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Internacional Reunión China-EE.UU.

Xi advierte a Trump que deben “coexistir en paz” tras una fastuosa bienvenida en la Casa Blanca

Los presidentes de China y Estados Unidos se reúnen en privado durante más de una hora y terminan el día con una cena de Estado

Xi advierte a Trump que deben “coexistir en paz” tras una fastuosa bienvenida en la Casa Blanca
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Actualizado hace 11 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Después de ponerle una alfombra roja anoche y saludarlo al aterrizar su avión, una deferencia inusual en la diplomacia estadounidense, el presidente Donald Trump ha recibido de nuevo con mucha pompa a su homólogo chino, Xi Jinping, en una fastuosa bienvenida en la Casa Blanca que no ha regalado ni a sus mejores aliados.  “Es un honor recibirle en Washington, hoy se convierte en el primer líder chino en realizar una segunda visita de Estado a EE.UU.”, ha destacado Trump en las declaraciones previas a su reunión, llenas de elogios, recordando su primera visita en el 2015, durante el mandato de Barack Obama.
  • 02El encuentro, cargado de simbolismo, no ha traído anuncios ni acuerdos materiales, pero sí una exhibición de sintonía entre los líderes de las dos primeras potencias mundiales, destinadas a entenderse.
  • 03Xi ha señalado que su intención con la visita era “fortalecer la amistad, ampliar la cooperación y promover el bienestar” de ambos pueblos, que tienen la “responsabilidad histórica de impulsar el desarrollo y el progreso de la humanidad”.
  • 04En este sentido, ha destacado la importancia de mantener una “relación constructiva” y “benigna”, con la que China y EE.UU. “fortalezcan la comunicación” y “dejen de lado las diferencias”. “Debemos coexistir en paz”, ha sentenciado Xi, reiterando un mensaje habitual en él: “No debemos evitar la competencia, pero esta debe ser saludable y mantenerse dentro de unos límites”.

Después de ponerle una alfombra roja anoche y saludarlo al aterrizar su avión, una deferencia inusual en la diplomacia estadounidense, el presidente Donald Trump ha recibido de nuevo con mucha pompa a su homólogo chino, Xi Jinping, en una fastuosa bienvenida en la Casa Blanca que no ha regalado ni a sus mejores aliados. 

“Es un honor recibirle en Washington, hoy se convierte en el primer líder chino en realizar una segunda visita de Estado a EE.UU.”, ha destacado Trump en las declaraciones previas a su reunión, llenas de elogios, recordando su primera visita en el 2015, durante el mandato de Barack Obama.

El encuentro, cargado de simbolismo, no ha traído anuncios ni acuerdos materiales, pero sí una exhibición de sintonía entre los líderes de las dos primeras potencias mundiales, destinadas a entenderse. Xi ha señalado que su intención con la visita era “fortalecer la amistad, ampliar la cooperación y promover el bienestar” de ambos pueblos, que tienen la “responsabilidad histórica de impulsar el desarrollo y el progreso de la humanidad”. En este sentido, ha destacado la importancia de mantener una “relación constructiva” y “benigna”, con la que China y EE.UU. “fortalezcan la comunicación” y “dejen de lado las diferencias”.

Peng Liyuan, Xi Jinping, Donald Trump y Melania Trump  antes de la cena de Estado 
Peng Liyuan, Xi Jinping, Donald Trump y Melania Trump antes de la cena de Estado Annabelle Gordon / Bloomberg

“Debemos coexistir en paz”, ha sentenciado Xi, reiterando un mensaje habitual en él: “No debemos evitar la competencia, pero esta debe ser saludable y mantenerse dentro de unos límites”. En este sentido, ha llamado a una mayor cooperación entre los ejércitos de ambos países, que deben “mantener un diálogo regular” para poder “superar la trampa de Tucídides”. En su última reunión, el 14 de mayo en Pekín, Xi lanzó la misma advertencia, en alusión a la trampa según la cual una potencia hegemónica tiende al conflicto cuando se siente amenazada por otra emergente.

“Trabajando juntos, el presidente Xi y yo hemos logrado avances extraordinarios”, ha destacado Trump, citando una tregua comercial acordada tras su propia escalada arancelaria, y ha avanzado que ambos iban a hablar sobre “cuestiones urgentes relacionadas con la seguridad, la tecnología y la super inteligencia (SI)”, la expresión que el líder de EE.UU. usa para referirse a la inteligencia artificial, para “promover la paz y prosperidad durante décadas”.

Para su primera visita de Estado en una década, Trump ha intentado igualar la pomposa ceremonia que le ofreció Xi en Pekín hace cuatro meses, pero el recluido espacio de la Casa Blanca no ha permitido que luciera tanto el espectáculo. Para esta ceremonia, la Administración ha distribuido a 479 miembros de las Fuerzas Armadas y ha preparado una exhibición de banderas chinas y estadounidenses, el concierto de cuatro bandas militares y el sobrevuelo del bombardero más avanzado de EE.UU., el furtivo B-2.

Los presidentes y las primeras damas de China y EE.UU., durante la ceremonia de bienvenida por la visita de Estado en el Pórtico Sur de la Casa Blanca
Los presidentes y las primeras damas de China y EE.UU., durante la ceremonia de bienvenida por la visita de Estado en el Pórtico Sur de la Casa BlancaYuri Gripas / Bloomberg

Ambos líderes se han encerrado después, tanto en el despacho oval como en la sala de gabinete, para hablar durante más de una hora sobre asuntos tan delicados como la relación comercial, la gobernanza de la inteligencia artificial o la guerra de Irán. Y, al terminar, Trump ha mostrado orgulloso a su homólogo su nuevo helipuerto, su salón de baile en construcción y el nuevo pasillo –o salón de la fama– con los cuadros de sus predecesores. 

Rompiendo de nuevo el protocolo, Trump se ha llevado a Xi hasta su helicóptero presidencial, el Marine One, a donde se han subido ambos en un momento. “Se le ve fuerte, vibrante y en forma: mejor que nunca”, ha elogiado Trump a Xi. El mensaje, y el paseo por la Casa Blanca, ilustra una intención de ambas delegaciones con esta visita de Estado: mantener al margen sus fricciones y exhibir su débil détente, tanto comercial como geopolítica. 

Aunque no han trascendido conclusiones oficiales de la reunión, e asunto de la guerra comercial entre ambos países estaba en el centro del encuentro. El miércoles, mientras Trump recibía a Xi a los pies de su avión, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunciaba que EE.UU. y China habían acordado prorrogar hasta el 10 de enero la tregua comercial firmada hace un año, que iba a expirar en noviembre. Sin embargo, una tregua no es la paz y, según dijo Bessent, tan solo servirá para “ganar más tiempo”.

Xi afirma que los dos países deben trabajar para garantizar que la IA esté “siempre bajo control humano yu al servicio del bienestar de la población”

Después de una subida astronómica de aranceles, hasta más del 145% para las importaciones chinas de EE.UU., y la respuesta de Pekín con tipos del 125%, ambos países firmaron este alto el fuego tras la reunión de ambos mandatarios en Busan (Corea del Sur). La desescalada dejó los tipos generales alrededor del 30%, y el pacto llevó a China a comprometerse a frenar el flujo de sustancias químicas utilizadas para fabricar fentanilo, a reanudar las compras de soja estadounidense y a levantar sus restricciones a las exportaciones de tierras raras, aunque en la práctica estas han seguido en descenso en el último año.

La ampliación de la tregua es el único avance de esta visita de Estado, en la que también ha sido un plato principal del menú la inteligencia artificial. Antes de la reunión, el presidente ha insistido en su posición inmovilista, después de que los líderes de empresas punteras de IA pidieran un frenazo de su desarrollo: “Quiero dejar la super inteligencia exactamente donde está, y esa es también la posición de China”. Por su parte, Xi ha dicho ante Trump que ambos países deben trabajar para “garantizar que su desarrollo esté siempre bajo control humano y al servicio del bienestar de la población”. 

En el fondo, pese a sus palabras, los dos países trabajan incansablemente para superar al otro en esta competición, que marcará el futuro de su relación y de la humanidad. Lo mismo ocurre con Taiwán, isla  autogobernada que Pekín considera de su soberanía y pretende “unificar” en los próximos años. A diferencia de sus predecesores, Trump ha sido más dócil con esta cuestión al no comprometerse a defenderla en caso de ataque, y ha dejado en suspenso un paquete de ayuda armamentístico valorado en 14.000 millones de dólares.

El embajador chino en EE.UU., Xie Feng, dejó claro este miércoles, en un artículo publicado en el People's Daily, el diario oficial del Partido Comunista Chino, que Xi no iba a aceptar una actitud hostil con el asunto de Taiwán, que calificó como un ade las “líneas rojas” de la reunión con Trump. Si se trató en el encuentro privado entre ambos líderes, es algo que no ha trascendido.

Por la noche, Trump ha deleitado a la delegación china con una cena de Estado, a la que, según lamentó la semana pasada, “muchos muy buenos amigos” del mandatario finalmente no han asistido porque “no pueden venir” a este codiciado evento. En él figuran como invitados los principales magnates de empresas tecnológicas estadounidenses: Jensen Huang (Nvidia), Sam Altman (OpenAI), Jeff Bezos (Amazon), Elon Musk (Tesla y SpaceX), Sundar Pichai (Alphabet), Tim Cook (Apple), Satya Nadella (Microsoft) o Michael Dell (Dell Technologies), entre otros.

Javier de la Sotilla
Javier de la Sotilla
Washington

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Washington. Servicio Especial.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.