Los drones ucranianos imponen su ley y han metido la guerra donde Vladímir Putin nunca quería tenerla, en el mismo territorio de Rusia. Decenas de ellos alcanzaron ayer diversos objetivos en San Petersburgo y la región de Leningrado. El gobernador de la ciudad ordenó a la población no salir de casa por el riesgo de los gases liberados por las explosiones.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, informó del lanzamiento de 140 drones contra varios arsenales y la base naval de Kronstadt, así como un depósito de combustible en Krasnodar, al sur de Rusia. Aprovechó el éxito de estas misiones para pedir un alto el fuego y lamentó que las autoridades rusas “quieran seguir luchando”. Putin rechazó anteayer la propuesta de reunirse con él.
El ataque ucraniano de ayer coincidió con el cierre del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, cita anual que Ucrania ya intentó descarrilar el martes, día de su inauguración, con otra ofensiva. El mes pasado el desfile del Día de la Victoria de Moscú se celebró sin tanques ni misiles por miedo a la eficacia de los drones ucranianos.
Putin pierde popularidad y dice que la guerra ha alcanzado “un nuevo nivel”
A raíz de estos ataques, con la popularidad del presidente ruso a la baja y el frente de batalla estancado, el Kremlin ha anunciado una campaña de bombardeos “sistemáticos” contra centros de mando e instalaciones militares en Kyiv. Previamente, drones ucranianos habían alcanzado una residencia de estudiantes de Starobilsk (Luhansk) que dejó 21 jóvenes muertos. Moscú acusa a Kyiv de “terrorismo”, pero la parte ucraniana alega que atacó una instalación militar.
El lunes pasado Putin acusó a Ucrania de “abrir una nueva página en su lista de crímenes”. Con lo sucedido se alcanza un “nuevo nivel del conflicto en su conjunto”, del que responsabilizó a “los dirigentes de Kyiv”.
Horas después, el martes de madrugada, Rusia lanzó contra las principales ciudades ucranianas uno de los mayores ataques de toda la guerra y el más potente de los últimos meses. Fueron 73 misiles y 656 drones, según las cuentas de la Fuerza Aérea ucraniana, que provocaron 23 muertos, 7 en Kyiv y 16 en Dnipró.
El martes, el ejército ruso lanzó 73 misiles y 656 drones que mataron a 23 personas en Ucrania
La intensificación de los bombardeos es una estrategia que le viene bien a Rusia para camuflar la falta de logros en el campo de batalla. Su principal objetivo, hacerse con toda la provincia de Donetsk, está lejos de cumplirse a corto plazo.
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), con sede en Estados Unidos, calcula que en los primeros cuatro meses de 2026 las tropas rusas avanzaron 2,9 kilómetros cuadrados por día, mientras que hace un año eran 9,6. Y según el grupo de análisis DeepState, en mayo tomaron solo 14 kilómetros cuadrados, la menor ganancia desde octubre de 2023. Ucrania, por su parte, recupera posiciones en el sur.
Kyiv atribuye estos resultados a haber ensanchado la franja de alcance de sus drones, la llamada “zona de la muerte”. Ahora pueden golpear carreteras y la cadena logística rusa entre 30 y 200 kilómetros del frente. Eso dificulta las maniobras ofensivas rusas.
Los ultranacionalistas amenazan a la UE: “Su pacífico sueño ha terminado”, afirma Medvédev
Durante los primeros años de la guerra, Rusia llevaba las de ganar en cuanto a drones. En los últimos meses, la situación se está equilibrando y en cualquier momento Ucrania, muy vulnerable aún ante los misiles rusos, podría darle la vuelta. En marzo, abril y mayo los aparatos no tripulados ucranianos alcanzaron varias veces los puertos de Primorsk y Ust-Lugar, en el Báltico, destinados a la exportación de petróleo, así como el de Tuapsé en el mar Negro. Periódicamente también golpean refinerías en provincias interiores rusas. El miércoles, el ministerio de Defensa dijo que se habían derribado 754 drones ucranianos en 24 horas.
Las bombas de los drones tienen incluso más impacto entre la población rusa que la incursión de fuerzas ucranianas en Kursk (agosto de 2024), que los atentados contra generales en Moscú o que la sublevación armada del grupo de mercenarios Wagner (junio de 2023). Para la mayoría de los rusos, estos acontecimientos quedaban lejos o afectaban al estamento militar. Pero los drones afectan a todos. “Los oyes volar por la noche, como si fuesen un extraño helicóptero, y luego pasan aviones, suponemos que son los nuestros para derribarlos. El año pasado esto era impensable”, comenta Andréi (nombre supuesto), tras unos días en su dacha al oeste de Moscú.
Los drones ucranianos también han erosionado indirectamente la popularidad de Putin. Cortar la red de internet móvil para dificultar los ataques ha sido frecuente este año. La medida ha interrumpido servicios de pagos bancarios y de asistencia médica. Para muchos ciudadanos ha sido la gota que ha colmado el vaso tras la represión de internet aplicada desde el comienzo del conflicto, con la prohibición de medios de comunicación críticos, el bloqueo de Facebook, YouTube, WhatsApp y Telegram.
Kyiv ha aumentado la “zona de la muerte” de sus drones, que dañan la logística rusa en la Ucrania ocupada
En abril, Putin registró los niveles de apoyo más bajo desde febrero de 2022, cuando ordenó enviar su ejército contra Ucrania. Según el sondeo realizado por la compañía estatal VTsIOM, la aprobación de la gestión de Putin cayó al 65,6 % y la confianza en su figura al 71 %. Al inicio de la guerra y con su discurso patriótico, su popularidad se disparó y superó el 80 %.
El ataque a la residencia de Luhansk también ha servido al coro de políticos y pensadores próximos al Kremlin para exigir más mano dura contra Ucrania o amenazar a Europa. El expresidente Dimitri Medvédev, hoy vicejefe del poderoso Consejo de Seguridad de Rusia, aseveró que los líderes europeos “han iniciado unilateralmente una guerra contra Rusia” y a “los ciudadanos de la UE” les advirtió de que “no se sorprendan por nada, su pacífico sueño ha terminado”.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.