En la librería Rafael Solaz, en la calle Sant Ferran de València, encuentro un ejemplar de Los crustáceos de la colección Libros de la naturaleza de Espasa Calpe, que fue muy popular en los años treinta. Me lo quedo, porque tiene una cubierta preciosa del dibujante Lluís Bagaria y porque es la edición de 1937. Bagaria dibujó un fondo de mar verdoso con una lagosta, percebes, un cangrejo y, como elemento detonante, una gamba roja.
En febrero de 1937 se produjo la batalla del Jarama. En marzo, la batalla de Guadalajara. Y en medio de toda aquella desgracia, La Papelera Española fabricó especialmente un papel bueno (o aprovechó unas resmas que tenía) para imprimir un libro que no era una novedad: se editó por vez primera en 1930. ¿Cómo debía leer la gente del 1937 Los crustáceos ? Cuando ses publicó por primera vez, en tiempo de paz, hablar de la calidad gastronómica de la langosta o del cangrejo de río no tenía nada de especial. Pero desde noviembre de 1936, novecientos ochenta edificios de Madrid habían sido tocados por las bombas, que habían provocado miles de muestros y heridos. Para los que podían comprarlo o leerlo debía ser una manera de escapar de la realidad de la guerra.
Es un libro muy bien escrito, con escenas formidables. Cuando explica que los crustáceos son especialmente abundantes en aguas frías y que los naturalistas que han trabajado en el ártico saben que para limpiar el esqueleto de oso o de una foca el procedimiento más simple es colgar la bestia a un lado del barco y dejarlo allí unos días para que las pulgas de mar (Talitrus saltator ) devoren las partes blandas. O cuando habla del cangrejo de los cocoteros (Birgus latro ), que sube a las palmeras, tira los cocos y, una vez en el suelo, los golpea con las pinzas, abre un agujero, mete las patas y los revienta. Con las fibras de coco se arregla el nido, y a veces utiliza la cáscara vacía para proteger el abdomen, como un ermitaño. Provoca vértigo imaginar a un lector leyendo estas maravillas de los crustáceos mientras en Madrid las bombas hunden casas y matan gente.
Es la edición de 1937 y tiene una cubierta preciosa del dibujante Luis Bagaría
Mi ejemplar lleva el sello del naturalista Augusto Riera Reig, con la fecha del 26 de octubre de 1939. València cayó el 30 de marzo. En aquellos meses de 1939, tras la victoria de Franco, los ejemplares de la edición republicana de Los crustáceos , debieron circular de nuevo. Espasa-Calpe sacaba muchas ediciones de sus Libros de la naturaleza. En 1941 lo volvieron a imprimir. Pero el autor, Cándido Bolívar y Pieltain -que fue ministro de Azaña- estaba en el exilio en México.
En los años de la guerra, Bagaria había publicado en La Vanguardia unas caricaturas de Franco que sugerían su homosexualidad. Era un nombre prohibidísimo. En la edición de 1941 borraron el nombre de Bagaria de la cubierta y cambiaron el autor: la bióloga marina Josefa Martí Tortajada firmó el libro de Bolívar y Pieltain. Y así volvió a editarse en 1960. Una tarde instructiva y bien aprovechada.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.