Cuando está todo por hacer es difícil saber por dónde empezar y todavía es más complicado si, además, no hay garantías de que lo reconstruido no volverá a ser destruido. Frente a esta incerteza lo más lógico sería no hacer nada, pero esto algo que no pueden permitirse las sociedades que han sido destruidas por la guerra y más si es una guerra civil de 13 años, como la de Siria.
Hablar de reconstrucción, por lo tanto, es una utopía, pero esto es precisamente lo que han hecho esta semana en Larnaca un grupo de expertos en desarrollo y diplomacia. Su conclusión, muy realista, es que nada se pondrá en pie si no es en beneficio de todos, y ante de la tentación de empezar la casa por el tejado, es decir, levantando torres de cristal y rivieras de lujo, su recomendación es construir instituciones que permitan gobernar con equidad.
“El gobierno trabaja para no hundirse”, explica Ammar Kahf, director del think tank Omran de Estudios Estratégicos, con sede en Damasco. “Si no queremos acabar como Irak –añade– necesitamos instituciones. La financiación es importante, pero no es lo más importante. Tampoco lo es la inversión inmobiliaria. Lo más importante, después de una dictadura tan atroz, es que el Gobierno recupere la confianza de la ciudadanía”.
Hace apenas 18 meses que el gobierno del presidente Ahmed al Shara echó a andar. El Parlamento aún no está constituido. El país funciona por inercia. Faltan expertos de todo tipo. La UE intenta reclutarlos mientras el FMI explica a los funcionarios del ministerio de Economía cómo hacer un presupuesto.
El dinero, sin embargo, es difícil que circule. El país no está conectado al sistema bancario internacional. Todo se paga en efectivo y mientras se mantenga el aislamiento, “es imposible que lleguen inversiones”, asegura Henrike Trautmann, responsable de Oriente Medio y el Norte de África en la Comisión Europea. “En todo caso –añade–, los proyectos han de salir pronto para que la población recupere la confianza”.
El régimen dice que ha multiplicado por cinco el salario de los funcionarios, pero falta trabajo. “La pobreza es espantosa –asegura Trautmann–, la peor en toda la región”. Cerca de un millón y medio de personas viven en tiendas de campaña. No tienen un hogar al que volver. La guerra de Irán ha disparado el precio del pan y otros alimentos básicos. La luz, con suerte, llega seis horas al día. Hay bandas armadas y crímenes étnicos. La estabilidad pende de un hilo, pero no se rompe y a él se aferran los sirios y de él tiran también los expertos que, con los pies en el suelo, recomiendan que la sociedad civil se incorpore al proyecto de reconstrucción. “Sin una reconstrucción inclusiva, que incluya también a las mujeres, no habrá reconciliación y nada podrá sostenerse”, aventura Reem Turkmani, directora del programa de la London School of Economics sobre Siria.
Si ella y sus colegas han podido desbrozar el mejor camino para Siria ha sido gracias a EuroMesco, una red de 120 instituciones en más de 30 países dedicadas a anticipar el mañana en el Mediterráneo. El IeMed de Barcelona ocupa la secretaría.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.