Helio Piñón y Albert Vilaplana, los arquitectos que diseñaron la controvertida, durísima y galardonada plaza Països Catalans a comienzos de los años ochenta del siglo pasado, decidieron darle a un enclave urbano dominado por el hormigón y el acero “un toque humano”... o, mejor dicho, felino. Plantaron sobre una de las cubiertas de esta nueva centralidad barcelonesa la escultura de un gato metálico, de tamaño natural, al que dieron categoría de “primer usuario” de ese espacio. El solitario animal ha permanecido en el tejado durante más de 40 años hasta que, a mediados del pasado mes de diciembre, alguien advirtió de su desaparición coincidiendo con las obras que se llevan a cabo en el entorno de la estación ferroviaria de Sants.
Al advertir el extravío –nunca explicado– del segundo minino no animado más famoso de la ciudad, solo superado por el voluminoso gato de Botero de la Rambla del Raval, el Ayuntamiento de Barcelona se apresuró a anunciar la próxima instalación de una réplica para llenar el vació dejado en la pérgola. Ahora se ha sabido que la reposición no se hará esperar demasiado, la mejor receta contra el olvido. Se hará antes de que acabe el año cuando se ejecute el contrato menor para la fabricación y colocación del joven gato sobre el porche de la plaza Països Catalans que ya se está licitando. La intervención le costará en total al Ayuntamiento unos 6.300 euros.,IVA incluido.
La figura de acero del minino formaba parte del selecto grupo de pequeños paisajes urbanos de Barcelona
La memoria del proyecto de reposición del gato argumenta la necesidad de su fabricación y suministro como “parte fundamental del proceso de humanización del espacio público, por su contribución a la identidad y el carácter del lugar”. “El gato metálico –añade la justificación del proyecto– constituye un icono reconocible de la ciudad, capaz de reforzar el vínculo entre la ciudadanía y este ámbito urbano en transformación”.
El segundo gato de la plaza Països Catalans saldrá de taller listo para su instalación. Estará hecho de chapa de acero tipo corten (con una composición química especial que le permite desarrollar una capa superficial de óxido estable y protectora), respetando el diseño de la pieza original, garantizando la resistencia mecánica, la estabilidad y la durabilidad ante unas condiciones ambientales cada vez más adversas.
El gato de la plaza Països Catalans forma parte del entrañable catálogo de Petits Paisatges Urbans, una distinción del Institut Municipal del Paisatge Urbà a objetos y detalles que evocan a los barceloneses de otras épocas y que pueden considerarse simbólicos o emblemáticos. El objetivo de este inventario de algo más de medio centenar de pequeños objetos es protegerlos, devolverles la apariencia original y, en definitiva, mantenerlos vivos en la memoria colectiva de los barceloneses. La lista de pequeños paisajes es variopinta. Junto al gato que hasta hace unos meses vigilaba la estación de Sants figuran desde el mascarón de proa con la figura infantil que da nombre al mercado del Ninot hasta el agujero del torno de los huérfanos de la Casa de la Misericòrdia pasando por las cicatrices de la metralla de la fachada de la iglesia de Sant Felio Neri. Recientemente, el Ayuntamiento anunció su intención de incluir en este catálogo la espectacular buganvilla que decora la esquina de la Rambla Catalunya con la calle Còrsega.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.