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La Contra Nº 12.488 · 29 mayo 2026, 00:05
Gabriel Weston
Gabriel Weston, cirujana y escritora londinense:

“Siempre sospeché que cuerpo y sentimientos hablaban entre sí”

Foto: Hetty Cohen

Tengo 56 años: estoy encantada de hacerme mayor, de seguir viva. Casada, 4 hijos y 2 gallinas. Trabajo en dos hospitales. Soy liberal de izquierdas. Creo que debemos cuidar más el planeta y democratizar el mundo. Estoy en contra del populismo. La música sacra me conmueve pero soy atea.

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3 puntos clave Ver
  • 01Fue un cambio extraño porque en mi familia no había médicos y las ciencias se me daban fatal.
  • 02Pero un día fui invitada a un quirófano y sentí que algo en mí cambiaba radicalmente.
  • 03Sí: fascinación por el cuerpo humano.

Estudió Literatura. ¿Qué la llevó a la cirugía?

Fue un cambio extraño porque en mi familia no había médicos y las ciencias se me daban fatal. Pero un día fui invitada a un quirófano y sentí que algo en mí cambiaba radicalmente.

¿Una revelación?

Sí: fascinación por el cuerpo humano.

¿Qué aprendió de bueno y de malo en la facultad de Medicina?

Aprendí a mirar el cuerpo con asombro y curiosidad; me acompaña desde entonces. Lo malo: aprendí la necesidad de protegerme en un entorno muy masculino y competitivo.

¿Ocultó que había estudiado Literatura?

Sí, quería que me vieran como una médica “auténtica”. Luego comprendí que leer libros y amar el arte también ayuda a ser una buena cirujana.

¿Qué exigía ser cirujana en los 90?

La cirugía era un entorno muy competitivo y dominado por hombres. Aprendí a desarrollar mi lado más competitivo, ambicioso y duro. Acallé otras partes de mí: la sensibilidad o la compasión.

¿La enfermedad la cambió?

Sí. Cuando descubrí que mi corazón no funcionaba bien y mi hijo fue diagnosticado de un cavernoma cerebral, entendí algo esencial: no estamos los médicos a un lado y los pacientes al otro. Todos somos seres humanos vulnerables.

Le diagnosticaron una cardiopatía con un abrazo.

Tenía poco más de veinte años y un novio estudiante de Medicina me escuchó el corazón: “Aquí algo no va bien”. Aquel momento fue extraño: comprendí que iba a necesitar cuidados toda la vida.

¿Qué ha aprendido como paciente?

La enfermedad ha disuelto la frontera con mis pacientes. Uno no quiere solo información, quiere que alguien le diga: “Estoy aquí y voy a cuidar de usted”.

¿Los médicos que enferman se humanizan?

La enfermedad te acerca al otro. Entiendes cosas que antes solo conocías desde el otro lado del bisturí.

¿Hay que creerse un poco Dios para abrir a alguien con un bisturí?

Necesitas mucha confianza. Y la confianza suele venir acompañada de ego.

¿Qué ha hecho con el suyo?

Mis hijos lo mantienen bajo control. Me critican constantemente y muchas veces tienen razón. Quizá por eso sigo entrando en el quirófano con la frialdad justa.

¿Qué le ha enseñado la cirugía?

Las mismas lecciones que la vida: trabaja mucho, sin pasarte; ten confianza, pero no seas arrogante. Todo son paradojas.

Le gusta estar donde la vida y la muerte se rozan. ¿Qué busca allí?

Allí todo parece más intenso. Es una sensación parecida a enamorarse: los colores, las emociones, la conciencia de estar vivo, todo se amplifica. De ahí nace mi escritura.

¿Qué le ha enseñado la piel?

Pensamos que está para protegernos de lo que nos amenaza, pero algunas cosas se quedan fuera y otras entran. Me hizo pensar que vivir consiste un poco en eso.

¿Qué le ha sorprendido del corazón?

Que las emociones lo transforman físicamente. Siempre sospeché que cuerpo y sentimientos hablaban entre sí. Ahora sabemos que es verdad.

¿Los pulmones albergan la tristeza?

Me encanta esa idea. La respiración es la música de los sentimientos. Es una de las primeras maneras de saber cómo se siente alguien: respiramos distinto cuando estamos tranquilos, ansiosos o asustados.

¿Y el cerebro?

Me aterroriza. El cavernoma cerebral de mi hijo me hizo comprender que allí tenemos muy poco margen de error. Es un órgano sofisticadísimo encerrado en una caja demasiado pequeña: unos pocos milímetros pueden cambiar una vida.

¿Seguimos sin conocer nuestra anatomía más íntima?

Nos enseñan a hombres y mujeres como anatomías opuestas, cuando son extraordinariamente parecidas. El equivalente del pene no es la vagina, es el clítoris.

¿Hay hombres que se sienten rechazados sexualmente?

Les preguntaría: “¿Quién te debe sexo?”. Lee un libro, sal al mundo, ten curiosidad, conviértete en alguien interesante. Una persona amable e interesada en algo más que en sí misma resulta atractiva.

Ha escrito sobre sus errores médicos.

Porque me interesa desmontar la idea del médico perfecto. Solo mereces credibilidad si eres capaz de reconocer tus errores.

Enséñeme a habitar mi materia viva.

Vivimos dentro de nuestros cuerpos como si fueran a obedecernos siempre. Error. También habitamos nuestras heridas, miedos y vulnerabilidades. Tal vez vivir consista en aceptar esa fragilidad y escucharla.

IS
Ima Sanchís
La Contra

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.