Si el día de su investidura como alcalde le hubieran dicho a Jaume Collboni que sus tres primeros años de mandato iban a ser políticamente plácidos, no se lo habría creído. Sobre todo, por lo tensa que fue su elección con suspense hasta el último minuto. A pesar de haber quedado segundo en las elecciones, ese día Collboni desbancó al ganador y exalcalde Xavier Trias con una mayoría Frankenstein formada por BComú de Ada Colau y el PP de Daniel Sirera.
En aquel momento, había una corriente mayoritaria en Barcelona que quería un cambio en la alcaldía después de ocho años de gobierno de los comunes y Trias capitalizó buena parte de esa voluntad. Pero, por segunda vez consecutiva (la primera fue tras la victoria de Ernest Maragall al frente de ERC), una alianza de fuerzas antagónicas impidió que Barcelona tuviera un alcalde independentista y rompió una tradición barcelonesa de que el candidato más votado asumía la alcaldía. La reacción de Trias con su famoso “que us bombin” todavía resuena en el Saló de Cent del Ayuntamiento.
Poco después, Collboni se quedó sin sus principales rivales. Ernest Maragall, Xavier Trias y Ada Colau renunciaron a sus escaños y obligaron a sus partidos a construir nuevos liderazgos para las elecciones del 2027. Ahora falta solo un año y esas candidaturas están todavía muy tiernas. Este es el caso de Elisenda Alamany (ERC), que además es socia preferente del PSC en el Ayuntamiento, o de Gerardo Pisarello que vuelve al consistorio para liderar BComú. El PP repetirá cartel con Sirera.
La situación más llamativa es la de Junts que sigue sin designar a su alcaldable, aun siendo el grupo municipal mayoritario. Los postconvergentes hace meses que buscan sin éxito a su “mirlo blanco” para encabezar la lista de Barcelona y mantienen una pugna interna entre la voluntad del actual jefe municipal Jordi Martí de ser el candidato, tal como quería Xavier Trias, y la propuesta de la dirección del partido de aupar a Josep Rius a la candidatura.
Veremos qué sucede, pero en las filas de Junts se teme una debacle parecida a la que tuvo Ernest Maragall en las pasadas elecciones, cuando pasó de ser la lista más votada a perder la mitad de sus concejales y quedar cuartos. Es verdad que un año en política es mucho tiempo, pero todos los partidos saben que los liderazgos para las elecciones locales se cocinan a fuego lento y las improvisaciones acostumbran a salir mal.
El alcalde ha aplacado los sectores críticos que eran beligerantes con su exsocia Colau
Así que, con la oposición en construcción, Collboni tiene pista libre para revalidar el cargo. Mientras, sus principales objetivos son no cometer errores y comerle el máximo terreno a BComú. Los socialistas pueden pescar votos en las charcas de Junts o ERC, pero el mayor caladero del PSC está en el banco electoral de los comunes porque se disputan un espacio muy similar. El mensaje de Collboni al electorado de los comunes es que votarle a él será más útil porque tiene mayores posibilidades de ser alcalde y porque tampoco hace cosas muy distintas a los suyos. Prueba de esto es que algunos sectores de la ciudad acusan a Collboni de practicar políticas parecidas a las de la alcaldesa Colau, pero con un discurso más amistoso.
El alcalde ha sabido aplacar estos sectores críticos y ha pacificado el ruido que ejercían con la alcaldesa Colau. Su predisposición al diálogo y unas mínimas concesiones han apaciguado el ambiente que en la anterior legislatura era muy crispado. Dos ejemplos son el Gremi de Restauració o el lobby de los comerciantes que han enterrado el hacha de guerra en este mandato.
Jaume Collboni ha gobernado con la minoría más pequeña de la democracia en Barcelona. Ha aprobado todos sus presupuestos mediante la cuestión de confianza y solo ha logrado tejer una alianza con ERC que es insuficiente para alcanzar la mayoría en el plenario. A pesar de ello, los enormes conflictos políticos en España y bélicos en el mundo, han dejado en un tercer plano la política municipal que no ha tenido sobresaltos ni crisis inesperadas como sí sufrieron sus antecesores.
¿Y qué pasa con los problemas de la ciudad? Seguridad, vivienda e incivismo lideran el ranking, según las encuestas. Los dos primeros no dependen exclusivamente del Ayuntamiento y el tercero se aborda con una ordenanza acabada de aprobar y que ahora hay que hacerla cumplir. Sobre inseguridad se espera que la reforma de la ley acabe con la multirreincidencia y, junto con el refuerzo de los juzgados, se envíe un mensaje a los delincuentes que delinquir en Barcelona ha dejado de salir barato.
Collboni ha tenido un mandato políticamente plácido y sus rivales están en construcción
En el caso de la vivienda, el alcalde ha tomado el liderazgo público del discurso (mensaje a los comunes), aunque las medidas aplicadas hasta ahora no han dado el resultado esperado porque se presentaron erróneamente como la fórmula para bajar los precios y esto no ha sucedido, ni sucederá porque están diseñadas para reducir la velocidad de la subida de los alquileres. Este es el verdadero talón de Aquiles. Los pisos no se construyen de hoy para mañana y menos con el sinfín de trabas burocráticas. También pesa mucho en el mercado inmobiliario el fracaso de la medida del 30% en Barcelona que sigue vigente de forma incomprensible. Por tanto, el problema seguirá muy vivo dentro de 12 meses.
Las elecciones del año próximo dejarán un ayuntamiento con dos concejales más (pasarán de 41 a 43) debido al aumento de la población y con más partidos que complicarán la formación de mayorías. Pero Collboni cuenta con la ventaja que la ley municipal permite investir a la lista más votada y da plenos poderes al alcalde para que haga funcionar la ciudad, como hemos visto en los últimos tres años.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.