¡Estrena ópera hoy!
Romeo y Julieta , en el Teatro Real de Madrid, sí. Yo soy Romeo, Nadine Sierra es Julieta.
Tenor y soprano.
Tercer montaje juntos de esta ópera de Charles Gounod, su obra más genial, expresión plena del romanticismo musical.
¿Cuánto dura esta ópera?
Dos horas y veinte minutos. Y con Romeo en escena y cantando casi todo el tiempo.
¿Cómo se resiste eso?
Con cuidado y buenos ensayos, y con buena humidificación para la garganta.
¿Humidificación?
Pongo humidificadores de aire, en casa y en el camerino, y sobre todo en Madrid, dada su alta sequedad del aire.
¿Qué grado de humedad necesita?
No sé, pero le diré que mi camerino es siempre una densa neblina, ja, ja...
¿De qué otro modo cuida la voz?
Dieta proteínica ligera, con verduras y frutas, y dormir muy bien, que no es fácil.
¿No es fácil dormir bien?
Es que llego a casa con la adrenalina alta todavía, a causa de las emociones de la función, y me cuesta conciliar el sueño.
¿Cómo llegó a cantante de ópera?
Para honrar a Dios.
¿Perdón?
Me encomiendo a Dios siempre antes de salir al escenario. Antes hacía otra cosa.
¿Qué?
Cantaba en misa, con un grupo de compañeros parroquianos y músicos. Iba casi a diario... y un buen día decidí componer canciones propias para la misa.
¿Qué edad tenía en esa época?
Tenía 19 años, estudiaba ingeniería mecánica eléctrica por deseo familiar... pero no era lo mío. Perdía el tiempo. Y, a escondidas, abandoné para estudiar música.
¿Algún instrumento?
Me gustaban el piano y la guitarra, y era ya tarde: tomé clases de canto. ¡Fue extraño!
¿Qué fue extraño?
La voz es como la musculatura: aparece si la trabajas. Mi voz era desconocida para mí. En tres años, empecé a entenderla. Y al cabo de cinco años, empecé a soñar...
¿A soñar en...?
Cantar ópera.
¿Qué cantaba antes?
En orquestas populares e iglesias...
Me interesa lo de su relación con Dios...
Cantaba en misa con el grupo Maram Atha (“Ven, Señor”): cada cántico era una alabanza, una ofrenda a Dios. Fue así hasta los 25 años: con idéntico sentimiento de gratitud a Dios empecé a cantar ópera.
¿Cómo se encomienda a Dios?
“Señor, gracias por permitirme estar aquí, en este escenario, ¡quédate a mi lado!”.
¿Cuál es el mejor piropo que ha oído?
En el Teatro Real de Madrid, al finalizar una ópera, me esperaba un señor octogenario: “En mi lista de cosas que hacer antes de morir figuraba ‘ver cantar a Javier Camarena’. Y vengo desde Chile para escucharle. ¡Y ha merecido la pena!”.
Guau.
Me hablaba con lágrimas en las mejillas. Me regaló dos gemelos de oro, dos moneditas mexicanas, son lindísimos...
Piropo insuperable, desde luego.
También me conmueven los que me dicen que al escucharme han sentido alguna conexión con lo divino.
Bach y Mozart componían misas...
Había sido esa mi aspiración en mis mejores sueños, después del jazz y del blues... ¡pero me llegó la ópera y me atrapó!
¿Cuál fue la primera música que usted escuchó?
Mis familias paterna y materna escuchaban siempre música, de universos distintos: de Julio Iglesias a Carpenters, de Camilo Sesto a Abba, de Miguel Bosé a Kiss, de Eart, Wind & Fire a charleston, bailables, y vernácula mexicana: Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Jorge Negrete...
Ser mexicano, ¿en qué consiste?
Me enorgullece llegar a un auditorio lírico y que el director me diga: “¿Mexicano? ¡Ah, con razón!”. Porque hay una tradición de grandes tenores mexicanos.
¿Qué tiene México, en lírica, que no tenga otro país?
Tiene color, picante, folklore, mariachi, llora sin dejar de cantar, canta a la muerte, canta al amor que duele. Toda esa sensibilidad acaba por trasladarse a la ópera.
¿Qué instante sobre un escenario jamás olvidará?
En el Gran Teatre del Liceu, en el 2018, en la última función de I puritani : se hundió de aplausos, bravos y vivas, canté un bis, cayeron del cielo papelitos de colores, todos estuvimos soberbios, todo fue tan precioso, tan redondo... Inolvidable.
Abandonó sus estudios de ingeniería para cantar: ¿qué le dijeron sus padres?
Que todo sueño exige esfuerzo, trabajo y sacrificio.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.