El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, reconoció ayer que mantener comunicación con el líder supremo de la República Islámica, Mojtaba Jamenei, es “muy difícil en este momento”. A pesar de ello, Pezeshkian aseguró que la “presencia” del clérigo “sigue siendo un gran activo” para el país.
Jamenei no ha aparecido en público desde el inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero, cuando resultó herido en la ofensiva lanzada por Israel y EE.UU. que acabó con la vida de su padre y anterior líder supremo, Ali Jamenei.
En todo este tiempo, no se ha difundido ninguna imagen, vídeo o grabación de voz del ayatolá. El clérigo –que ni siquiera acudió al funeral de su padre, celebrado en julio– solo se ha comunicado a través de mensajes por escrito que el régimen atribuye a él.
Esta discreción ha alimentado las especulaciones en torno a su estado de salud y su capacidad para tomar decisiones en un momento marcado por la tensión bélica con EE.UU. El primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, llegó a sugerir en su día que había “muchos indicios” de que el ayatolá “no está vivo”, una tesis que cuenta con no pocos adeptos. Por su parte, Donald Trump aseguró el mes pasado que el líder iraní estaba “muerto en un 90%”.
Sin embargo, Pezeshkian se apresuró ayer a despejar todas esas dudas y afirmó que ha mantenido varios encuentros con Jamenei en los que este ha demostrado una “lógica muy sólida”. Según el presidente, el ayatolá es alguien “muy tolerante”, que responde con “con amabilidad” y una “actitud muy apropiada” cuando se le plantean problemas. “Lamentablemente, la situación actual permite que individuos malintencionados lo presenten de forma diferente y difundan una imagen distorsionada de él”, agregó el mandatario.
Las palabras de Pezeshkian probablemente no acallarán los rumores en torno a Jamenei, quien heredó el poder justo cuando el régimen iraní se veía envuelto en la guerra con EE.UU. e Israel.
El líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa de Irán y tiene influencia directa sobre áreas estratégicas como las fuerzas armadas y la política exterior. Por eso, no es extraño que la prolongada ausencia del ayatolá –quien se halla en paradero desconocido– haya suscitado tanta atención dentro y fuera del país.
Para algunos analistas, hoy es la Guardia Revolucionaria la que controla la política iraní, si bien por ahora ahora las distintas facciones del régimen han optado por cerrar filas en torno a la figura de Jamenei. No en vano, para Teherán, resulta vital proyectar una imagen de unidad. El país persa está negociando con EE.UU. el final de la guerra, y cualquier signo de división interna podría ser aprovechado por Washington para debilitar al régimen.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.