Las mociones de censura se cotizan desde el pasado martes en Portugal a un cuarto de punto del PIB. Equivale a 800 millones de euros, el importe total de las medidas extraordinarias anunciadas por el primer ministro, el conservador Luís Montenegro, en el debate de la moción de censura presentada por el ultra André Ventura, dentro de su cada vez más intensa ofensiva para liderar la derecha portuguesa. Como estaba previsto los socialistas salvaron de la quema a un Monte+negro que salió del debate más airoso de lo que se podía esperar. Logró apartar los focos de la actualidad de su achicharrado ministro del Interior y desviarlos hacia sus anuncios de reducir el impuesto sobre la renta para la clase media y de una paga para los pensionistas.
En abril del 2024 Montenegro accedió al poder con apenas un tercio de los diputados, 80 sobre un total de 230. Se convirtieron en 91 en las elecciones de mayo del 2025, más que insuficientes de nuevo para formar su ansiada mayoría estable con los liberales. Así que el ganar tiempo a toda costa se fue convirtiendo en su gran especialidad. Ahora lo necesita más que nunca, porque acumula un acusado desgaste, de unos seis puntos en porcentaje de voto según las últimas encuestas, en varias de ellas hundido en la tercera posición, detrás del socialista José Luís Carneiro y el ultra Ventura.
La debacle del partido del primer ministro, el conservador PSD, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de enero, cuando su candidato quedó en una humillante quinta plaza, marcó el inicio de un año que está resultando desastroso para Montenegro, cuya popularidad se resintió también por la poco diligente gestión de su Gobierno de la catástrofe que causó la borrasca Kristin en el centro del país.
El hundimiento de los conservadores en las encuestas da alas a los ultras en su ofensiva para liderar la derecha
Sin embargo, la elección en febrero como jefe del Estado del socialista António José Seguro, que tomó posesión con la promesa de poner fin al “frenesí electoral” de los últimos años en Portugal y con una apuesta por la estabilidad institucional, insufló oxígeno a Montenegro. Falta le hacía porque al impulso que recibió su principal rival externo, el ultra Ventura, al haber conseguido pasar a la segunda vuelta de las presidenciales se unió la cada vez más cruenta guerra interna que le ha declarado su otrora mentor y hoy su mayor crítico ideológico, el conservador Pedro Passos Coelho, primer ministro entre el 2011 y el 2015.
Para intentar forzarle a competir con él, Montenegro convocó para junio un congreso extraordinario del PSD al que Passos no concurrió, pues si bien nunca ha dejado claro si realmente quiere volver a la política activa, los indicios disponibles señalan que solo dará el paso cuando considere que puede aparecer como el salvador de su partido. Después al primer ministro, que ya sobrevivió el año pasado al escándalo de la consultora de su familia, se le volvieron a acumular los reveses. El Parlamento tumbó contra pronóstico su reforma laboral, él cometió la polémica imprudencia de viajar a Estados Unidos por el Mundial de futbol en medio de una ola de incendios forestales y estalló el escándalo que ha calcinado a su ministro estrella, el titular de Interior, Luís Neves, investigado por la fiscalía, entre otras instancias portuguesas y de la UE, por su gestión al frente de la Policía Judicial, cuerpo que dirigió hasta febrero.
En Neves, tan apreciado por la izquierda como odiado por los ultras, encontró el Chega de Ventura la munición para su nueva ofensiva contra el Gobierno, en la que se enmarca la moción de censura rechazada el pasado martes por el Parlamento, fruto de la abstención del Partido Socialista, cuyo actual líder, José Luís Carneiro, en la línea de su correligionario presidente de la República, también rechaza de plano unas nuevas elecciones, en su caso con la vista puesta en fortalecerse. Aun así, para marcar distancias, Carneiro declaró que su abstención suponía en realidad “un voto de censura” al Gobierno, lo que pasó desapercibido ante el eco mediático de las medidas de los 800 millones que anunció Montenegro.
Los socialistas y el presidente Seguro son ahora el freno para evitar unas nuevas elecciones anticipadas
En su libro Manual de Resistencia , Pedro Sánchez explica que fue en una visita a Lisboa al entonces primer ministro socialista António Costa donde encontró la fórmula que le permitió formar la coalición con la que llegó al poder en el 2018 e inició sus ya ocho años de cada vez más agónica supervivencia. Y ahora Montenegro protagoniza una versión práctica, portuguesa y de derechas del manual de resistencia, con casi dos años y medio de Gobierno minoritario, siempre ganando tiempo.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.