¿Estamos en el mes de los divorcios?
Sí. Septiembre y octubre son meses fuertes. Las vacaciones son un espejo: pasamos mucho tiempo juntos, sin el refugio del trabajo, y vemos de frente la realidad de nuestra relación.
Cada vez nos divorciamos más.
El divorcio no es el problema, es el síntoma. La pregunta no es por qué nos divorciamos, sino desde dónde nos casamos. Muchas veces lo hacemos porque es lo que toca.
¿Cómo lo aborda una divorce planner ?
Desde lo emocional, lo legal y lo patrimonial. Primero nos divorciamos de lo que creímos que iba a ser nuestra vida y, desde ahí, intentamos evitar batallas judiciales.
¿Por qué son tan rabiosos los divorcios?
Porque llegamos tarde. Estiramos tanto la relación que cuando tomamos la decisión estamos quemados. A veces esperamos a que haya una infidelidad para irnos sintiéndonos víctimas y no culpables.
Y empieza la batalla.
Sí, pero en un divorcio nadie gana: o ganamos todos o perdemos todos. Y cuando hay hijos, utilizarlos para hacer daño al otro me parece una aberración, por desgracia, muy común.
Usted también se divorció.
Llevábamos diez años juntos, cuatro casados, y hacía tiempo que sabía que quería divorciarme. Pero mis hijos tenían uno y dos años y yo estaba muerta de miedo: no quería equivocarme ni romper mi familia.
¿Y qué hizo?
Fui a un despacho y sentí que era un expediente más. No es una crítica: un abogado tramita un divorcio. Pero detrás de aquel expediente estaban mi familia y mis hijos, y yo quería saber qué iba a pasar después.
¿Culpaba a su marido?
Me colocaba como víctima. Necesitaba salir de ahí, así que me formé en mindfulness para entender qué estaba pasando.
¿Y qué entendió?
Que yo también era partícipe de una relación que no funcionaba. Quedarme en la rabia era como tomar veneno y esperar que se muriera él. Decidimos dejar de ser pareja y aprender a ser buenos padres.
¿El divorcio judicial no basta?
No. Una sentencia termina el matrimonio, pero no necesariamente el vínculo emocional. El verdadero divorcio llega cuando esa persona deja de gobernar tus emociones.
Cuénteme cómo trabaja usted.
Empiezo antes del divorcio. Trabajo durante unas semanas esa decisión, y después planificamos la parte legal y patrimonial. Si lo hacemos bien, muchas veces llegamos a un acuerdo sin necesidad de juicio.
¿Y ahí se acaba el asunto?
No. Si hay hijos, hay que aprender a relacionarse. Papá y mamá dejan de ser pareja, pero van a seguir siendo padres toda la vida.
¿Y cómo hay que relacionarse con el ex?
Hay que dejar de hablar de “mi ex” y hablar del padre o la madre de mis hijos. Parece una tontería, pero “mi ex” te devuelve constantemente a una historia que fracasó; como padres, siguen teniendo un objetivo común.
¿Atiende a más mujeres que a hombres?
Sí. Y ellas suelen tomar la iniciativa del divorcio. Muchas llegan con miedo a romper la familia, hacer daño a sus hijos o arrepentirse.
Demasiada culpa.
Y demasiada exigencia. Tenemos que trabajar, criar, estar disponibles, hacerlo todo bien... Muchas mujeres han convertido ese ideal de buena madre en su propia jaula.
¿Los hombres se resisten más?
Incluso en matrimonios que llevan años muertos, durmiendo en habitaciones separadas, se resisten a divorciarse. Creo que emocionalmente están más perdidos: me encuentro hombres que buscan en su pareja a alguien que haga funcionar la casa, casi una figura materna.
¿Las infidelidades causan divorcios?
Muchísimos. Pero en realidad no son la causa, sino la consecuencia de una relación que ya no funcionaba y de la que ninguno se atrevió a salir.
¿Cómo salir del sentimiento de fracaso?
Yo empiezo preguntando cómo era la relación entre sus padres y qué aprendió del amor en casa. Solemos repetir esos patrones, incluido lo que esperamos del amor.
Entonces, ¿el amor es prácticamente imposible?
Tal como lo planteamos socialmente, sí. Primero hay que aprender a estar bien con uno mismo y desde ahí decidir con quién quieres compartir tu vida, no buscar a alguien que llene tus vacíos.
Hay muchos hijos de divorciados.
Sí. Y muchos me dicen: “Ojalá mis padres se hubieran divorciado antes”. El “no me divorcio por mis hijos” es miedo y culpa. Los hijos aprenden de la relación que ven: mejor un buen divorcio que un mal matrimonio.
¿Qué ha aprendido tras tantos divorcios?
Que no hay que aguantar. Hay que amar, y cuando ya no podemos hacerlo, saber irnos antes de llegar al odio.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.