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La Contra Nº 12.488 · 18 mayo 2026, 00:05
Victoria Monell
Victoria Monell, directora general de la Fundació Silvestra Moreno:

“Cuando alguien vuelve al barrio, empieza a curarse”

Foto: Xavi Jurio

Tengo 54 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy la tercera de seis hermanos y tres de ellos tienen una discapacidad auditiva. Divorciada. Tres hijos. Estudié económicas y dirijo una fundación dedicada a personas con problemas de salud mental. Creo en los políticos coherentes. Y soy creyente a mi manera.

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Actualizado hace 21 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01¿Por qué se dedica a la salud mental?
  • 02Porque crecí viendo las dificultades de mis tres hermanos pe­queños.
  • 03Recuerdo el patio del colegio: querían jugar con los demás, pero no podían comunicarse igual.

¿Por qué se dedica a la salud mental?

Porque crecí viendo las dificultades de mis tres hermanos pe­queños.

¿Qué problema tienen?

Discapacidad auditiva. Recuerdo el patio del colegio: querían jugar con los demás, pero no podían comunicarse igual. Eso me marcó.

¿Qué le generó?

Protección, pero también una convicción: son como nosotros y tienen derecho a hacer la vida que quieran.

Y acabó dirigiendo una fundación de salud mental.

Yo venía del mundo financiero y pensaba que me contratarían para gestionar. Pero cuando conocí el proyecto entendí que aquello iba de vidas. La enfermedad mental afecta a personas muy vulnerables.

¿Qué hacen ustedes por ellos?

Convertimos problemas en soluciones. Si hay soledad, conectamos a personas. Si no pueden pagar un alquiler, impulsamos pisos compartidos. No decidimos por ellos: les ayudamos a decidir.

Todo eso parece muy costoso.

Y una residencia o una cama psiquiátrica, también. Incluso más. Con buenos apoyos en casa podrían vivir fuera y mejor.

¿Qué significa ayudarles a decidir?

Escuchar qué vida quieren tener: dónde quieren vivir, qué relaciones conservar, qué les hace sentirse bien. No imponemos una vida correcta: intentamos darles apoyos para construir la suya.

¿Por qué son tan vulnerables?

Porque la enfermedad mental todavía genera miedo y rechazo. Existe la idea de que son personas peligrosas, pero nosotros vemos justo lo contrario: suelen ser mucho más víctimas que amenaza.

¿Hay quien abusa de ellos?

Sí. Hay personas que se aprovechan de su soledad. Les invitan a un café, les escuchan un rato y acaban sacándoles dinero. Son extremadamente vulnerables emocionalmente.

Usted siempre ha defendido que puedan vivir fuera de los psiquiátricos.

Sí. Poder pasear, tomar un café, decidir cuándo sales o qué comes, hacer actividades. Hay personas que llevan años encerradas y mejoran muchísimo cuando vuelven a vivir en el que fue su barrio.

Ahora le apoya la ley.

La convención de la ONU cambió la mirada: ya no hablamos de incapacitar, sino de dar apoyos.

¿Qué porcentaje de enfermos mentales podría vivir fuera de un psiquiátrico?

Muchísimos más de los que creemos. Con los apoyos adecuados, la mayoría podría vivir fuera. El problema no es la enfermedad: es la falta de apoyos.

La vivienda lo cambia todo.

Sí. Cuando alguien tiene un hogar, un lugar donde sentirse de algún sitio, muchísimos problemas empiezan a desaparecer.

Habrá personas incapaces de decidir.

Hay quienes necesitan muchísimo apoyo. Pero incluso entonces hay que intentar preservar su voluntad. Es un cambio profundo.

Póngame un ejemplo.

Un hombre con ludopatía había perdido todo su dinero. El juez nos pidió ayudarle a controlar sus gastos. Al principio estaba furioso con nosotros. Pero empezamos a trabajar con él, entendiendo qué había detrás de aquella adicción. Hoy ha superado la ludopatía y ayuda a otras personas.

¿Ha visto cambiar muchas vidas?

Muchísimas. Personas que parecían desahuciadas socialmente y han reconstruido vínculos, amistades, rutinas. A veces, el cambio empieza por algo muy pequeño: salir de casa.

¿Qué ha aprendido?

Que la soledad empeora las cosas. Recuerdo a un hombre de mi edad que me decía: “A las diez de la mañana ya lo he hecho todo”.

Estaba solo.

Sí. Intentaba ir al gimnasio y se sentía distinto. Intentaba ir a la biblioteca o apuntarse a actividades, pero no lograba seguir el ritmo. Ahí entendí que el problema no era solo clínico: era humano.

¿Y qué hicieron?

Acompañarlo. A veces alguien solo necesita que otra persona le ayude a entrar en el mundo otra vez.

Los padres cargan con casi todo.

Sí. Muchos dedican su vida entera a cuidar. Y cuando mueren, los enfermos quedan paralizados ante la vida cotidiana: nunca habían cocinado, hecho cualquier gestión o salido solos de casa.

¿Algún caso especialmente emocionante?

Un hombre que había vivido siempre con su madre. Cuando ella murió, se quedó solo, delante del televisor. Empezamos a ayudarle a salir, a organizarse, a relacionarse. Conoció a una mujer y se enamoraron.

¿Se casaron?

Querían, pero no les dejaban porque él estaba incapacitado legalmente. Lo peleamos. Y se casaron. Fue una de las bodas más emocionantes de mi vida.

IS
Ima Sanchís
La Contra

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.