Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos pidieron este fin de semana a Donald Trump que cancelara su ataque anunciado contra Irán, que en sus palabras iba a ser “el mayor desde la Segunda Guerra Mundial”. El presidente afirmó el domingo y repitió el lunes que la llamada del príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, había sido determinante en su decisión de posponer la oleada más letal de bombardeos hasta la fecha. Priorizó así el llamado a la prevención de sus aliados del Golfo Pérsico por encima del interés bélico de su tradicional aliado en Oriente Medio, Israel, con cuyo primer ministro, Beniamin Netanyahu, Trump se muestra cada vez más frustrado en público.
“Pregunté al príncipe heredero qué quería hacer, y me dijo que prefería un acuerdo mucho antes que un ataque, porque no se sabe a dónde podría llevarnos eso”, dijo el mandatario a bordo del Air Force One, remarcando el temor de sus aliados a una escalada regional del conflicto, dados los recientes ataques de Irán contra infraestructura petrolera saudí y contra las bases estadounidenses en el Golfo. “Estábamos preparados, pero los aliados pidieron que se cancelara. La razón por la que lo pidieron es porque creen que se puede alcanzar un acuerdo sobre el estrecho de Ormuz”, afirmó Trump.
Trump insistió en que había optado por la diplomacia con Teherán, que según él había “suplicado” retomar las conversaciones este lunes. Un día después de afirmar que estaba “perdiendo la fe” en las negociaciones con Irán, aseguró que había alcanzado un principio de acuerdo para poner fin a la guerra. Según el presidente, este pacto incluiría la reapertura del estrecho de Ormuz y acabaría para siempre con el programa nuclear iraní.
Sin embargo, el portavoz del ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, lo desmintió, afirmando que no tiene intención de “recibir a ninguna delegación ni a ser invitados por ningún país durante estos días”. Rechazó así la conversación directa con EE.UU., al que acusa de torpedear el diálogo con sus amenazas apocalípticas, y añadió que sí está negociando con Omán, situado al otro lado del estrecho de Ormuz, para establecer una ruta segura para el tránsito de los cargadores y petroleros por este cuello de botella crítico.
Trump ha respondido esta mañana con un mensaje a través de su plataforma, Truth Social, en el que denuncia al liderazgo iraní como “increíblemente engañoso”. “Suplican una reunión, comienzan las conversaciones, con más previstas en un futuro inmediato, y dicen, abierta y orgullosamente, que no están manteniendo ningún diálogo, que no se está hablando de nada y que solo tratan con Omán”, ha criticado el presidente.
“Luego siguen con su habitual palabrería al decir que el estrecho de Ormuz será operado con fuerza por ellos, cuando en realidad ya está completamente controlado por la Marina de EE.UU. y por nuestro bloqueo o, como dicen algunos, el Muro de Acero de EE.UU.”, añadió. “Esta es su última oportunidad” para el diálogo, volvió a amenazar ayer desde la Casa Blanca, “o van a ser aniquilados”.
Trump acusa a Irán de “suplicar” diplomacia en privado y negarla en público: “Siguen con su habitual palabrería”
Desde que se derrumbó el memorando de entendimiento firmado en junio, Irán ha atacado repetidamente embarcaciones que intentaban cruzar el estrecho sin su autorización y el régimen ha insistido en que el estrecho “de ninguna manera volverá a la situación en la que se encontraba antes del 28 de febrero”, cuando comenzó la guerra. Los aliados de EE.UU. en el Golfo, que están entre los países más afectados por el bloqueo iraní, piden un regreso a la diplomacia, pues se ha demostrado más efectiva que las amenazas y los ataques de Washington, que tan solo han enrocado todavía más la postura iraní sobre Ormuz.
Trump, cuyo partido afronta en noviembre unas elecciones legislativas determinantes, sigue sin encontrar una salida a la guerra que le permita vender una victoria estratégica. Este motivo le ha llevado a alejarse de los susurros bélicos de Israel, que considera que la única salida válida es la rendición definitiva de Irán. Su primer ministro, Netanyahu, que afronta en octubre unos comicios en los que se encamina a perder la reelección, viajó la semana pasada a Washington para el funeral de su aliado, el senador republicano Lindsey Graham, quien se había convertido en uno de los principales consejeros de Trump en política exterior.
En su reunión previa con el presidente, Netanyahu trató de convencerlo sobre la necesidad de continuar la ofensiva, pero observó que cada vez tiene menos capacidad de influencia sobre él. En el último mes, Trump ha dejado entrever repetidamente su tensión con Netanyahu, a quien acusó de que “todo el mundo odie a Israel” debido a su posición belicista y denunció que “quiere que siga involucrado” en el conflicto. El ataque cancelado este fin de semana tras la petición de los aliados del Golfo es una muestra de que Trump cada vez toma más en consideración sus necesidades, incluso cuando son opuestas a las peticiones de Tel Aviv.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.