¿Cuándo aprendió a leer los cielos?
Observando a mi padre y a mi abuelo, pescadores artesanales. Empecé a salir con ellos a los cinco o seis años.
¿Ellos le enseñaron?
Hace sesenta años las previsiones eran muy deficientes. Los pescadores miraban directamente el cielo.
¿Qué veían?
La forma y la posición de las nubes, el color del cielo al atardecer, el oleaje... Una ceja, que es una nube estática sobre una montaña, podía anunciar qué viento soplaría.
¿El mar también habla?
Si llega mar de fondo sin viento, tarde o temprano llegará el viento. Los pescadores conocían muy bien esas señales.
¿Quería ser meteorólogo?
No quería ser nada en concreto y me interesaban muchas cosas. Me dediqué a la topografía. Trabajar por mi cuenta me permitió compaginarla con la meteorología.
Empezó a medir la lluvia con trece años.
Sí, con un bote de conservas y un tubo de aspirinas. Calculé la relación entre sus diámetros y dibujé una escala.
Ingenio no le faltaba.
Había que darle al cerebro. Después fabriqué un anemómetro con cucharones de sopa y unos engranajes.
¿Dónde colocó el aparato?
En lo alto de una montaña. Como quería conocer el viento desde casa, un amigo me construyó una emisora. Modifiqué una radio y por la noche un radiocasete me grababa el viento cada hora.
Y construyó un heliógrafo.
Sí. Una esfera de cristal concentra los rayos sobre una cartulina. Midiendo la marca sé cuántas horas de sol ha habido.
¿Y también mide las olas?
Nadé hasta la Roca d’en Boni con un pincel y un bote de pintura en la cabeza y marqué líneas para calcular la altura del oleaje. Y diseñé un mareógrafo que funciona desde 1990.
¿Cuándo pasó de afición a compromiso?
Desde enero de 1972 tengo una ficha diaria de observación.
¿Qué anota?
La presión, la temperatura, la humedad, el viento, la lluvia, el estado del mar y las especies que observo.
¿Ni siquiera la mili interrumpió la serie?
Enseñé a mi madre y a mi hermana a tomar los datos tres veces al día. Gracias a ellas no hay ninguna laguna.
¿Cuánto lleva midiendo la temperatura del mar?
52 años a diario. Salgo en barca y me adentro una milla más allá de las islas Medes.
¿Recuerda cuándo comprendió que aquello iba en serio?
Después de dos o tres años pensé que ya lo sabía todo y que podía dejarlo. Revisé los datos y vi que ningún año se repetía.
¿Cuantas más respuestas encuentra, más preguntas aparecen?
Exactamente. Intento descifrar algo y termino complicándome todavía más la vida.
¿Para qué sirven todos esos datos?
Los investigadores los utilizan en estudios climáticos y biológicos sobre medusas, gambas, especies marinas y cambio climático.
¿Le asusta lo que muestran?
Sí. Los océanos absorben gran parte del exceso de calor, pero su capacidad no es ilimitada.
¿Qué consecuencias tiene?
El Mediterráneo se está tropicalizando. Aparecen especies que antes eran propias de zonas más meridionales y aumentan los fenómenos meteorológicos violentos.
Lo que usted hace es sacrificado...
La curiosidad siempre ha podido más que el esfuerzo.
¿Nunca ha pensado: “Qué hago yo aquí”?
No. Cuando era pequeño apenas había turismo ni bibliotecas donde consultar lo que me intrigaba. Así que intentaba descubrirlo por mí mismo.
¿Sus amigos se iban a bailar mientras usted tomaba datos?
Solo he ido dos veces a una discoteca. Encendían y apagaban las luces, no vi una escalera, me caí y pensé: “Nunca más”. Prefiero el mar; tiene menos peligro.
¿No le da miedo?
Durante alguna tormenta, viendo caer rayos a cincuenta metros de la barca.
¿Nunca ha tenido pareja?
Nunca he tenido novia. Probablemente me habrían hecho escoger entre mis cosas y la relación. Y si un día no veo el mar, lo añoro.
¿No le cansa siempre el mismo paisaje?
Nunca. Cada mañana y cada tarde voy en bicicleta hasta el extremo del pueblo para observar el estado del mar. El escenario es siempre el mismo, pero la obra de teatro cambia cada día.
Después de más de medio siglo observándolo, ¿qué sigue sin entender?
Conocemos mejor la Luna que el fondo del mar. Para comprender adónde vamos, tenemos que saber de dónde venimos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.