Las paradojas de la guerra: justo cuando Ucrania parece haber tomado la iniciativa en su lucha contra Rusia, Volodímir Zelenski afronta una grave crisis interna que le obliga a renovar la cúpula militar.
Todo empezó el miércoles de la semana pasada, con la destitución del ministro de Defensa, Mijailo Fedórov, quien llevaba en el cargo desde enero y al que muchos consideraban el gran impulsor de los últimos éxitos militares del país. Su breve mandato coincidió con la puesta en marcha de medidas como la fabricación masiva de drones de medio y largo alcance o el bloqueo al ejército ruso de la red de internet por satélite Starlink, que explican en parte el buen momento que vive hoy Ucrania en el campo de batalla.
Tanto Zelenski como Fedórov reconocieron que el cese –enmarcado en una remodelación a fondo del Gobierno– era consecuencia de los continuos choques con el comandante en jefe de las fuerzas armadas, Oleksandr Sirski, un militar de vieja escuela que no veía con buenos ojos la agenda reformista del exministro.
Según Fedórov, el general bloqueó una y otra vez sus iniciativas, y llegó a darle un ultimátum a Zelenski para que lo apartara del cargo. El presidente hizo caso al comandante, uno de sus hombres más fieles, y ahí se abrió la caja de Pandora: la ciudadanía se lanzó en masa a las calles para protestar por la salida del ministro más popular del Ejecutivo y para exigir una rectificación inmediata. Para los manifestantes, no había duda: si alguien debía marcharse, era Sirski.
Este martes, tras seis días de movilizaciones y un intenso fin de semana de reuniones con su gabinete y los altos mandos castrenses, Zelenski atendió la llamada del pueblo. Al menos, en parte: el presidente no restituyó a Fedórov –su puesto de momento lo ocupa de manera interina Yevhen Khmara, exjefe de los servicios de espionaje–, pero accedió a sacrificar a Sirski para poner en su lugar a Mijailo Drapatyi, hasta ahora comandante de las Fuerzas Conjuntas.
En su anuncio del relevo, Zelenski quiso poner en valor los logros del general defenestrado, responsable de algunas de las operaciones militares más importantes de los últimos años, como la defensa inicial de Kyiv, la contraofensiva de Járkov o la incursión en Kursk. “Se ha avanzado mucho”, dijo el presidente.
El propio Sirski le dio la razón al mandatario en su mensaje de despedida: “Entrego a mi sucesor un ejército que no solo defiende, sino que está también a la ofensiva”, subrayó el militar, quien recordó que durante sus dos años largos al frente de las fuerzas armadas se han recuperado 700 kilómetros cuadrados de territorio.
El nuevo comandante en jefe elegido por Zelenski no podría ser más distinto a Sirski. De 43 años, Mijailo Drapatyi es parte de una generación de oficiales formada durante la guerra con Rusia y favorable a la modernización del ejército. Para él, la cultura de mando al estilo soviético abrazada por su sexagenario predecesor es más bien una rémora que habría que erradicar. La suya es una apuesta por un liderazgo más flexible, abierto al diálogo y el reparto de responsabilidades. Los que lo conocen alaban su capacidad para escuchar a sus subordinados. En las antípodas de la rigidez de Sirki, quien, además de ser poco receptivo a la sugerencias externas, tenía fama de maltratar a los soldados, con órdenes que a menudo comprometían innecesariamente su seguridad.
Drapatyi además puede hablar con autoridad: casi toda su carrera se ha desarrollado en posiciones de combate, donde se ha forjado una reputación de militar brillante y resolutivo.
El general se dio a conocer en el 2014, durante la batalla de Mariúpol, cuando se hizo viral un vídeo en el que aparecía en su vehículo blindado atravesando sin contemplaciones una barricada enemiga. Poco después de aquel episodio, lideró de forma heroica a su batallón para romper un cerco ruso en el Donbás, y tras la invasión a gran escala del 2022, siguió sumando hitos, como sus intervenciones en la liberación de Jersón y en la respuesta a la ofensiva rusa sobre Járkiv.
Ya como comandante de las Fuerzas Conjuntas –cargo que asumió a mediados del año pasado, tras dimitir como jefe de las Fuerzas Terrestres por la muerte de varios soldados en un ataque ruso a un centro de entrenamiento–, demostró su espíritu renovador, con propuestas para reformar al sistema de reclutamiento e integración tecnológica. Así, a nadie le sorprendió que, cuando Fedórov fue destituido la semana pasada, Drapatyi publicara un mensaje de apoyo al exministro. Los dos estaban del mismo lado en el pulso con el general Sirski.
La cuestión es si el relevo del comandante en jefe servirá para dar carpetazo a la crisis.
De momento, el nombramiento de Drapatyi ha recibido la bendición de Fedórov, que lo ha calificado de “nuevo aire” y “nueva esperanza” para el país. Pero los organizadores de las movilizaciones dicen que mantienen la convocatoria de una concentración masiva este viernes en Kyiv, porque insisten en que su principal objetivo es que el exministro de Defensa recupere su cartera. Si Zelenski no atiende esa demanda, aseguran, las protestas pasarán a ser indefinidas.
No en vano, los ucranianos son conscientes de que esta es una oportunidad de oro para acometer una profunda reforma de las fuerzas armadas. Fedórov y Drapatyi son dos reformistas. Con ellos al mando, el poder civil y el militar podrían operar de forma unificada, y sería más fácil resolver los problemas pendientes. Como el de la falta de tropas, que cada vez es más acuciante y que puede acabar arruinando los progresos de Ucrania en la guerra. La pelota, una vez más, está en el tejado de Zelenski.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.