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Internacional Baúl de bulos

Algunos malentendidos que hacen historia

Los europeos se equivocan al inclinarse ante las exigencias de Trump, la IA o las criptomonedas

Algunos malentendidos que hacen historia
Algunos malentendidos que hacen historiaMartín Tognola
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Actualizado hace 72 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Se podría decir que este cada vez más conflictivo siglo XXI empezó de golpe y porrazo con los trágicos atentados del 11 de septiembre del 2001.
  • 02Sin previo aviso aparente, los por entonces todopoderosos Estados Unidos de América fueron atacados en el mismísimo corazón de su poder por una pequeña banda de terroristas sin ejército, fuerzas aéreas ni armada.
  • 03Cayeron las Torres Gemelas, símbolo del poderío financiero de Wall Street; fue alcanzado el Pentágono, sede de su prodigiosa fuerza militar; y, por poco, hasta habría sido destruida la Casa Blanca, la residencia del hombre más poderoso del mundo, si no llegasen a derribar el avión comercial lleno de pasajeros que se dirigía hacia tan fatídico destino.
  • 04Al cabo de un cuarto de siglo, aún colean las consecuencias de esa tragedia que cambió el rumbo de la historia.

Se podría decir que este cada vez más conflictivo siglo XXI empezó de golpe y porrazo con los trágicos atentados del 11 de septiembre del 2001. Sin previo aviso aparente, los por entonces todopoderosos Estados Unidos de América fueron atacados en el mismísimo corazón de su poder por una pequeña banda de terroristas sin ejército, fuerzas aéreas ni armada. Lo nunca visto, vaya.

Cayeron las Torres Gemelas, símbolo del poderío financiero de Wall Street; fue alcanzado el Pentágono, sede de su prodigiosa fuerza militar; y, por poco, hasta habría sido destruida la Casa Blanca, la residencia del hombre más poderoso del mundo, si no llegasen a derribar el avión comercial lleno de pasajeros que se dirigía hacia tan fatídico destino.

Al cabo de un cuarto de siglo, aún colean las consecuencias de esa tragedia que cambió el rumbo de la historia. Aquel 11-S, Occidente -y, por ende, el mundo entero- descubrió su vulnerabilidad. Y lo que empezó siendo incertidumbre y miedo, se transformaría con el paso del tiempo en desconfianza y odio.

Y en esas llegó el crac del 2008, éste también tan inesperado como devastador. Aún hoy cuesta creer que, en vísperas de su súbdito desplome, Lehman Brothers contaba con la calificación de “Triple A”. Al cabo de casi 20 años, tampoco se ha repuesto la economía mundial de tamaño desfalco ruin.

Fueron muchas las fortunas que se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. Dieron la vuelta al mundo las imágenes de angustiados brókeres de Wall Street acarreando una caja de cartón con las cuatro pertenencias personales que les permitieron salvar del naufragio, sólo para ingresar en las filas de los millones de arruinados inversores e hipotecados, ya sin hogar. Así funciona el despiadado sistema capitalista sin reglas.

Pero aun así había quien no quiso dar crédito a lo que estaba aconteciendo ante su atónita mirada. Sin ir más lejos, los banqueros alemanes, que no acertaron a comprender que los americanos pudieron haberles tomado el pelo de manera tan descarada.

Ahora bien, sabían que la reunificada Alemania contaba, a diferencia de los otros países miembros de la UE, con 3.400 toneladas de oro, que conservaban sin tocar desde finales de los años cuarenta. Es más, sabían que, al abandonar sus queridos marcos por el euro, pues que se las habían arreglado, los muy listos, para que jamás se vieran en la tesitura de verse obligados a rescatar a otros países en dificultades.

Y no tardarían en experimentar, estupefactos, los griegos, irlandeses o portugueses cómo se las gastaban los temidos hombres de negro, sobre todo los maltrechos griegos. España e Italia se salvaron por los pelos. La tan fluctuante como amenazante prima de riesgo vino a quitarles el sueño a millones de europeos.

El gran error de los banqueros e inversores alemanes, británicos o islandeses consistía en ser tan ingenuos como para creerse capaces de poder jugar como iguales en el diabólico juego avaricioso de las subprime, ¡sin tener ni zorra de qué iban! Todos se equivocaron sin excepción.

Y si los europeos se equivocaron entonces, lo vuelven a hacer ahora al inclinarse ante las exigencias de Trump, la IA o las criptomonedas, de las que tampoco entienden nada de nada. No pasa día sin que Trump nos pase la mano por la cara. Y ya no digamos los chinos, que al menos son más discretos.

Por el camino ha habido muchos malentendidos, muchos engaños… y sigue en marcha la demente avaricia de unos pocos en detrimento de tantos. Al parecer, nadie ha aprendido nada. Por eso mismo, el mundo entero se rearma y las minadas aguas del estrecho de Ormuz vienen a reemplazar la prima de riesgo. Y encima hacer calor.

John William Wilkinson
John William Wilkinson
Internacional

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.