Yo he visto milagros.
¿De qué tipo?
Llevo 35 años trabajando con niños con cáncer, así que puedo darle el teléfono de Dios.
¿…?
Todos tenemos la capacidad de hablar con un Dios mucho más bondadoso de lo que nos han pintado. No hay que opositar ni estudiar. Solo hay que abrir la puerta. Y si lo hace, no solo creerá: tendrá comunicación.
Cuénteme las experiencias espirituales que le han marcado.
No sabe cuántos niños con cáncer, en el lecho de muerte, me han hablado del túnel de luz. A Dani le daba miedo, le cogí la mano y le dije: “Abre la puerta y si no te mola, vuelves. Yo te espero aquí”.
Emotivo.
Yo he visto a un padre que iba a suicidarse tras perder a su hijo. Una amiga abogada a la que le conté el caso y que no había conocido al niño soñó con él y le transmitió mensajes al padre, que solo padre e hijo podían entender. Aquello le salvó la vida, no se suicidó.
¿Y le ha ocurrido muy a menudo?
Continuamente. Y no tengo duda de que es cosa del Mister. De hecho, cuelgo todos esos milagros en una página web: Elmister.org.
Cuénteme otra historia.
Enrique iba a ser olímpico de waterpolo. El cáncer le robó ese sueño. Éramos muy amigos. El día que murió le visité. Al llegar a mi terraza apareció una lechuza enorme. Intenté espantarla, pero volvía una y otra vez. En ese mismo minuto falleció Enrique.
¿Qué significado tuvo para usted?
En muchas culturas la lechuza simboliza el paso entre la vida y la muerte. Su madre acabó tatuándose una. Dudé mucho antes de publicar Si no crees en Dios, te doy su teléfono. Aladina es una fundación muy seria y no quería que se confundieran las cosas.
¿Qué ha conseguido su Fundación Aladina en estos veinte años?
Hemos invertido más de 30 millones de euros en hospitales públicos, remodelado plantas de oncología infantil y creado unidades de trasplante. Pero donde más nos necesitan es cuando un niño fallece.
¿Qué hacen entonces?
Acompañamos a los padres a lo largo deun año. Los reunimos con otros que también han perdido a un hijo. Solo quien ha pasa-do por lo mismo puede entenderlos.
Cuenta que muchas veces son los niños quienes consuelan a sus padres.
Es extraordinario. Entro en una habitación y los padres me hacen un gesto para decirme que está fatal. Y la hija, cuando cree que sus padres no la ven, me hace el mismo gesto. Se protegen mutuamente. Los niños saben.
¿Qué le han enseñado esos niños?
Que hay cosas mucho más importantes que la vida y la muerte. El amor lo trasciende todo. Es lo único que permanece igual aquí y al otro lado.
¿Cuestión de fe?
Lo sé. He visto a muchos padres destrozados recuperar las ganas de vivir después de recibir una señal que para ellos era imposible de explicar. No le pido a nadie que me crea. Solo digo: pídale una señal a Dios. Si no recibe nada, me habré equivocado.
¿Qué descubrió el primer día que entró en un hospital?
Vi a una adolescente sola, a punto de vomitar. Me acerqué. Le encantaba mi serie Aladina, reímos. Salí pensando: “Esto es para mí”.
Pero no todo serían alegrías.
El primer niño que perdí se llamaba Santi. Aquello fue un golpe brutal. Ahí entendí que este camino dolía de verdad.
¿Se planteó abandonar?
Sí. Tras cinco años entrando a diario en un hospital infantil, estaba agotado emocionalmente. Pensé: “Ahora me toca vivir mi vida”. Decidí marcharme a EE.UU. para hacer cine.
¿Y qué ocurrió?
Fui a un concierto de U2. Bono paró el concierto: “Dedico esta canción a un hospital de Madrid que ayuda a niños con cáncer”. Era el nuestro. Sentí que el Mister me estaba diciendo: “Todavía no”. Y aquí sigo.
¿Ha encontrado el sentido de la vida?
Hacer caridad es la llave de todo. El de arriba te ayuda a creer. Si no sabe qué hacer, ayude a alguien.
¿Cómo acompaña a unos padres cuando su hijo va a morir?
Les ayudo a soltar. Llega un momento en que tienen que decirle: “Hijo, lo has hecho todo bien. Papá y mamá estarán bien. Descansa y vete a la luz”. He visto niños esperar esas palabras para poder irse.
¿Sigue doliendo igual?
Sí. Lloro a cada niño que se va. Pero salgo de una habitación y en la siguiente hay otro niño esperando una sonrisa. No puedo fallarle.
Usted siempre sonríe.
Porque una planta de oncología infantil es un lugar lleno de alegría. Cuando un niño se cura toca una campana y aquello es una fiesta. Yo tengo una butaca en primera fila del mayor espectáculo del mundo: el amor.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.