Como acostumbra a pasar en episodios sísmicos de gran envergadura, centenares de réplicas se han sentido durante los días posteriores al doble seísmo que golpeó el centro norte de Venezuela, el 24 de junio. A diferencia de los terremotos que causaron la gran catástrofe que azota el país y fueron catalogados con una magnitud de 7,2 y 7,5; la mayoría de los movimientos detectados durante la primera semana tras el desastre son de magnitud baja, según el balance oficial.
Tras los dos grandes terremotos, la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) detectó 780 réplicas en el país hasta el miércoles 1 de julio, aunque solamente 12 superaron la magnitud 4,0, mientras que una alcanzó una magnitud de 5,0. Este temblor se registró a las 15.20 horas (hora local) en el norte de Maracay, en el estado de Aragua, el pasado sábado.
En cuanto a los demás movimientos, los más intensos se detectaron en la misma zona del norte de Maracay la tarde del viernes (4,6) y en la madrugada de ese mismo día, en el noreste de San Felipe (4,5), en el estado de Yaracuy. De acuerdo con el sistema de monitoreo de terremotos de Funvisis, otra réplica de magnitud 4,5 se había sentido en el oeste de Naiguata (estado de La Guaira) en la madrugada del jueves; mientras que se registró otra de magnitud 4,2, en el sur de Boca de Aroa (estado de Falcón), tres días después.
La vigilancia se centra ahora en la evolución de estos temblores y en el posible impacto que puedan tener sobre zonas urbanas ya afectadas, según Funvisis. Los movimientos de magnitud 4,0 o superior pueden sentirse con claridad cerca del epicentro y, aunque no equivalen a un nuevo gran terremoto, sí pueden agravar daños previos en edificios y infraestructuras que hayan quedado debilitadas.
Sobre la posibilidad de nuevas réplicas, el director de la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional (IGN) de España, Juan Vicente Cantavella, consultado por Servimedia, recuerda que, si bien no se pueden predecir los terremotos, estadísticamente existe alrededor de un 20% de probabilidad de que ocurra alguna réplica por encima de magnitud 6,0. Por tanto, no es descartable que se produzca un nuevo temblor significativo, si bien la mayoría serán de menor intensidad.
La zona afectada es altamente sísmica porque está situada al borde activo entre las placas tectónicas Caribe y Sudamericana, donde “los terremotos suelen ser superficiales y con epicentro en tierra”, lo que “incrementa su peligrosidad”, según explica Cantavella. Históricamente ya se habían registrado allí terremotos fuertes -como uno de magnitud 7,7 en 1900, otro de 7,0 en 1929, el de 6,7 del 1967 (con 274 muertos) y el de 6,9 del 1997, entre otros -, por lo que un evento así “puede volver a suceder en cualquier momento”, concluyó.
Según indica Lucía Lozano, sismóloga de la Red Sísmica Nacional española, las réplicas forman parte del proceso de reajuste de la falla tras el deslizamiento principal. Estos movimientos posteriores “pueden prolongarse durante días, semanas, meses o incluso años después de un terremoto muy grande” - apunta a la agencia Efe- aunque tienden a disminuir en frecuencia con el paso del tiempo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.