¿Me aconseja restaurante?
Antes le preguntaré: ¿qué día?, ¿para comer o cenar?, ¿con quién? ¡Hay restaurantes para todo!
¿Los prueba usted todos?
Los que puedo. Me apasiona la historia de la restauración y la alimentación: escribo.
¿Qué es lo último que ha escrito?
Un libro entero sobre Ramon Cabau.
Hay placa en la entrada de la Boqueria.
Ahí se suicidó, el 31 de marzo de 1987.
¿Cómo se suicidó?
Una píldora de cianuro. Pidió una vaso de agua. Agonizó en brazos de Llorenç Petràs, su amigo con parada de setas.
¿Por qué Cabau se dió ese final?
Llegó a la Boqueria temprano, como siempre, pulcro, elegante, dandi, con americana y su gran pajarita, luciendo espectacular bigote... La Boqueria era su escenario favorito, su gran teatro cotidiano...
¿Cabau era paradista?, ¿era cocinero?
Era restaurador, director de restaurante. Se proveía en el mercado de la Boqueria. Había fundado, en la calle d’Avinyó, el restaurante L’Agut d’Avinyó, su desafío.
¿A qué o a quién desafiaba?
A su suegro, Agustí Agut, dueño del restaurante L’Agut, en la cercana calle d’en Gignàs, también en el Barri Gòtic.
¿Por qué ese pique?
Ramon Cabau se había casado con Paquita, la hija de Agut. Hubo tiranteces. Cabau tenía claro cómo debía ser un restaurante.
Y fundó el suyo. ¿Con éxito?
”En Barcelona se come bien gracias a Cabau”, escribiría Manuel Vázquez Montalbán, que convirtió a Cabau en personaje de sus novelas de Carvalho, que disfruta comiendo a veces en L’Agut d’Avinyó.
¿Cuál fue el gran talento de Cabau?
Entendió que un restaurante es un surtido de platos con productos cercanos de calidad bien elegidos y elaborados, y algo más: una atmósfera, un espacio de encuentros y convivencia, confidencias y amistad. ¡Y todo eso lo bordó!
¿Su aspecto era parte de la atmósfera?
Claro, él se concebía como personaje de esa gran ópera que es un restaurante y todo lo que le rodea, en su visión.
¿Cuál fue el cenit de su éxito?
Cerraban tratos en sus mesas políticos prominentes, artistas, negociantes, empresarios... Y Cabau hacía favores y lo sabía todo: era muy influyente.
¿En qué años fue eso?
Fundó L’Agut d’Avinyó el 29 de mayo de 1962: destacó haciendo sentir importante a su clientela. Con la democracia creció el cenáculo político, cultural...
¿Dónde se había formado Cabau?
Cabau era listo, observador y estudioso. Nacido en Bell-lloc d’Urgell y, deshecha su familia por la Guerra Civil, recaló de niño en casa de una tía de Barcelona, que le crió en la calle Ferran. En el barrio tenían una farmacia, que Cabau regentaría tras licenciarse como farmacéutico.
¡De farmacéutico a restaurador!
Sí. Cerca de la farmacia estaba L’Agut, y allí comía Ramon Cabau cada día... y así entró en la familia Agut.
¿Y la farmacia, qué?
La vendió. Para financiar su nuevo restaurante y centrarse como maître. “¡Tendré el mejor restaurante de Barcelona!”, insistía. ¡Quería hacerlo todo! También estudió Derecho para ser abogado del Estado... Y sufrió una crisis mental, estuvo en un frenopático. Padecía altibajos.
¿Eso explicaría su final?
Se sabía poco de la bipolaridad. Sus síntomas cuadran. Y su autoexigencia y sus desavenencias conyugales por sus devaneos... Pero había registrado la propiedad de L’Agut d’Avinyó para Paquita.
Su esposa. ¡Ay!
Cabau se levantaba antes del alba cada mañana y compraba todo en la Boqueria para el restaurante. Eso era toda su vida entera, palpar y oler el producto...
Y quizá temió perder su juguete.
Ramon Cabau planificó su muerte para quedar en la retina de los barceloneses por siempre.
Bien estamos hablando de él.
Repartió flores entre las paradistas antes de ingerir el cianuro, en medio de la Boquería.
¡Operístico!
Cabau merece el reconocimiento de los barceloneses. Y de los amantes de la cocina de mercado. ¡Y de la más rica cocina catalana! Adoraba decir, en su restaurante “¡ya no me queda nada!”, lo que equivalía a que los clientes se habían comido todo.
¿Qué piropo elegiría para Cabau?
Dijo el comandante Cousteau: “Volvería a cruzar lo siete mares para comer aquí”.
Comamos algo a su salud.
Una flor de calabacín, pollo con gambas, oca con peras o langostinos al alioli gratinados. Ah, y sorbete de violetas.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.