Ulises rellenó de cera los oídos de los marineros de su embarcación para que no pudieran oír el canto melifluo y seductor de las sirenas, dirigido a hipnotizarlos y hacer que se estrellaran contra los acantilados. Andy Burnham no solo se ha tapado los suyos sino que se ha puesto una venda en los ojos, para no ver ni escuchar los comentarios de la oposición y de la prensa conservadora tras decir que no descarta el regreso del Reino Unido a la Unión Europea.
Es una de las opciones sobre la mesa –declaró en una entrevista este miércoles a la BBC–, junto con varias otras: dejar las cosas como están ahora (con pequeños retoques para facilitar el comercio y mayor colaboración en diversos campos), entrar en la unión aduanera, ingresar al mercado único, en el Área Económica Europea junto con Noruega y Liechtenstein, un pacto como el de Suiza, la condición de “Estado asociado”... “Hemos de estudiar los pros y contras, y ver qué es viable y qué no lo es”.
Es ya la tercera vez que el titular de Downing Street (a quien le gusta agradar a todo el mundo) matiza su posición al respecto. Como alcalde de Manchester dijo que esperaba ver al Reino Unido de regreso en la UE antes de morir; como candidato al escaño por Makerfield (muy euroescéptico), aseguró hace pocos meses que el tema del Brexit estaba cerrado; y ahora, para engatusar al electorado eurófilo que se siente tentado de votar a los Verdes, sugiere que todas las opciones están abiertas.
“El Brexit ha hecho más mal que bien, ha deprimido el crecimiento económico y fomentado la pérdida de control sobre la inmigración”, sostiene Burnham, haciéndose eco de informes que indican una perdida de entre cuatro y seis puntos del PIB por la salida de la UE. Pero deducir de ello que va a mover ya ficha para el regreso al club sería un error, porque para ello sería necesario otro referéndum y –en caso de ganara el sí– una complejísima negociación de años con Bruselas sobre las condiciones del retorno del hijo pródigo (¿euro o libra?, ¿Schengen o no Schengen?, etcétera).
Las encuestan muestran que una clara mayoría de los británicos (más del 60%) considera que el Brexit fue un error que ha reducido las exportaciones a Europa, multiplicado la burocracia para las pequeñas empresas y complicado la vida a los nacionales de este país con casas en la Costa Blanca, la Provenza o la Toscana, y a los turistas que sufren largas colas en los aeropuertos mientras se les toman las huellas digitales.
Pero de ahí, y de considerar que en teoría todas las opciones están abiertas, a dar un paso decisivo hay un largo trecho. Primero habría que incorporar al próximo manifiesto laborista de cara a las elecciones del 2029 el objetivo del regreso total a la UE, o el parcial a la unión monetaria o el mercado único, posibilidades todas ellas que significarían que Londres aceptara el libre movimiento de personas y la llegada sin límite de estudiantes y trabajadores europeos en un momento en el que la obsesión nacional es reducir la inmigración.
Burnham pretende seducir a los votantes progresistas y proeuropeos, porque su estrategia electoral es completamente contraria a la de Keir Starmer. Mientras su predecesor buscaba recuperar los antiguos bastiones industriales del norte de Inglaterra socialmente conservadores y ferozmente anti inmigración que se han pasado a Farage, él contempla una amplia coalición de centroizquierda con los liberales demócratas, Verdes, nacionalistas escoceses y galeses. Por eso apoya también una cambiar el actual sistema mayoritario por uno proporcional.
La preocupación inmediata de Londres de cara a la cumbre Reino Unido-UE prevista para finales de noviembre (si no vuelve a aplazarse) es que este país no sea metido en el mismo saco que China en la legislación llamada Made in Europe que se está negociando en Bruselas, y que sectores industriales de este país como el acero y el automóvil sean víctimas colaterales de las medidas proteccionistas. Eso, junto a un plan de movilidad juvenil que lleva años atascado por la reticencia británica y la homologación de las regulaciones en sectores como el agrícola, alimenticio y energético, serán los principales asuntos sobre la mesa.
Pero mientras tanto, Farage, los conservadores y el amplio sector de la prensa que los apoya ¡gritan traición, traición! y cantan como las sirenas de La odisea para que el barco de Burnham y el laborismo se despeñe contra las rocas. Por eso, sea cual sea su intención respecto al regreso a la UE, se ha tapado los oídos con cera.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.