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La Contra Nº 12.488 · 30 mayo 2026, 00:05
Diane Coyle
Diane Coyle, catedrática de Economía en Cambridge, ex vicepresidenta de la BBC:

“Hoy la economía pasa por el móvil, pero no sabemos medirla”

Foto: Xavi Jurio

¿Edad? Está en internet. Nací en Lancashire y escapé de la fábrica textil donde trabaja mi familia yendo a la universidad. He sido economista en el Tesoro, la prensa y en empresas. He invertido en la red de prensa local Mill Media: ya ganamos dinero. Soy flamante honoris causa por la Universitat Oberta de Catalunya.

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Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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4 puntos clave Ver
  • 01¿Todo ha cambiado menos las estadísticas económicas?
  • 02Aún medimos la economía con métodos que ya no tienen sentido, porque la productividad, la rentabilidad, los datos, la economía de la atención...ya no dependen de las fábricas y los mercados, sino del móvil que llevamos en el bolsillo.
  • 03Nuestros hábitos de consumo; ¿acaso no compra usted con el móvil o le llevan la comida a casa?
  • 04Los modelos de negocio han cambiado de arriba abajo.

¿Todo ha cambiado menos las estadísticas económicas?

Aún medimos la economía con métodos que ya no tienen sentido, porque la productividad, la rentabilidad, los datos, la economía de la atención...ya no dependen de las fábricas y los mercados, sino del móvil que llevamos en el bolsillo.

¿Por ejemplo?

Nuestros hábitos de consumo; ¿acaso no compra usted con el móvil o le llevan la comida a casa? Los modelos de negocio han cambiado de arriba abajo. Y la categoría y definición de empleo y sueldo.

¿En qué sentido?

Aún describimos los empleos –cuello blanco-cuello azul– como en la sociedad industrial. Ya no sirve: ¿Qué es uninfluencer en esa clasificación de profesiones?

Si yo lo supiera, se lo diría.

Que no lo sepa usted es disculpable. Pero es que los gobiernos, los bancos centrales, los reguladores de los mercados, los legisladores... Todos navegamos a oscuras por la economía digital, porque no sabemos cómo medirla.

¿Qué propone?

Asumir que los modos que tenemos de medir la economía no sirven en la era digital. Y eso impide a los gobiernos tomar medidas eficientes, como en el mercado de la vivienda o en los salarios y pensiones, que antes tenían mejores resultados.

¿Cuál es la consecuencia?

Desigualdad.

¿La economía en K, donde unos ganan cada vez más y otros, menos?

Y en que la inflación se puede acelerar de formas impensables y agudizar la desigualdad para los salarios fijos y los más bajos. Pero también hay un uso perverso de la tecnología.

¿No nos facilita la vida?

¿No se ha encontrado usted nunca a sí mismo peleándose con el bot de un banco por un error en la tarjeta de crédito?

Preferiría no acordarme.

¿Y no se desespera cuando su aseguradora logra no pagarle porque los trámites digitalizados acaban en larguísimas esperas para estrellarse contra otro robot? ¿O cuando toda la comida disponible y asequible para usted es comida basura?

¿Toda?

¿Ha ido usted a comprar pescado, carne, verduras, fruta fresca? Yo sí y cada vez se ensancha la diferencia entre lo carísima que es y lo barata que resulta en comparación la alimentación procesada.

¿Luego te lo gastarás en médicos?

Comida procesada y muchas horas hipnotizados ante las pantallas: dispararán el coste sanitario, y esas tensiones aumentan otras en las que gana el populismo.

¿Qué propone para evitarlas?

Para empezar, los grandes casi monopolios de las empresas digitales estadounidenses se están apropiando de nuestros datos, que son un valor similar al del dinero aunque no sepamos aún medirlo.

¿Cómo medirlo?

Solo sabemos que ese valor está convirtiendo a esas empresas en dueñas de nuestras economías y en amenaza para nuestra soberanía individual y colectiva.

¿Y cómo evitarlo?

Necesitamos datos ya. Y que nos los den esas grandes plataformas tecnológicas para saber cómo usan los europeos la inteligencia artificial. Procesar esa valiosa información requiere también repensar toda la economía y cómo la medimos.

¿Por qué?

Porque han cambiado cómo funciona una economía próspera y cómo se reparte esa prosperidad. Todo: las cadenas de generación de valor, cómo se gana dinero, cómo se reparte y cómo se tributa...ha cambiado. La guerra en Irán, por ejemplo, hoy dificulta el flujo de petróleo y derivados...

Eso ya ha pasado en otras crisis.

Pero la distorsión en el transporte de los ácidos para el cobre de los chips por el estrecho de Ormuz es nueva y relevante, y hay otros cuellos de botella geopolíticos en la revolución tecnológica que, si no los conoces, te impiden entender qué pasa. Lo mismo ocurre en el día a día de la gestión de nuestras economías.

¿Y sin cobre ya no hay chips ni datos?

Sin tener en cuenta el valor de los datos digitales –cómo usamos el móvil– hoy no se entiende la economía. Sin saber cómo controlan nuestras vidas y bolsillos no vamos a saber gestionarlos. ¿No sabe usted que su trabajo está siendo monetizado por otras plataformas? Hay que actualizar urgentemente las leyes de copyright.

Adelante, sin duda, pero ¿cómo?

Yo propongo el modelo del Mercado de Derivados de Chicago, porque los futuros que compra y vende son un referente para entender el valor de los datos que generamos al usar el móvil.

LA
Lluís Amiguet
La Contra

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.