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La Contra Nº 12.488 · 28 julio 2026, 00:05
Adrià Ballester
Adrià Ballester, fundador de The Free Conversations Movement:

“La vida es el resultado de todas las conversaciones que tienes”

Foto: Xavi Jurio

32 años. Barcelonés. Vivo con mi gata Margaret y una compañera de piso. Licenciado en Empresariales, hice un máster en Gestión de Proyectos Sociales. No creo en eso de que entre todos hagamos un gran país, sino en que hagamos del país una herramienta para conseguir grandes personas. Soy agnóstico.

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Actualizado hace 10 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Estaba mal en el trabajo y mal con mi pareja.
  • 02Un día el jefe me dijo algo que estuvo feo.
  • 03Aquel día, en lugar de regresar a casa, me fui andando hasta Collserola.
  • 04Me quité los auriculares, me quedé sin música y sin pensamientos, mirando la ciudad.

Estaba mal en el trabajo y mal con mi pareja. Tenía 21 años. Un día el jefe me dijo algo que estuvo feo. Cogí mis cosas y me fui.

¿Dejó el trabajo?

Sí. Aquel día, en lugar de regresar a casa, me fui andando hasta Collserola. Me quité los auriculares, me quedé sin música y sin pensamientos, mirando la ciudad. Hacía mucho tiempo que no me paraba.

¿Y qué pasó?

Apareció un señor mayor, enorme, y con una barba larguísima. Pensé que era Papá Noel, pero se llamaba Ramón. Fue muy fácil hablar con él porque no lo conocía y probablemente no volveríamos a vernos.

¿Le contó su situación?

Sí, y me dijo: “Tú no estás descontento con la vida, estás descontento con la vida que llevas”. La ansiedad que tenía en el pecho, como si me hubiera tragado una pelota de tenis, fue desapareciendo mientras hablábamos.

¿Y decidió devolver el favor?

Sí. Imaginé una aplicación, pero yo no sé hacer esas cosas; pero sí sé liarla. Así que cogí dos sillas, las planté en la calle y colgué un cartel que decía: “Conversaciones gratis”.

¿Qué pasó el primer día?

Se sentó una mujer de la ex Yugoslavia y me explicó cómo lo había perdido todo. Su historia fue tan interesante que por puro egoísmo decidí volver el fin de semana siguiente y fui cogiendo la rutina.

¿La gente se sienta sin más?

Sí, pero no se abre inmediatamente. Viene gente de todo el mundo. Escuchas historias increíbles y ves que hablar ayuda. Hay gente que se va llorando, y a veces yo también lloro.

¿Qué es lo que más le sorprende?

Que da igual el país o la clase social, a todos nos preocupa lo mismo: la salud, el amor y el dinero. Y te das cuenta de que no importa solo qué te sucede, sino cómo te lo tomas.

¿Cómo creció su proyecto?

Una chica me convenció para que abriera redes sociales y la gente escribió porque quería hacer lo mismo en su ciudad. Nos coordinamos todos por WhatsApp. Llevamos un control, todos escribimos lo sucedido.

¿Y cuándo se convirtió en The Free Conversations Movement?

Lo bautizó un periodista. Cuando empezamos a ser demasiados, tuvimos que crear una asociación y darle una forma jurídica.

¿Se dedica profesionalmente a esto?

Trabajo como comercial de programas informáticos para grandes empresas. Pero hice esto con tanta constancia y cariño que el personaje se me comió. Iba a una fiesta y me reconocían como el chico de las conversaciones gratis. En algún momento me abrumó.

¿En qué países están a parte de España?

En México, Perú, Japón... En México, una chica grabó a unos voluntarios, subió el vídeo a TikTok , tuvo cinco millones de visitas, salimos en las noticias y empezaron a escribirnos muchísimas personas para apuntarse.

¿Y en Barcelona?

Somos unos 70. No somos terapeutas. Las conversaciones son de igual a igual, y la norma fundamental es que no damos consejos.

¿Si alguien llega con un problema grave?

Lo escuchamos y lo derivamos a una asociación especializada.

¿Algún suicida?

Una vez. “Eres la última persona con la que voy a hablar; me pillas de camino al metro, donde voy a tirarme” me dijo. Busqué ayuda y, a raíz de aquello, decidí formarme y me hice voluntario del Teléfono de la Esperanza. Llevo dos años.

¿Qué edades se sientan más?

Menores de 25 años y mayores de 65.

¿Cuál es la conversación más difícil?

Con algún racista u homófobo. Pero aprendes a hablar con alguien que no piensa como tú y a entender cómo ha llegado hasta allí.

¿Por qué cree que la gente se abre tanto ante un desconocido?

Pueden ser ellos mismos. Escuchando a tanta gente he aprendido que la vida es el resultado de todas las conversaciones que tienes y de las que no tienes.

¿Qué conversaciones se quedan?

Las que te reflejan. Lloré con una superviviente de Auschwitz, pero le di vueltas a muchas conversaciones sobre mal de amores cuando yo terminé una relación de 8 años.

¿Qué le da el proyecto?

Amplitud de miras. Me ha hecho consciente de realidades de las que antes solo conocía estadísticas. Sabía que la violencia de género era un problema grave, pero ahora tiene nombre propio, se llama María, Laura...

Cuénteme un último encuentro.

Fue con un hombre sin hogar instalado por la zona. La policía intentó echarlo de malas maneras. Él decía que no podía marcharse porque unos fantasmas lo atacaban.

¿Qué hizo usted?

Le di un limpiacristales y le dije que era un líquido mágico contra los fantasmas. Pulverizó a su alrededor y se marchó. No hizo falta echarlo a empujones. Es verdad eso de que hablando se entiende la gente.

IS
Ima Sanchís
La Contra

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.