Al lado de la cripta de la Colònia Güell, patrimonio de la humanidad reconocido por la Unesco obra de Antoni Gaudí, hay algunos edificios considerados bien cultural de interés nacional que llevan lustros degradándose. Forman parte del recinto fabril que Eusebi Güell creó en el año 1890 en Santa Coloma de Cervelló. Tras algunos intentos frustrados, ahora arranca otro proyecto para mejorar dicho espacio tras el cierre de la fábrica en 1973. Es una vuelta a empezar, pero con la experiencia de las otras tentativas. Además, la iniciativa va vinculada al crecimiento de la pequeña localidad del Baix Llobregat.
Toda la colonia está catalogada y protegida. Rezuma inspiración gaudiniana, ya sea de forma directa, como en el caso de la iglesia inacabada, o por obra de personas de su equipo como Francesc Berenguer o Joan Rubió.
Donde vivían los antiguos trabajadores, ahora conviven unos 800 vecinos, la cripta luce a ritmo de 19.746 visitantes en el primer trimestre de este año y en el recinto industrial coexisten distintas realidades: empresas punteras en edificios restaurados, negocios más humildes que tiran adelante y enclaves abandonados que se caen a pedazos. Unas gallinas se sorprenden al escuchar el clic de la cámara fotográfica en los antiguos telares sin uso, indicio de que puede existir una ocupación ilegal, como ya ha pasado en otras ocasiones en la colonia.
Según el presidente del Centre d’Estudis Santa Coloma de Cervelló-Colònia Güell, Josep Padró, la rehabilitación del recinto industrial es una “necesidad durante muchos años encallada, tanto por el mantenimiento del patrimonio como por la viabilidad económica del recinto”.
En marcha un proceso participativo para definir el futuro del histórico recinto industrial
El padre, el abuelo y el bisabuelo de Padró, autor de libros sobre la Colònia Güell, trabajaron allí. Al ser preguntado por algún elemento de especial valor que debe rehabilitarse cita la torre Salvana y, en el interior de fábrica, no duda en responder que los estandatges. Esta es la palabra que utilizaban los empleados para referirse a los edificios que servían para secar las telas, con una celosía de ladrillo visto estratégicamente colocada para aprovechar el viento.
El alcalde de Santa Coloma de Cervelló, Jordi Bartolomé, asume que lo que está pasando en el recinto industrial es “una pena y cada año que no se actúe será peor”. Por eso apremia a llevar a cabo el proyecto. Al mismo tiempo, se muestra esperanzado en que este intento sea el bueno. Su ambición es conservar el patrimonio y crear actividad económica.
En su momento, todo acabó en los tribunales. Más adelante, en el 2019, se comenzó a tejer un plan director urbanístico (PDU) para unir el planeamiento del recinto industrial con otros del entorno de la colonia. Pero el consorcio formado por el Incasòl de la Generalitat y los ayuntamientos de Santa Coloma de Cervelló y Sant Boi de Llobregat se vio obligado a retirarlo al ver que otras iniciativas similares fueron tumbadas en los juzgados por un tema de competencias.
Así pues, se apostó por volver a dividir el espacio empleando modificaciones del plan general metropolitano (PGM), aunque manteniendo la visión conjunta de todo el espacio.
El primero en iniciarse es el del recinto industrial de la Colònia Güell. En marcha está un proceso participativo, del que ya se han llevado a cabo varias reuniones. “Este proceso recoge el bagaje de la diagnosis anterior”, señalan fuentes del Incasòl.
Los empresarios quieren más cultura, pero con seguridad y aparcamiento para sus negocios
El presidente de la Associació de Propietaris i Industrials del Recinte Industrial de la Colònia Güell, Josep María Martínez, vive este proceso “como un tren que pasa y se tiene que aprovechar”. Él es el consejero delegado de Bella Aurora Labs, multinacional puntera en el ámbito de la dermocosmética con sede en el edificio Filatures de la colonia. Dicho enclave se restauró en el 2004 con tal delicadeza que el arquitecto Oscar Tusquets ganó un premio Bonaplata. El inmueble muestra el potencial del ámbito.
“Cualquier transformación trabaja sobre una materia prima irrepetible”, considera Martínez. El recinto industrial tiene 59 propietarios, 52 de los cuales socios de la asociación dirigida por Martínez, que se ocupa del mantenimiento del día a día en temas como la limpieza, la seguridad y el asfaltado.
El presidente demanda pragmatismo: “Hay que revalorizar el patrimonio histórico y cultural, que es lo que hace único a este espacio, y al mismo tiempo garantizar que la actividad económica pueda continuar”. Hay un avance de la modificación del planeamiento, pero el proyecto definitivo se está acabando de definir.
Martínez recuerda que la inversión económica, todavía por cuantificar con exactitud, correrá a cargo de los propietarios. Por eso, reivindica que los empresarios deben ser los “principales” interlocutores del proceso de participación, sin ser los únicos.
Al directivo de Bella Aurora Labs le gustaría estar acompañado de más empresas emergentes, fundaciones de arte, artesanos y cuidar el turismo de calidad que la colonia y la cripta atraen. Pero también hay necesidades más prosaicas: “Aparcamiento, movilidad y seguridad”. En este último punto, reivindica la conservación del muro del recinto.
Santa Coloma de Cervelló quiere reducir y reubicar los pisos del plan
Según Martínez, la relación con el Ayuntamiento y el Incasòl es buena y valora positivamente la incorporación del organismo de la Generalitat al proyecto del recinto industrial. “Su entrada como propietario es clave porque permite aportar más techo de oficinas y diluir el coste”, considera.
El recinto industrial es el primer paso de la reorganización de todo el entorno de la colonia, después llegarán otros. Uno es un proyecto que, en su momento, planteaba 1.350 pisos al lado, en lo que ahora es un terreno natural habitualmente empleado por runners y ciclistas y que es un corredor natural entre el río Llobregat, Collserola y las sierras del Garraf y el Ordal. “Vamos a mantener la anilla verde”, asegura el alcalde. Bartolomé coloca un gran mapa de Santa Coloma de Cervelló en la mesa de su despacho y marca dos zonas en las que sí vería bien construir para tener un “crecimiento más compacto” en relación al núcleo urbano.
Bartolomé remarca que “se tiene que construir, pero mucho menos que 1.350 pisos”. Asume que su municipio tiene necesidades de vivienda y se abre a ser “solidario con la realidad metropolitana, pero siempre con sentido”. “No sabemos como se concreta el plan de 50.000 pisos de Salvador Illa, pero queremos seguir siendo un pueblo”, sentencia el alcalde. Ahora tienen 8.275 habitantes.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.