solo dos semanas. Sonaban las cadenciosas cumbias del Cuarteto Continental. Ondeaban las banderas blancas de Juntos por el Perú, mientras mujeres vestidas de traje regional desfilaban entre los puestos de hígado frito y arroz chaufa.
Pero la imagen más significativa para las elecciones del domingo, proyectada en el escenario, era la de Sánchez y Pedro Castillo, el expresidente, encarcelado en diciembre de 2022 tras intentar cerrar un Congreso que saboteaba sus reformas. Ambos con sombreros blancos de campesino.
“Al presidente Castillo lo mantienen ahí secuestrado dentro de Barbadillo”, dijo Viviana Vargas, en referencia a la cárcel en las afueras de Lima donde Castillo permanece en un país que ha tenido nueve presidentes en diez años, cinco de ellos condenados a prisión. “Es una injusticia que Roberto Sánchez va a solucionar”.
El ambiente preelectoral ha cambiado en una semana. En las últimas encuestas públicas realizadas hace 15 días, Keiko Fujimori, hija del difunto expresidente autoritario, en su cuarto asalto a la presidencia, ganaba en intención de voto por varios puntos. Sánchez, que solo consiguió el 11% de los votos en la primera vuelta frente al 16% de Fujimori, no había generado mucho entusiasmo.
“Lo importante no es la diferencia sino la tendencia a favor de Sánchez”
En el cierre de su propia campaña el jueves en el Estadio Monumental en las afueras de Lima, Fujimori, vestida del rojiblanco de la bandera peruana, intentaba mantener el aura de ganadora. Hizo lo posible para relanzarse como la candidata de la reconciliación nacional. “¡Vamos a abrir las puertas!”, anunció.
Pero un mini sondeo de Ipsos, distribuido con confidencialidad el jueves, ha cambiado las expectativas. Da una minúscula ventaja a Sánchez de 43,8% al 43,2%. “Lo importante no es la diferencia, sino la tendencia”, afirmó el politólogo Fernando Tuesta Soldevilla. Otra encuesta plasmó ayer un resultado inverso y evidenció la dificultad de predecir el ganador.
En Lima, donde Fujimori tiene una abrumadora mayoría, se teme la repetición de la rebelión de los votantes andinos que llevó al ingenuo maestro de escuela de Cajamarca al palacio presidencial hace cinco años. Cuando Castillo fue detenido, miles de personas se lanzaron a la calle y 49 fueron asesinadas por los antidisturbios. En un país donde la guerra jurídica se libra sin tregua, el propio Sánchez ya se enfrenta a una acusación de financiación ilegal.
Psicólogo de 57 años, nacido en Lima y formado en los movimientos estudiantiles de la Universidad de San Marcos, Sánchez es más refinado que Castillo. Ha escalado con habilidad oportunista por las jerarquías resbaladizas de la izquierda. Pero su acierto en la campaña ha sido repetir la estrategia del humilde maestro andino: movilizar una base en las provincias con un discurso radical vinculado a la identidad quechua y aimara, para luego moderarse e incorporar a la izquierda urbana. Al ver la tendencia favorable a Sánchez, la elite limeña “ha entrado en pánico”, dijo un consultor político. “Lo que está ganando es el sombrero”.
Si hoy gana, Sánchez se compromete a amnistiar a Castillo y hacer justicia para los muertos de las protestas.
Sánchez ha incorporado a su equipo al respetado exministro de Economía de Castillo, Pedro Francke, exfuncionario del Banco Mundial, que hoy defiende un programa de estabilidad fiscal. El candidato abandonó también la propuesta de redactar una nueva Constitución.
La esperanza para la derecha fujimorista son los votos en EE.UU. y España
“Se ha moderado mucho, contratando a gente más profesional y tiene adhesiones más amplias; Keiko Fujimori no”, dijo Tuesta. Las muestras indican también que Sánchez salió ganador del debate en televisión de la semana pasada.
Un indicio de la zozobra que recorre los centros de poder es el editorial de El Comercio que, tras meses de advertencias sobre el radicalismo de la izquierda, criticó al candidato por “disfrazarse de moderado” y “despreciar a los votantes” que lo eligieron en primera vuelta. Otro síntoma de inquietud: cae la Bolsa y sube del dólar.
La esperanza de la campaña Fujimori está en el millón de votantes en el extranjero –la mayoría en EE. UU. y España–, que se han incluido en la muestra de Ipsos.
El auge de Sánchez es el último ejemplo de la extrema volatilidad de la política peruana. Hace solo siete semanas, se daba por hecho que la presidencia se la disputarían Fujimori y Rafael López Aliaga, el ultracatólico alcalde de Lima. Ambos participaron en el Foro de Madrid, una iniciativa iberoamericana de la extrema derecha impulsada por Vox.
López Aliaga –empresario multimillonario– apoya a Fujimori. “Los pobres han sido secuestrados por la izquierda del mal, asesina y ladrona”, dijo.
Es retórica que hace temer reacciones fuertes en el Congreso si al final Sánchez gana la presidencia. Tampoco hay que olvidar a los jueces, que ante el repunte de Sánchez han anunciado que pedirán cinco años y cuatro meses de cárcel por sus supuestos delitos de corrupción.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.