El fenómeno de la polarización es global, pero Latinoamérica siempre ha sido un laboratorio. El ultra De la Espriella ha ganado y las urnas colombianas han vuelto a mostrar una sociedad partida en dos, donde los matices se pierden en discursos populistas y extremos, algo que se repite en el continente elección tras elección.
El péndulo oscila en la región desde mediados del siglo pasado pero cada vez con mayor amplitud. En los años sesenta, los regímenes autoritarios fueron contestados por guerrillas revolucionarias que, a su vez, serían aniquiladas por dictaduras sanguinarias, que dieron paso a democracias donde proyectos en mayor o menor medida socialdemócratas –ampliamente apoyados en las urnas– intentaron a principios de este siglo reducir la histórica desigualdad social y la pobreza: Lula, Lagos, Bachelet, Néstor Kirchner, Tabaré, Mujica, Evo, Correa, Humala o Chávez fueron los ejemplos destacados. Pese a algunos progresos sociales relevantes, como en Brasil, Bolivia o Chile, la corrupción y la ineficiencia provocaron desilusión y el péndulo volvió a oscilar hacia derechistas moderados, como Piñera o Macri, mientras en otros casos, como en Venezuela o Nicaragua, se apuntaron al fracasado modelo cubano, derivando en el autoritarismo.
Pero los cambios estructurales no se han producido. La desigualdad y otros problemas endémicos, como la delincuencia, no han sido resueltos y los latinoamericanos, empujados por el algoritmo, buscan soluciones mágicas en populistas mesiánicos que surgen en cada país a izquierda y derecha.
Ahora toca el ultraliberalismo que quiere acabar con el Estado aunque ello signifique eliminar las escasas protecciones sociales y reducir derechos: Milei, Kast, Bukele, Keiko Fujimori o ahora De la Espriella han seguido a Jair Bolsonaro, cuyo hijo Flávio aspira reencarnarle este año. En Venezuela, espera su turno María Corina Machado, mientras que en Ecuador un derechista del establishment como Daniel Noboa se ha bukelizado. Todos tienen en común, además, el apoyo sin complejos o, en el mejor de los casos, la condescendencia con las atroces dictaduras del siglo XX. El presente giro hacia la extrema derecha parece no tener límites, si se tiene en cuenta que algunos países han surgido candidatos aún más extremistas, como Johannes Kaiser, que en las últimas elecciones chilenas dejó a Kast casi como un moderado. Cuando pase esta ola ultra, ¿la próxima oscilación del péndulo será hacia la extrema izquierda?

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.