Un ramo de flores, varios cirios encendidos, un par de latas de cerveza y algunos cartones de vino blanco barato se amontonaban este martes formando un altar improvisado frente al número 90 de la calle Bòbiles de l’Hospitalet de Llobregat, muy cerca de la confluencia con la calle Pedraforca. Justo en ese punto, el lunes por la noche murió apuñalado un hombre. Y allí mismo, los Mossos d’Esquadra detuvieron al presunto asesino. En el transcurso de la pelea acabó herida una tercera persona, que fue trasladada a un hospital.
Víctima y sospechoso se conocían. Ambos tenían antecedentes policiales y el grupo de homicidios de la policía catalana de la región policial metropolitana sur trató de que alguno de los allegados o testigos avanzara algún dato sobre las diferencias que tenían esos dos hombres para que acabaran a navajazos.
Ante el altar, los congregados reclamaban respeto, mientras recordaban al amigo asesinado. Entre sollozos, uno de los allegados recordó que Carlitos, que es como le conocían en el barrio, debía tener unos 40 años y llegó a l’Hospitalet de Llobregat a trabajar desde su Ecuador natal.
El lunes por la noche, algún vecino alertó al 112 de la pelea. En seguida aparecieron patrullas de los Mossos, de la Guardia Urbana y ambulancias del Sistema de Emergències Mèdiques (SEM). No se pudo hacer nada por la vida del hombre, que presentaba varias heridas de arma blanca, incompatibles con la vida.
Víctima y presunto homicida se conocían, por lo menos eso fue lo único que confirmaron los testigos que estaban cerca de la trifulca a cuchillazos.
Los investigadores sí que descartaron con rotundidad que el crimen esté vinculado con las bandas juveniles violentas o las pandillas latinas, que tienen en el municipio de l’Hospitalet de Llobregat uno de sus principales escenarios de actuación. Ni la víctima ni el detenido responden a ese perfil.
La segunda ciudad de Catalunya ha sufrido una grave crisis de inseguridad en los últimos tiempos, que desde no hace tanto están tratando de revertir los Mossos en colaboración con otros cuerpos.
Desde la jefatura de la policía se puso en marcha el plan Bastió, dirigido por el intendente Miquel Hueso, el segundo de la comisaría territorial, que ha logrado conseguir una cierta mejora en los últimos datos. Pero el hartazgo y la preocupación vecinal están muy arraigadas y costará revertir esa sensación de inseguridad.
“Ya no nos sorprenden estas cosas”, se resigna una comerciante del barrio de La Florida
“Ya no nos sorprenden estas cosas”, comenta con resignación la responsable de una tienda próxima al lugar del crimen. Lo afirma por la recurrencia de peleas e incidentes: “No es solo esta calle, es todo el barrio”.
La Florida es uno de los barrios con más densidad de población de Europa y se enclava en un ámbito conocido como el Samontà, la zona norte de l’Hospitalet. Además de la inseguridad, hay una carencia de servicios públicos vinculados a la sanidad, la educación y la vivienda, y una pobreza estructural que condiciona el día a día de los habitantes.
Son frecuentes los carteles de “cerrado” en las persianas bajadas de locales comerciales que han terminado reconvertidas en infraviviendas masificadas o, en el peor de los casos, narcolocales. “Se meten y hacen de todo. Trapicheos de drogas o con objetos robados”, confirma la comerciante. Otro plan policial, el Nautilus entre la Guàrdia Urbana, los Mossos y varios servicios municipales ha logrado cerrar una cuarentena de narcolocales en los últimos meses.
En el Samontà también hay un rico tejido asociativo que se enfrenta a esta situación y fomenta la convivencia. Líderes vecinales que exigen a las administraciones mejoras estructurales, que de momento no llegan.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.