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La Contra Nº 12.488 · 30 julio 2026, 00:05
Kamila González
Kamila González, instrumentista quirúrgica:

“Sentí una presencia sentarse en mi cama”

Foto: LV

Tengo 33 años. Nací y vivo en Valparaíso, Chile, con mi mamá y mi abuelo. Soy instrumentista quirúrgica y estoy en el quinto año de odontología. Yo soy animalista y ambientalista y también me importa la justicia y la equidad. Lo que le estamos haciendo al planeta lo pagaremos caro. Soy católica.

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Actualizado hace 8 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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4 puntos clave Ver
  • 01Tenía 18 años, me fui de vacaciones al sur de Chile con mi abuela.
  • 02Allí, gracias a una tía, unas religiosas me invitaron a hacer un retiro y algo se despertó en mí.
  • 03¿Ingresó en un convento de clausura?
  • 04Me sentía plena y feliz, a pesar de que la clausura es una vida extraña.

Recibió la llamada de Dios.

Tenía 18 años, me fui de vacaciones al sur de Chile con mi abuela. Allí, gracias a una tía, unas religiosas me invitaron a hacer un retiro y algo se despertó en mí.

¿Ingresó en un convento de clausura?

Me sentía plena y feliz, a pesar de que la clausura es una vida extraña. Pero muy pronto las cosas empezaron a cambiar.

¿Qué pasó?

Las religiosas me presionaban: “Estás aquí porque Dios te ha llamado, si te vas se enfadará, y si formas una familia Dios te castigará con tus hijos”.

¿Conseguían asustarla?

Sí, porque yo era una niña. Y empezaron a pasar cosas paranormales. Al principio solo eran golpes en la puerta de mi celda por la noche. Estaba en un ala apartada del convento, por suerte en la habitación de al lado dormía la superiora, mi maestra.

¿No sería ella?

Los golpes me despertaban, abría la puerta y nunca había nadie. Pensé que lo imaginaba, hasta que una noche sentí que alguien se sentaba en mi cama y vi hundirse el colchón. Empecé a entrar en pánico.

¿Se lo contó a su maestra?

Me dijo que el demonio podía tentar a las personas que seguían el camino religioso, que debía ser fuerte.

¿La tranquilizó?

Todo lo contrario, ¿demonios...? Las cosas raras fueron aumentando: de día se movían cosas en mi celda. Aquello me superaba, me preguntaba si me estaba volviendo loca y la madre superiora habló con el obispo.

¿Solucionó algo?

El obispo envió un aceite exorcizado para que me untase con él, pero un día sentí que un perro se subió a mi cama y me gruñía. Le tiré agua bendita y salí corriendo.

Terrible.

Esa noche mi maestra durmió en el suelo de mi celda y ella también pudo escuchar la voz de un hombre que hablaba en un idioma extraño, ver sombras y oír risas.

¿Cómo la ayudaron?

Vivíamos en silencio, estaba totalmente sola y pensé que ni siquiera Dios estaba conmigo.

¿Era difícil el ambiente en el convento?

Te abrían las cartas, las que me enviaban mis amigas no me las entregaban, y escuchaban mis conversaciones telefónicas con la familia y no podía contarles nada.

¡Pero usted estaba traumatizada!

Fue a peor: me cambiaron de maestra, era muy mala conmigo. Me hacía limpiar los baños de todas y fregar el suelo de rodillas, me humillaba en todo momento.

¿Por qué cree que lo hacía?

Creía que el demonio que me atormentaba tenía que ver conmigo y con mi familia, me hizo sentir miedo de mi propia madre. Aquella monja quemó todas mis cosas y me dijo que no saldría jamás del convento.

Parece una película de terror.

Un día apareció un sacerdote exorcista, y concluyó que el convento estaba infectado de demonios.

¿Usted se lo creía?

Antes creía que el demonio y los exorcismos eran cosa de películas, pero cuando dio por concluida su limpieza ofreció una misa y nos impuso las manos a todas. Mi maestra cayó al suelo, se retorció, y empezó a hablar con aquella voz profunda que yo escuchaba.

Qué espanto.

Yo salí corriendo de la capilla y me encerré en mi habitación, solo hacía que llorar. Al día siguiente comenzó el exorcismo que debíamos presenciar todas juntas.

¿Cuánto duró?

Cinco días, y ya no he vuelto a dormir sin luz. Aquella mujer vomitaba, se retorcía, era como si sus articulaciones se quebraran. El demonio era muy soberbio, decía que él era el dueño del mundo.

¡Menudo trauma!

Hoy todavía se me cierra la garganta al contarlo y me tiemblan las manos. Aquel demonio dijo que eran legión.

¿Se puso bien la hermana?

Sí, y pretendían que siguiera siendo mi maestra. Por fin me dejaron llamar a casa. Mi padre antes de que ingresara me dijo que si me pasaba algo malo le preguntara por el tío Danilo y que vendría enseguida a por mí.

Listo su padre.

Le dijo a las monjas que estaba enfermo y me necesitaba, y ya nunca volví. Fueron 9 meses de infierno, aquello era oscuridad espiritual.

¿Necesitó terapia?

Sí. Pero lo que más me ayudó fue el amor de mi familia. No soportaba dormir sola.

¿Por qué decidió escribir un libro?

Para que eso que me pasó no fuera solo mío. Cuando conté mi historia en redes sociales me trataron de loca, pero con el libro muchas personas me han escrito y me han dicho que les ha ayudado, y eso acabó pesando mucho.

¿Lo vivido ha cambiado su fe?

Hoy sé que el demonio existe, pero también que el bien es más fuerte que el mal.

IS
Ima Sanchís
La Contra

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.