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Internacional Guerra en Oriente Medio

La eterna invasión de Líbano

Israel, que ya invadió Líbano en 1982, repite una historia de la que es más fácil entrar que salir

La eterna invasión de Líbano
Israel atacó ayer de nuevo Mayfadún; hay pueblos en el sur de Líbano que se han reconstruido y destruido hasta seis vecesAFP
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  • 01El coronel Jean Delattre acaba de terminar una misión de seis meses en Líbano.
  • 02Por tanto, ha vivido las horas decisivas de la entrada de las tropas israelíes en el sur. “Actualmente, y usted lo sabe mejor que yo, la situación política está en un punto muerto.
  • 03Los dos bandos se oponen sin llegar a una conclusión, porque es necesario que dialoguen.
  • 04Dadas las circunstancias, la Finul podría desempeñar un papel de fuerza de contención allí donde se la necesite”.

El coronel Jean Delattre acaba de terminar una misión de seis meses en Líbano. Por tanto, ha vivido las horas decisivas de la entrada de las tropas israelíes en el sur. “Actualmente, y usted lo sabe mejor que yo, la situación política está en un punto muerto. Los dos bandos se oponen sin llegar a una conclusión, porque es necesario que dialoguen. Dadas las circunstancias, la Finul podría desempeñar un papel de fuerza de contención allí donde se la necesite”.

El militar francés, miembro de los cascos azules de la ONU encargados de mantener la paz en Líbano, da un análisis certero del actual conflicto que enfrenta a Hizbulah e Israel, donde tres acuerdos de alto el fuego no han detenido los combates.

Todo ello, con una salvedad: el coronel Delattre pronunció esas palabras en 1982, en una entrevista a la periodista Nelly Helou para la edición de julio de la revista La Revue du Liban. Mientras las tropas francesas celebraban la caída de la Bastilla, en Naqura, en la costa sur de Líbano, los tanques israelíes asediaban un Beirut inmerso en una guerra civil.

En ese momento, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que había sido expulsada de Jordania una década antes, era el enemigo principal de Tel Aviv. Ariel Sharon, por entonces ministro de Defensa israelí, envió a miles de soldados a la capital libanesa para extirpar a Arafat y las milicias palestinas que operaban desde el país de los cedros. “Nos hemos interpuesto entre palestinos e israelíes y esa misión también podríamos cumplirla en Beirut Oeste, en la Beqaa o en cualquier otro lugar”, afirmaba, optimista, el militar Delattre.

Israel intenta crear una zona tampón de tierra quemada en el sur de Líbano donde no viva nadie

Justo en el mismo año en el que los tanques cruzaban el río Litani, se fundaba, inspirado en la revolución islámica iraní de 1979, la milicia Hizbulah. El bautizado Partido de Dios nació como respuesta a la invasión israelí del sur de Líbano –zona de mayoría chií–, que se alargó hasta su retirada total en el año 2000.

Los paralelismos entre estos dos conflictos son difíciles de ignorar. En 1982, Israel justificó la invasión como una operación destinada a acabar con los grupos palestinos que lanzaban ataques desde territorio libanés. Hoy, el objetivo declarado es neutralizar a Hizbulah y crear una franja de seguridad que proteja a las comunidades del norte de Israel.

El Gobierno libanés refuerza el ejército para contener a Hizbulah, pero Israel se lo pone difícil

“La estrategia israelí actual parece orientada a crear zonas de amortiguación o ‘tierras de nadie’ a lo largo de sus fronteras”, aseguró a La Vanguardia el experto en Líbano del Crisis Group, Heiko Wimmen. “La lógica es generar áreas vacías o altamente controladas que impidan cualquier aproximación a la frontera y eviten que se repita un 7 de octubre”, añadió.

También se repite el intento de reconfigurar el equilibrio político del país. Entonces, Estados Unidos impulsó un acuerdo entre Beirut y Tel Aviv tras la expulsión de la OLP. Ahora, Washington patrocina nuevas conversaciones entre Israel y el Gobierno libanés, que intenta reforzar el papel del ejército y limitar la influencia militar de Hizbulah.

En estos momentos, los modernos drones hebreos han reemplazado a la artillería y machacan pueblos que ya han sido destruidos y reconstruidos hasta en seis ocasiones. Más de un millón de libaneses han abandonado sus casas, con la convicción de que volverán, pase el tiempo que pase, a barrios que han quedado completamente en ruinas. La bandera israelí vuelve a ondear sobre el castillo de Beaufort, una fortaleza de los cruzados que lleva siglos en disputa. En Beirut, la guerra se ha convertido en una herida que, cada pocos años, vuelve a sangrar.

El primer ministro Beniamin Netanyahu, dispuesto a hacer la guerra con toda la región, tiene complicaciones para salir de un conflicto en el que ya cayeron sus antecesores. Eliminar a Hizbulah implica un gran coste para las tropas hebreas, que prácticamente a diario anuncian bajas. La extensa red de túneles de la milicia y su control del territorio pueden alarga el combate durante meses o años.

Las tropas israelíes sufren bajas casi a diario en un terreno propicio para la milicia de Hizbulah

Pero en el caso de que Netanyahu decida ceder ante la presión de Estados Unidos y ordenar el regreso de sus soldados, la población del norte de Israel le recriminará que esta campaña no ha servido para garantizar su seguridad. La principal lección de 1982 es que entrar en Líbano es muy fácil. Lo difícil es salir.

En ese sentido, el ejemplar de La Revue du Liban, comprado por cinco dólares en una tienda de antigüedades de Beirut, da más lecciones que los miles de analistas sesudos que circulan por X. Uno de sus artículos va dedicado la guerra entre Irán e Irak y a “la OPEP en dificultades”.

Pero su texto más clarividente, quizás, es un pequeño texto en el que se describe la actividad, cotidiana en Líbano, de cruzar check points: “Un puesto de control del ejército libanés: tres personas intentan pasar; dos mujeres: una estadounidense, la otra inglesa, y un francés. El gendarme está lleno de una resignación benevolente. Milenios de invasiones de todo tipo lo han vuelto indiferente. ¿Sus bisabuelos se habrán impresionado más con los legionarios romanos o, antes de eso, con las tropas de Alejandro o incluso, antes aún, con los babilonios, los asirios, los hititas o los faraones, cuyas estelas siguen allí? Él deja pasar a los periodistas: su trabajo ya es bastante complicado y no quiere complicarlo más”.

“Pero he aquí otro control: es israelí. ¡Alto! Sus papeles, misma sintaxis. Pobre Líbano, donde no solo sobrevivir, sino también vivir correctamente, implica luchar en cada instante soportando todas las incomunicabilidades de los otros, como una carga eterna hasta el fin de los tiempos”.

Helena Pelicano
Helena Pelicano
Jerusalén. Servicio especial

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.