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Hizbulah tiene un modelo sostenible

Hizbulah tiene un modelo sostenible
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Actualizado hace 51 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Dahiye ha perdido cerca de 500 edificios en la última guerra contra Israel, pero no el pulso.
  • 02Esta ciudad de, al menos, 700.000 habitantes, dividida en 16 barrios, que forma parte de los arrabales del sur de Beirut, sigue siendo el principal dominio de Hizbulah en Líbano.
  • 03Aquí se decide gran parte del futuro del país y la región.
  • 04En Haret Hreik, el barrio más rico de la empobrecida Dahiye, las terrazas y los comercios mantienen el ritmo de la vida y la revolución.

Dahiye ha perdido cerca de 500 edificios en la última guerra contra Israel, pero no el pulso. Esta ciudad de, al menos, 700.000 habitantes, dividida en 16 barrios, que forma parte de los arrabales del sur de Beirut, sigue siendo el principal dominio de Hizbulah en Líbano. Aquí se decide gran parte del futuro del país y la región.

En Haret Hreik, el barrio más rico de la empobrecida Dahiye, las terrazas y los comercios mantienen el ritmo de la vida y la revolución. El 27 de septiembre del 2024, Israel mató aquí a Hasan Nasralah con una bomba de casi mil kilos. El líder de Hizbulah es hoy un mártir y su retrato está por todas partes. Por ejemplo, en un mural cerca de donde murió. Aparece sobre un fondo celestial junto a Alí Jamenei, el líder supremo de Irán víctima también de un asesinato selectivo, y otros dirigentes chiíes, todos con el puño en alto. El desafío es inmortal.

Un anciano muy delgado pasa junto a la orla los líderes. Lleva una camiseta gris en la que puede leerse, con letras blancas desgastadas, una afirmación fundamental del martirio: Unstoppable (imparable).

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Aquí y allá ondean las banderas negras del duelo y las rojas que simbolizan la sangre derramada, el martirio y sed de venganza. Las brigadas de limpieza han retirado los escombros de los bloques derruidos. La reconstrucción debería arrancar en cualquier momento, pero no lo hace. Hizbulah se ha quedado sin dinero.

“No hay dinero para la reconstrucción y el Gobierno no hace nada para conseguirlo”, afirma Abir Saksouk, arquitecta al frente de Public Works, un pequeño estudio que levanta acta de cada edificio bombardeado, tanto en Beirut como en el sur del país. “Documentar la destrucción es esencial para poder reconstruir con justicia, es decir, para que la población recupere lo que ha perdido”.

No es fácil. Como vemos en Beirut y es evidente también en Gaza y Damasco, la guerra es una oportunidad que los vencedores no desaprovechan para afianzar su poder. “El Gobierno –según Saksouk– se ha plegado a las exigencias de Israel y Estados Unidos, y no quiere que Hizbulah se ponga al frente de la reconstrucción como sucedió en el 2006”.

Hizbulah es mucho más que un grupo armado aliado de Irán para combatir a Israel. Es, sobre todo, una organización civil, política y administrativa, que ofrece servicios propios de un Estado a los chiíes libaneses, aproximadamente uno de cada tres habitantes. Se financia con unos 700 millones de dólares anuales que llegan de Irán y con varios negocios, que van desde gasolineras hasta casas de cambio. Al Qard al Hassan es su principal institución financiera, y Jihad al Bina, la empresa que gestiona la reconstrucción. Ambas atraviesan serias dificultades. Ya no es tan fácil traer dólares. El Gobierno ha prohibido los vuelos desde Irán y reforzado la inspección de aduanas.

En Líbano casi todo se paga en efectivo y en dólares. El Banco Central, como todas las instituciones del Estado, es opaco y débil. Hizbulah se ha aprovechado de esta economía dolarizada para consolidar un Estado paralelo que, en muchos aspectos, es más eficaz y sostenible que el propio Estado libanés.

“A Hizbulah se le culpa de todo, pero es injusto”, opina Roula Khoury, arquitecta que ha participado en varios proyectos de reconstrucción. “El sistema favorece la corrupción y la especulación, pero culpa a Hizbulah de todo lo que va mal”. ¿Por qué? “Porque tiene éxito donde el Estado fracasa. Los chiíes confían en Hizbulah, pero los libaneses nunca han confiado en su gobierno. De hecho, no quieren instituciones fuertes. No se fían”.

Esta falta de confianza se compensa con iniciativa privada. La urbanista Amira Solh, que durante 17 años estuvo al frente del departamento de planificación urbanística de Solidare, la empresa público-privada que reconstruyó el centro de la ciudad, defiende un modelo que hoy es muy criticado. “El Estado era débil y no tenía dinero –sostiene–. No había otra forma de reconstruir”.

El proyecto de Solidare disparó la especulación y la gentrificación. Muchos vecinos no pudieron pagar las nuevas viviendas y tuvieron que irse. Solh reconoce que “el modelo necesita un sistema capaz de garantizar el bien común dentro del marco del interés privado”.

Este equilibrio, sin embargo, es muy difícil de conseguir, como salta a la vista en la plaza de los Mártires. Aquí estuvo la línea de confrontación durante la guerra civil, que fue de 1975 a 1990, y aquí todavía queda mucho por hacer. Hay solares y un edificio a medias que todo el mundo conoce como el Huevo. Las heridas de los proyectiles sobre el hormigón ennegrecido hacen de él un símbolo de la resistencia, pero también un ejemplo de que la guerra es un estado permanente. Los nuevos propietarios, unos inversores saudíes, no ven ningún beneficio en conservar este icono de la arquitectura brutalista. Debería haber sido un cine y ellos prefieren que sea un centro comercial.

Ante al modelo de Solidare, que tardó tres lustros en reconstruir el centro de Beirut y aún tiene pendiente la plaza de los Mártires, Saksouk defiende el de Hizbulah, que después de la guerra del 2006 reconstruyó Dahiye en solo seis años. Asegura que “es más igualitario y sostenible”. “El objetivo –añade– era que la gente regresara a sus hogares lo más rápido posible para enviar a Israel el mensaje político de que todo lo que destruyera volvería a resurgir tal y como estaba. Se podría haber aprovechado la destrucción para mejorar el urbanismo, pero entonces el proceso se habría alargado mucho y no todos los vecinos habrían podido recuperar sus hogares”.

Hizbulah afronta ahora un reto mucho mayor. Israel y EE.UU. estrangulan sus finanzas y las familias que han perdido sus hogares no pueden recibir la compensación anual de 14.000 dólares. A la destrucción de Dahiye se une la del sur del país, de mayoría chií y, por tanto, dominio también de Hizbulah.

Saksouk habla de limpieza étnica. No solo por la destrucción de pueblos enteros, sino también por la utilización de bombas de fósforo sobre unos campos que tardarán años en recuperar la fertilidad.

Hace dos años que Kamel Mohanna no va a Khiam, su pueblo natal, próximo a la frontera con Israel. “Tengo 83 años y lo he visto tres veces destruido. Las tres lo hemos reconstruido, pero ahora parece que no habrá una cuarta. No queda nada”.

Mohanna es un hombre alto, que ha dedicado su vida a la reconstrucción. Preside Amel, una de las principales organizaciones humanitarias del Líbano, y habla desde la altura moral de quien ha logrado eliminar las diferencias sectarias. “Intentamos ofrecer un modelo de confianza en el que el nosotros sustituya al yo ”, me explica en su oficina de Beirut, convencido de que este es el camino, pero a la vez muy consciente de que no conduce a ningún final. “Toda mi vida ha sido una emergencia –dice– y en estas circunstancias las mejores soluciones para salir adelante no son siempre las más racionales”.

Reconstruir lo que corre el riesgo de volver a ser demolido no es muy racional, pero es importante para que el derrotado recupere la dignidad y siga luchando. Lo hemos visto en Beirut y pronto lo veremos también en Siria, Israel y Palestina.

XD
XavierMas de Xaxàs
Internacional

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.