Cree en sus muertos...
Más que en los vivos.
Y son...
Mis padres, mi perra Zuri, Pepelu (exmarido mío): me confortan con más honor, piedad y humanidad que los vivos.
Pero usted habla a los vivos.
En Radio Nacional hace 27 años, y antes por 15 años en Catalunya Ràdio.
Son más de 40 años...
No me lo creo... Pero sí: con 18 años empecé en radio local y tengo 58 años.
Oía yo su eufónica voz en las madrugadas de La nit dels ignorants ...
De 1996 a 1999. Desde el locutorio yo veía una ventana iluminada durante el programa en el edificio de enfrente...
¿Un admirador?
La luz de un náufrago. Apagaba al acabar yo. Nunca llamó ni se manifestó.
Igual lee esto y le llama ahora...
Llamaban con preguntas raras: “¿A qué velocidad vuela una mosca?”, preguntó uno. ¡Y un catedrático de entomología llamaba y daba la respuesta!
¿Algún momento le conmovió?
“Escucharte me confortó cada madrugada que salía del hospital”, me confesó una madre con un hijito enfermo de cáncer, que moriría. Eso compensa de todo.
¿Qué le mueve a empuñar cada día el micrófono?
La curiosidad por lo humano. Y el saber que una voz puede dañar... o salvar.
¿Se ha arrepentido de algo de lo dicho?
No, pues nunca he buscado hacer daño: es de periodistas incapaces o ignorantes.
¿Qué es lo mejor de hacer radio?
Poder mostrar cómo la vida pasa por nosotros. He grabado ahora Escolta Poblet.
¿Qué es Escolta Poblet ?
Un viaje a las interioridades del monasterio de Poblet.
Magnífico enclave.
Con mi compañero Pep Gorgori vivimos en el monasterio cada fin de semana durante un par de meses: hemos grabado de todo, hemos entrevistado a los monjes...
¿Se han dejado preguntar... de todo?
¡De todo! Me han sorprendido. De sexo, de su vocación... Me impactó la precisión con que un monje, el padre Torcal, cuenta la llamada de su vocación: tenía ocho años, estaba en la cama, afuera llovía...
¿Qué más ha grabado?
Además de conversaciones, los sonidos del claustro, el agua del surtidor, un piar de pájaros, cantos de matines y vísperas, músicas, una puerta al cerrarse...
Me está apeteciendo escucharlo.
Con auriculares: te sentirás dentro de Poblet, tiempo y espacio desaparecen. Poblet es un microcosmos, el exterior se diluye y sientes amplificarse tu humanidad.
Descríbame un instante suyo allí.
Una medianoche miré aquel firmamento estrellado... y sentí inmensa gratitud.
Maravilloso.
No todo el mundo resiste un silencio tan atronador, alejado de pantallas y vanidades de esta sociedad que encumbra la mediocridad y el cretinismo.
¿Qué mundo hay en Poblet?
Un mundo de misericordia, compasión, bondad.
¿En qué son útiles a la sociedad unos apartados monjes?
Rezan por ti, por mí. Alguien tiene que hacerlo. Y ejemplifican un modo de vivir más sereno. No está mal.
Y custodian el Archivo Tarradellas.
Sí, que merece visita: reproduce su despacho. Y preserva sus cartas, entre otros corresponsales Mercè Rodoreda. Y hay otro archivo de interés...
¿Cuál?
El del historiador e hispanista Paul Preston: va enviando cajas allí con su legado como investigador.
¿Qué virtudes destacaría en los monjes de Poblet?
Valentía, elegancia, sensibilidad, escucha. El padre Lluc Torcal, el padre Borja, el padre Barrué... son modélicos. La regla de la orden de Sant Benet dictó ya en el medioevo que el abad manda... pero está obligado a dar voz y escuchar a todos los monjes.
Yo entrevisté ahí al padre Agustí Altisent.
Yo al padre Rafel Barrué, actual abad: “Llegué aquí con una maleta pequeña y otra grande. De entrada abrí solo la pequeña...”, me confesó.
Por ver cómo se aclimataba...
“Cuando llegó el frío, abrí la grande... ¡y hasta hoy!”.
¿Qué espera usted de la radio en lo sucesivo, Sílvia?
Seguir disfrutándola, siempre abierta a lo que surja.
Aconseje algo a una joven radiofonista.
No te abandones a improvisar, tú estudia y prepárate... ¡Y ama mucho lo que haces!

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.